Lo primero que nos dice Gabriela Casco Bachem es que hay que remontarse al momento en que se estableció la relación, identificar los factores que la hicieron posible y comprobar su evolución a lo largo del tiempo. "Los humanos no nos emparejamos por sorteo, no elegimos a nuestra pareja al azar, por la sencilla razón de que no nos da lo mismo una persona que otra", asegura. ¿Y por qué es así? "Porque lo que recibimos de quien elegimos como nuestra pareja no lo obtenemos de nadie más". Casco Bachem dice que en el caminar por la vida encontramos a una persona que nos proporciona lo que nosotros deseamos recibir, a ella le ocurre lo mismo con nosotros, y por eso nos unimos. Y es cuando surgen frases como: "Sentimos un flechazo mutuo", "hubo un momento en el que supe que era el hombre o la mujer de mi vida"... Podemos comprobar cómo tras la verba que los humanos empleamos para explicar por qué nos emparejamos se halla el que ambas partes encontraron en el otro a la persona que satisface sus expectativas. Para entender mejor la situación, recurramos a una parábola: "La elección de pareja es parecida a un mercader que coloca en uno de los platos de su balanza el peso de la perla que desea adquirir, y así va con ella por los mercados haciendo que la gente le ponga sus perlas en el otro plato, y cuando encuentra una que equilibra los brazos de la balanza, va y la compra". Cada una de las partes de la pareja coloca "sus valores" en uno de los "platos de la balanza", cuando se alcanza un equilibrio, para ambos, se establece la relación. Pero cada día trae su propio afán, por lo que siempre hay que mantener ese estado. He aquí un secreto para hacer duradera la unión amorosa: continuar dando y recibiendo lo suficiente para que los platos de la balanza sigan equilibrados. Para lograrlo, cada una de las partes tiene que trabajar en un doble sentido. Por un lado, ha de hacer ver al otro aquello en lo que le está decepcionando, y a la vez, en lo que le toca; tiene que descubrir y esforzarse en aportar lo necesario para que el equilibrio se mantenga.
En otro punto de la charla sobre "Cómo conservar la pareja", Casco Bachem manifiesta que en una relación de pareja, comprometerse es el hecho de permanecer y aceptar la convivencia con otra persona. "Este compromiso requiere de un estado consciente y elaborado que también integre las diferentes facetas y dificultades que incluyen el convivir, el ser compañeros. Elegir a alguien con quien compartir la vida significa un constante inventar y reinventarse, una tarea sistemática de acciones y gestos de apoyo mutuo, de colaboración en la convivencia cotidiana que completen esta declaración de deseo de comprometerse con alguien para toda la vida".
En este contexto, el amor debe ser cultivado día a día, porque el paso de los años puede borrar aquel impulso que despertó la necesidad de vivir juntos y la fortaleza de sostener una relación y esto se puede deber a la rutina, a la convivencia, con sus penas y alegrías. "Reconocer y actualizar el amor del noviazgo, de las primeras épocas de enamoramiento, es un desafío para quienes empiezan o ya tienen la experiencia de toda una vida con la persona elegida", asegura.
La pasión, ¿una utopía?
Un equipo de la Universidad de Stony Brook University de New York, liderado por la doctora Bianca Acevedo, se propuso determinar si "la esperanza de tener una pasión duradera es una utopía, o si, por el contrario, es posible mantener intacta la intensidad en los sentimientos, el compromiso de uno con otro, y el deseo sexual (que son los factores que hombres y mujeres pretenden conservar en el tiempo). Según esta investigación, que fue publicada en la web Pro-Salud News, "cuando se trata de sentimientos obsesivos o que tienen más que ver con necesidades de cada uno, el tiempo es un factor que contribuye a que se desvanezcan (esos factores). Por el contrario, cuando la relación se constituye desde el romanticismo y el amor, perduran", explica la doctora Acevedo, en la citada publicación.
Por otro lado, el director del Brain Center, el psiquiatra Eduardo Kalina, dijo a Pro-Salud que "determinados componentes químicos actúan a nivel del cerebro y contribuyen o no al mantenimiento de sentimientos o emociones. A medida que pasan los años, la relación de pareja va incorporando otros elementos como amistad o compañerismo que, si el hombre y la mujer son felices, son positivos. Por el contrario, si los "nexos" son otros, cuando la pasión se va, muchas veces la relación se torna insostenible.
Otra investigación científica de la misma Universidad Stony Brook en Nueva York indica que "una de cada diez parejas maduras tenían la misma reacción química que las parejas que tienen poco tiempo o están en la primera etapa de una relación y descubrieron el verdadero amor. Mediante una serie de escáneres cerebrales demostraron que un pequeño número de parejas respondieron con mayor e igual pasión tras 20 años de relación como el primer día, la misma situación que tienen las parejas que empiezan una relación. Encontraron que una de cada diez parejas maduras tenía la misma reacción química que las parejas que están en la primera etapa de una relación. La investigación asegura que la primera fase del amor es como un viaje en montaña rusa que empieza a descender a los 15 meses.
