“El término ‘salsa’ se le dio en la década de los años 70, del pasado siglo, con la intención de generalizar y englobar a varios géneros que se reconocían por sus ritmos de manera individual”, afirma el veterano músico puertorriqueño Bobby Valentín, en entrevista con EFE. Con casi 50 años de trayectoria musical, Valentín es uno de los bajistas más destacados en la historia de la salsa, un género que —según explica— nace de una mezcla de ritmos cubanos, como la guaracha, el mambo, la pachanga, la guajira, el guaguancó y el chachachá.
Algunos historiadores aseguran que la denominación surgió en los barrios de Nueva York hace más de 60 años, gracias a jóvenes músicos latinoamericanos que emigraron a EE. UU. y comenzaron a comercializar una nueva forma de hacer música afroantillana. Sin embargo, una de las teorías más extendidas es que quienes inventaron el término “salsa” para designar a este ritmo fueron el músico dominicano Johnny Pacheco y el empresario de origen judío-italiano Jerry Masucci, quienes lo impulsaron coincidiendo con la creación de la marca Fania Records, para comercializar esta música que se estaba escuchando en las calles de la ciudad de los rascacielos.
Otra hipótesis —también muy generalizada— es la que le atribuye la invención a Richie Ray, quien en una entrevista en Venezuela con el fenecido periodista Phidias Danilo Escalona, en 1968, se refirió a esa música como “salsa”.
El primer disco lanzado por el sello Fania fue El cañonazo, una producción de Pacheco que data de 1964 y tuvo al frente a quien luego fue su cantante principal por muchos años: el puertorriqueño Pete “El Conde” Rodríguez.
Sin embargo, según explica a EFE el historiador boricua Hiram Guadalupe Pérez, “antes de esa producción ya habían surgido canciones con sonidos y rítmicas de la vertiente salsera, aunque sin que nadie aún las encasillara en un mismo género”.
“La salsa es un movimiento híbrido que tiene componentes tanto de la música cubana como puertorriqueña y se funden en una nueva expresión sonora. El tema del origen de la salsa, medio siglo después, continúa siendo una constante en el debate entre músicos y melómanos”, opina Guadalupe Pérez.
Guadalupe, autor del libro Historia de la salsa (2005), recalca que en los inicios de la salsa “lo que hubo fue una rítmica con muchas tendencias, que cada músico adoptó a su manera y con las que fueron formando sus identidades sonoras”.
“Estrellas de la Fania” es considerada por muchos seguidores del género como la máxima orquesta de salsa en la historia, ya que por ella pasaron los principales integrantes del sello Fania.
Esa agrupación, además, rompió los esquemas y fronteras musicales latinoamericanas cuando, en 1974, se presentó ante 80.000 espectadores en el estadio Statu Hai en Kinshasa (Zaire) con una presentación que luego se incluyó en la película Live in África.
“Yo siempre he entendido a las Estrellas de la Fania como un grupo legendario, al igual que Los Beatles o Los Rolling Stones. Sin duda alguna, Estrellas ha sido la agrupación más grande de la salsa”, destaca Valentín.
Añade que la legendaria orquesta no se destacó solo por su música y sus integrantes, sino también porque cada uno de sus miembros lucía una vestimenta bastante llamativa y eso los hizo únicos, sobresaliendo entre el resto de las orquestas que se multiplicaban por aquella época, entre ellas, las míticas El Gran Combo de Puerto Rico o La Sonora Ponceña.
“La palabra salsa no existe. Esa palabra es una falta de respeto. Esto es música afrocaribeñas, cuya vertiente crearon también Tito Puente, Tito Rodríguez, Machito, entre otros”, afirma, por ejemplo, en una entrevista con EFE el veterano pianista de origen neoyorquino Eddie Palmieri. “De la rumba sale el guaguancó. Después está el danzón… y todos tienen su propio nombre”, añade Palmieri, quien, —aunque nació en la ciudad de los rascacielos el 15 de diciembre de 1936— es de origen puertorriqueño y de ascendencia corsa.
En ese sentido, recuerda que Tito Puente dijo en una ocasión: “I put salsa on my spaghetti” (Yo pongo salsa en mi espagueti), para desmarcarse así ante una pregunta sobre el género. El racismo, la emigración de cubanos, dominicanos y puertorriqueños a los Estados Unidos o el consumo de drogas fueron algunas de las temáticas con las cuales la salsa comenzó a infiltrarse entre los jóvenes que entonces la bailaban en clubes de Nueva York y Puerto Rico.
Poco a poco, una nueva generación de músicos fue sustituyendo a las orquestas de Tito Puente, Tito Rodríguez, Machito, y los hermanos Charlie y Eddie Palmieri, que se convirtieron en los “platos fuertes” de los clubes Palladium y Copacabana de Nueva York, durante las décadas de los 50 y 60.
Valentín afirma que “por un lado es bueno” que al género se le conozca solamente como salsa “porque es más fácil de identificar”, pero defiende que los verdaderos seguidores “deberían saber qué es esto o aquello”.
“El movimiento bailable que significa la salsa es, además, bien importante para su pertinencia histórica, porque, ante todo, los caribeños somos bien bailables”, afirma.
“Cierto es que este género ha tenido momentos de altas y bajas en el mercado, pero se ha sostenido vigente gracias a nuevas generaciones de seguidores y músicos que lo mantienen y siguen reviviéndolo”, apunta.
EFE/Reportajes
