Manuel Carvajal tiene una trayectoria que se remonta a sus 15 años, cuando –enviado por su padre– fue a Francia a estudiar el idioma, pero terminó encantado con el mundo de los caballos. “Fue todo muy curioso”, dice durante la entrevista realizada en el Club Hípico Paraguayo, a la que también asistió la señora Lilian Fariña Arza, coordinadora del evento.
“Mi padre me envió a casa de unos tíos que tenían caballos. Fui, en principio, por tres meses, pero terminé quedándome 13. Luego de ese tiempo regresé a la casa y, más tarde, volví a Francia por tres años, hasta que me tocó realizar el servicio militar obligatorio”, relata.
Terminado el servicio militar –que nada tenía que ver con el mundo hípico, porque ingresó a la Marina– se anotó en la Escuela de Arte Ecuestre en Jerez, Cádiz. “Todos comenzamos como aprendices, como cualquier alumno, cuidando a los caballos, arreglando las cuadras, y así me fui formando”, añade.
Esa formación lo convirtió paulatinamente en jinete; luego, en profesor, técnico deportivo de las disciplinas hípicas de salto, doma y concurso completo por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte; juez nacional e internacional de doma vaquera y clásica, juez nacional de pruebas de selección de reproductores de caballos anglo-árabes, juez de monta española por la Asociación de Alta Escuela Española, entre otros títulos.
“Más que la competición, me atrae la enseñanza, los estudios y a eso me he dedicado toda mi vida”. Su prestigio lo llevó, además, a juzgar campeonatos de España, Francia, Italia, Estados Unidos, Australia; ser el primer director de la Escuela de Equitación de la Real Maestranza de Caballería de Ronda, asesor técnico de la Yeguada Candau, primer presidente de la Asociación Hípica, Deportiva y Cultural de Los Palacios y Villafranca, entre otros.
También escribe para una revista hípica y en uno de sus artículos menciona la frase del general L’Hott: “En equitación, hasta para enseñar lo más mínimo, hace falta saber mucho”. Manuel Carvajal sabe y traspasa lo que sabe. Impartió cursos de equitación a lo largo de toda España, Francia, Italia, Australia, República Checa, México, Argentina y Brasil. Es la cuarta vez que regresa a Sudamérica, pero la primera que pisa suelo paraguayo. Vino para impartir clases individuales en una clínica, en las modalidades de doma clásica, adiestramiento y equitación.
¿Qué es lo más importante en el adiestramiento? “Es la base, y es lo que vine a enseñar acá en el Hípico. Hay una base generalizada para todas las disciplinas... El buen apoyo en la equitación es como la buena enseñanza en los niños: hay una enseñanza primaria, secundaria y terciaria. Entonces, todos los caballos deben hacer primaria para tener un buen cimiento. Sin eso, nada les va a salir bien. Después, se nota la falta de ortografía”.
También, respetar el tiempo de los caballos. “Recordar que es un animal que debe estar en libertad y, por muy bien que lo tratemos, sigue siendo un maltrato. Hay métodos racionales, actualmente. Hasta la Federación Internacional tiene sus exigencias: comenzar a montar con tres años y adiestrar para pruebas con cuatro, cinco, seis años. Hasta que no tienen siete no pueden competir en pruebas, en las que hay un esfuerzo físico grande. La Federación Internacional protege al animal. Esto hace que algunos profesionales no precipiten su utilidad”, explica el maestro.
Afirma que la vida deportiva del caballo es relativamente corta. “Un caballo puede competir hasta los 16 años; luego, algunos terminan como reproductores; otros, como maestros de la escuela o para los jóvenes jinetes”.
Para él, un ejemplo a seguir es la Escuela de Equitación de Viena, que tiene más de 450 años de vigencia. “Son muy metódicos. Tienen un sistema de entrenamiento regular que hace que los caballos no tengan esfuerzos grandes, pero tampoco periodos largos sin trabajar. Con esto consiguen caballos que realizan exhibición con 25 años”.
En los seminarios que dicta, la primera recomendación que da es relajación. “Siempre. Un caballo nervioso, al igual que una persona, es más torpe. Además, si está nervioso es porque hay dolor o miedo. Los animo a que se paseen con el cuello largo y la rienda larga, para que se relaje y esté atento a su jinete”.
En su natal Andalucía tiene un centro hípico en el que, a la hora de montar sus caballos, él mismo se ocupa de ensillarlos y prepararlos. “No podemos delegar, porque son muchos detalles y la mayoría de los mozos de cuadra no son especialistas”.
Es dueño de Cuidadosa y Doris. La primera es de raza pura española, y la segunda, alemana. Dice que no es de hablarles a los caballos, pero admite que existe un lenguaje corporal que ellos entienden más que la palabra. “Además, tienen una vista y un olfato más desarrollados que los humanos, y captan mucho más detalles”.
Su sensibilidad y conexión con los caballos es muy conocida por los grandes profesionales en el mundo ecuestre. No en balde es conocido como el maestro de la equitación, pero se define como una persona sencilla que “a diario limpia su cuadra y arregla sus caballos antes de montarlos”.
La equitación es su pasión. “Es un modo de vida; es lo único que hago”, asegura.
En cuanto a su futuro, con seguridad, tiene las puertas abiertas en todo el mundo para seguir transmitiendo sus conocimientos sobre el arte ecuestre. Manuel Carvajal seguirá cabalgando por mucho tiempo.
Fotos ABC Color/Jorge Cañete.
