Alfabetización científica

Este artículo tiene 10 años de antigüedad
Imagen sin descripción

Ante la avalancha de datos sobre el calentamiento global, la comunicación satelital y los alimentos transgénicos, la alfabetización científica viene a echar un poco de luz para saber qué y cómo nos afectan esas informaciones.

Vivimos en un mundo en el cual sobran datos científicos, pero, a la vez, faltan las herramientas conceptuales para procesarlos e interpretarlos. No se trata, entonces, de atiborrarse de la mayor cantidad posible de información —muchas veces, ininteligible y alejada de la realidad—, sino de desarrollar una batería de herramientas esenciales para comprender y analizar los sucesos cotidianos, para formarse un criterio, y tomar decisiones conscientes y responsables a partir de esa comprensión.

En este contexto, uno de los propulsores de la alfabetización científica, el profesor Alberto Mansilla, fundador y primer director del Observatorio Astronómico Ampimpa, en Tucumán, Argentina, vino a nuestro país con el objetivo de ofrecer charlas sobre la implementación del sistema de la alfabetización científica en el Paraguay, principalmente, y temas generales de educación con los educadores del Centro para el Desarrollo de la Inteligencia (CDI) y los representantes de Juntos por la Educación.

“La alfabetización científica es una corriente de pensamiento educativo mundial que viene a tratar de poner algún remedio al problema de concentración de conocimiento que existe actualmente a nivel global. Vivimos en un mundo, según las Naciones Unidas, en el cual hay gente que cada vez sabe menos y menos gente que sabe más”, explica.

Cada vez que esa concentración de conocimiento estuvo en poder de poca gente, a la humanidad no le fue muy bien. Entonces, surge esta corriente internacional de alfabetizar científicamente, que consiste, básicamente, en una visión de la enseñanza de las ciencias en general, accesible a la mayoría de los ciudadanos.

Hoy, la información científico-tecnológica nos bombardea; por ejemplo, las cuestiones ambientales nos tocan cada vez más de cerca. En diciembre de 2015 se celebró la cumbre de París sobre el medioambiente y es muy poco el conocimiento del ciudadano común acerca de estos temas que van a afectar su vida en lo inmediato. “Somos una generación que se ve afectada por el cambio climático y los que tenemos que hacer algo para resolverlo. Por ello es importante que todos los ciudadanos, no solamente aquellos que en el futuro van a seguir carreras relacionadas con la ciencias naturales, exactas o en general, tengan una base”.

Una de las estrategias más importantes es la conexión más directa entre ciencia y sociedad. No centrar la enseñanza de las ciencias solamente en el proceso, sino también estudiar el impacto que el conocimiento científico a lo largo de la historia ha tenido sobre el desarrollo de la humanidad. Para que no sea un fenómeno aislado, sino para que los chicos puedan aprender y entender cuál es la íntima relación entre el avance, el progreso social y los descubrimientos científicos. “Esa es una de las claves. Por ahí, muchas veces, la enseñanza de las ciencias se enfoca en la simple formulación matemática o resolver los problemas, y se olvida que en su esencia hay una cuestión que tiene que ver con sociedad, cultura, época, contexto”.

Básicamente, se centra en eso y requiere de docentes especialmente capacitados, con una mirada más amplia de su disciplina para poder abordar estas cuestiones. En ese sentido, la formación de estos se debe abordar desde dos ángulos: los institutos tienen que revisar su currículo y sus metodologías. “Esto es para los futuros docentes, que son gente joven y más afines a las nuevas tecnologías. En cuanto a los que están en ejercicio, no hay una receta mágica: cada uno tiene que tener en cuenta lo que dicen los expertos en educación, la posición de los niños —que requieren también debidamente ser atendidos—, la currícula institucional”. La sugerencia, entonces, es que el docente profesionalmente metabolice toda esta información y tome una posición profesional en busca de soluciones. Porque estas dependen de cada institución, región, país. “Lo que menos pretendemos es traer una receta mágica, porque muchas veces ya se intentó con todo absolutamente programado y estructurado, pero, generalmente, ha fracasado”.

La idea es que el docente sienta confianza en sí mismo, porque se va a tener que sentar a estudiar para actualizarse en su disciplina. Pero es una decisión personal, un dilema que tendrá que resolver: evolucionar y enfrentar el desafío o seguir con la antigua, pero más cómoda, estrategia de enseñanza.

Estas nuevas ideas de alfabetización científica no solo van a beneficiar a las materias estrictamente científicas, porque son bastante aplicables a todas las áreas del conocimiento; especialmente, aquellas con una visión más amplia del hombre y su entorno, contexto cultural, economía. “El objetivo es darle herramientas al ciudadano para que pueda manejar las publicaciones científicas por región y tener el contexto formativo, educativo, para analizarlas desde un punto de vista objetivo”.

Mansilla asegura que hay que centrarse en las escuelas y el mundo laboral, puesto que significa un cambio de paradigma en el mundo dejar de enfocarse en enseñar a formar futuros técnicos y científicos, con lo cual solo se impacta en una pequeña parte de la población. “Hay que comenzar a trabajar con todos los alumnos, no solamente con aquellos que ya tienen una inclinación por la ciencia”. En el observatorio ya tienen experiencia con este método y los efectos son concluyentes: con la didáctica adecuada y, principalmente, utilizando las tecnologías afines, los resultados son excelentes. “No se puede seguir enseñando a chicos del siglo XXI con metodología del siglo XIX”.

El observatorio

Los campamentos científicos en el Observatorio Astronómico Ampimpa, en Tucumán, Argentina, se realizan todo el año, de marzo a noviembre, en coincidencia con el ciclo lectivo, con el objetivo de recuperar el rol que tienen las instituciones en los viajes de estudio. El observatorio, desde hace 30 años, ha implementado que la única forma en la que los chicos accedan a nuestro campamento sea a través de una institución educativa; por eso, solamente se hace en el periodo de actividad escolar. En el CDI, generalmente, van en el 2.º cuatrimestre del año. Se quedan cuatro o cinco días. No es la única institución, pero es la que va desde hace años.

Los campamentos tienen un costo y, generalmente, se planifica el año anterior, especialmente en desplazamiento y transporte. La idea es que no haya más confort que la de un campamento. Los chicos se entusiasman mucho. “El último día solemos lanzar los cohetes de combustible sólido que los chicos diseñan, calculan y construyen, que han llegado a 500 u 800 m de altura. Son vuelos experimentales. Es un campamento multidisciplinario, equipado con todo lo adecuado para los requerimientos. Los chicos pueden elegir los talleres: astronomía, astrofotografía, robótica, y se realizan con profesionales universitarios de nuestro equipo”.

mpalacios@abc.com.py

Fotos Gentileza.