“Bailar me libera”

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Danza. Se llama Tania Peralta y despliega nuestra cultura a través de la danza en el Japón. Para ella, el cuerpo está hecho para moverse y no se aleja de su sueño, que es difundir nuestras costumbres, “así ven lo bello que tiene nuestro querido Paraguay”.

Tania tiene fresco en sus recuerdos aquellos primeros pasos que dio en el mundo de la danza. “Fue con la profesora Patricia Cabrera”, cuenta con una amplia sonrisa. “También estuve en el Instituto Municipal de Arte de San Lorenzo, con Stella Saldívar y Nancy Cristaldo, mis profesoras de danza paraguaya, además de Pedro Acosta con quien aprendí danza clásica”, añade.

Siempre demostró buenas condiciones para el baile. Para ella, es un reto subir a un escenario y sacar lo mejor de sí. “Desde muy chica, me gustó la danza; soñaba con ser una bailarina de renombre, admirada y valorada. Quería ser la mejor del mundo”, expresa sin dejar de sonreír.

A través de las palabras de su madre, cuenta que ya a los un año bailaba viendo el programa de la brasileña Xuxa. “Dice que la gente me preguntaba mi nombre y yo contestaba que me llamaba Xuxa”.

Paralelamente al baile, le gusta la carrera de Periodismo. Se inscribió en la facultad, pero no pudo concluirla por los múltiples compromisos con el baile. “Es algo pendiente que espero poder cumplir y ejercer”, afirma.

Su primera presentación “oficial” fue en el 2000. “Tenía 10 años”, confiesa. “Fui al programa de televisión Tatetito, emitido por canal 13, en el espacio de talentos de baile de danza paraguaya con botellas. En ese entonces, alzaba tres. Fueron momentos muy emotivos, porque toda mi familia y amigos me acompañaron y exhibieron carteles de apoyo. Fue la gloria para mí, porque siempre quise estar en la televisión; era mi sueño desde niña, así que fue mágico”, exclama.

También aflora a su mente sus clases con la profesora Alfonsina. “Me enseñó a equilibrar la botella sobre la cabeza. Recuerdo que éramos un grupo de la escuela que iba a los teatros a bailar. Teníamos días de ensayos, pero en medio de los descansos no me quedaba quieta; tomaba una botella y volvía a practicar. Era inquieta, pero muy dedicada y responsable a la hora del baile”, admite.

No tiene dudas de que bailar es lo suyo. “Recuerdo que se aproximaba mi cumpleaños y le dije a mi mamá que no quería festejos, sino que me regalase la inscripción a una academia y así sucedió. Mis hermanos me regalaron el uniforme, y mis padres pagaron la matrícula y la cuota. Desde ese día no paro de bailar”, rememora orgullosa.

Una de las más bellas experiencias fue cuando clasificó para el programa Rojo. “Fue un gran logro. En lo que duró, aprendí varios estilos de danza con grandes referentes nacionales, a quienes respeto y admiro, como las profesoras Laura Carles, Natalia Valdez, Eliana Rodas y Lenys Paredes. Realmente, fueron momentos que marcaron mi vida como bailarina”.

Su baile es alegre y contagiante. “Cuando tengo una actuación, solo importa quedar bien ante el público. Siento que tengo una comunicación fluida con ellos, pues nuestra polca es muy kyre’ỹ, levanta el ánimo, entusiasma, hace que el público deje sus sillas y se ponga a bailar; eso, para mí, es muy motivador. Aflora toda mi gracia y alegría. Esta actitud se acentúa cuando estoy fuera del país”.

Actualmente, reside en Japón. “Las circunstancias de la vida me llevaron lejos”, dice entre risas. “Me casé con un descendiente japonés, Hireki Ayato, así que el amor me llevó por el continente asiático. Allá demuestro lo que sé hacer: bailar. Es un orgullo y una inmensa alegría tener la posibilidad de mostrar y difundir nuestra cultura y costumbres”.

- Habrá sido todo un reto viajar.

-Sí, porque dejé a mi familia, país, amigos, mascotas, carrera universitaria… Fue muy difícil desprenderme de mi familia, porque soy la menor de mis hermanos y la más mimada. Encima viajar bien lejos, adaptarme a otras costumbres, como la comida, idioma o clima, me llevó un año más o menos habituarme. Ahora me desenvuelvo como una más, ya me comunico, como y relaciono.

-Cuando te reconocen afuera, ¿cuesta volver?

- Realmente es difícil. Soy muy conocida en Japón gracias a nuestra danza. Los japoneses se emocionan al ver cuando mi esposo me ayuda a colocar las botellas una a una sobre la cabeza; gritan y aplauden. Tengo que concentrarme en mi baile, porque también me emociono al verles, y quiero gritar y saltar con ellos. Mi reconocimiento en Japón también le debo al evento de belleza en el cual participé en el 2013, en la categoría Miss Latina Japón, en la que fui electa reina.

-La vida en Japón, ¿te dio alguna inspiración para tu danza?

-Sí, me inspiró, porque estando a miles de kilómetros de mi tierra decidí transmitirles y enseñarles nuestra cultura, además de nuestras costumbres y comidas, a tal punto que llegué a organizar el tradicional San Juan, un 23 de junio, y quedaron maravillados.

-¿Cuál sería para vos un ejemplo de expresión japonesa?

-El saludo de inclinar la cabeza ante los ancianos y la gente mayor; el respeto hacia la otra persona, como sacarse los zapatos para entrar a la casa, sentarse en el suelo y comer con palitos el arroz en vez de utilizar el tenedor y tomar té caliente después de las comidas.

-¿Cuáles dirías que hoy son tus retos profesionales?

-Seguir apuntalando, potenciando a las niñas que tengo a mi cargo como profesora. Son de diferentes nacionalidades, pero me acompañan a mis eventos. Y bueno, mi desafío es lograr que sean reconocidas a nivel internacional. En este punto, quiero agradecer a la Embajada del Paraguay en Japón por el apoyo constante y, también, al arpista Enrique Carrera y a Arisa Matsuki, ambos compañeros de labor.

-¿Por qué recomendarías hacer danza?

-Bailar te libera y pone en forma. Además, te permite comunicar y expresarte. A la gente le gusta bailar. Después de todo, el cuerpo está hecho para moverse, aprender técnicas distintas, mejorar físicamente y ponerse a prueba en otras áreas. La gente pasa bien bailando y más cuando se trata de nuestra danza, que, como dije, es kyre’ỹ.

-Por último, ¿qué planes tenés para el futuro?

-Seguir bailando y mejorando cada día más en el arte, que es mi pasión; además de luchar por el sueño mayor que siempre llevo, lo cual es difundir nuestra cultura, pues, de ese modo, ven lo bello que tiene nuestro querido Paraguay.

Por Nancy Duré Cáceres ndure@abc.com.py • Fotos ABC Color/Gustavo Báez.