Necesidad del otro
Casco Bachem, en sus razonamientos sobre el tema, continúa detallando que el ser humano es un ser social y necesita de otros para compartir esta afectividad, en todas las etapas del desarrollo. "A lo largo de la vida, existen formas multifacéticas de vivir este afecto, siendo hijos, hermanos, nietos, amigos, compañeros etc. En la adultez, la fuente más importante de amor es la pareja, la cual empieza con el noviazgo, donde dos personas se unen, porque hay una estructura inconsciente que los atrae; esto puede estar vinculado con experiencias familiares o individuales", sostiene.
La etapa del encantamiento, de aquella "locura transitoria", es un estado de idealización y no hay distinción entre una persona y la otra. Una multitud de pequeños detalles se iluminan; los gestos, la voz, los gustos, todo adquiere sentido porque todo está cargado de significado y mezclado en este cóctel bioquímico de neurotransmisores y feromonas, el aspecto cultural y psíquico de esta aventura que apenas está por comenzar, donde las tareas intra- e interpersonales son materias pendientes que aprobar, ya que en esta etapa solo se proyectan en el otro, las sensaciones positivas, mientras el efecto de las "anfetaminas" hormonales, hagan lo suyo, esto puede durar algunos meses, dependiendo de la intensidad del afecto. Esta etapa del enamoramiento es previa a la del amor, donde se acepta al otro con sus defectos, es constructiva y profunda. Es tiempo de comprensión y tolerancia. Es el momento de bajar a la pareja del pedestal de la idealización asumiendo que tiene defectos y virtudes y es allí donde se puede hablar del amor verdadero.
Y pasan los años...
En la vejez, luego de sorteadas todas las vicisitudes del viaje aventurado en el que se encauzaron dos personas, el afecto pasa a ser un estado de respeto mutuo y comunión total. Lejos quedaron las urgencias socioculturales que cumplir, con los hijos, el trabajo; y las peleas y discusiones competitivas son cosas del pasado. Hay más tiempo para compartir momentos gratos, anécdotas y complicidades. El afecto a la persona que sostiene el bagaje histórico de cada uno pasa a convertirse en un amor filial, incondicional, que se disfruta y agradece. El amor es atemporal y es lo que da alegría a la vida y es el motor de la misma; cuidarlo y mantenerlo, a través de los años, es un arte, y como todo arte particular no existen recetas, ni escuelas para sostenerlo, ya que el amor es un don infinito, que es libre y permanece donde lo desean y respetan, de corazón.
Ingredientes esenciales
Buena comunicación. El amor no puede mantenerse sin tener una buena comunicación entre los cónyuges. Para ello, hay que saber escuchar mostrando interés por todo lo que dice la pareja y por todo lo que le rodea, su vida, su trabajo, etc. Se debe buscar ratos de intimidad en que la conversación sea fluida y no sea interrumpida por los hijos, teléfono, etc.
Complicidad. La pareja debe ser en todo momento cómplice, debe conocer los sentimientos, las emociones e intimidades de cda uno. Tiene que ser el compañero y amigo que acompaña y apoya en todo momento, y quien ama incondicionalmente sin esperar nada a cambio.
Cuidar los detalles. Los pequeños detalles son muy importantes en una relación, tanto los positivos como los negativos. Estar pendientes de la pareja y adelantarse a sus necesidades sin que el otro tenga que pedir ayuda o sorprender con una cena o un regalo inesperado, son detalles que alimentan la relación. Por otro lado, también se debe evitar esas pequeñeces que tanto desagradan a la pareja y que a fuerza de repetirlas resultan imposibles de soportar.
Respeto hacia la pareja. En toda relación debe primar el respeto y la confianza. No se debe caer nunca en los insultos o descalificaciones. Hay que cuidar el trato que se tiene con la pareja para que en ningún momento resulte ofensivo. En las discusiones, evitar los gritos, los insultos. En definitiva, cualquier unión necesita de un esfuerzo continuo para mantener la satisfacción que se esperaba alcanzar al unirse a la persona amada. El verdadero amor conyugal confía y se apoya en su pareja y, a pesar de las dificultades que van surgiendo a lo largo del tiempo, se mantiene ilusionado y comprometido.
"Es normal que luego de varios años de relación aparezcan peleas, discusiones o diferencias,pero esto no quiere decir que suceda en detrimento del amor. Inclusive las crisis y situaciones desafiantes de la vida pueden reavivar la relación si se toman como enseñanza y crecimiento potencial del vínculo. "