De paseo en el Museo Británico

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Aunque muchos lo consideran un símbolo del "expolio colonialista", el Museo Británico de Londres constituye una de las más famosas colecciones de antigüedades del mundo. Y lo más importante, la entrada es gratuita. Aunque reclamados por algunos países, sus atractivos principales son la famosa Piedra de Rosetta y los frisos del Partenón de Atenas.

Pocos museos del mundo pueden pegarse el lujo de ofrecer entrada libre a más de cinco millones de visitantes al año. "The British Museum" existe desde el año 1753 y, si no es el único, debe ser uno de los pocos que recibe a turistas venidos de todas partes del mundo sin que tengan que pagar un centavo por el acceso. No obstante, en la entrada de algunos de sus departamentos existen grandes alcancías transparentes que sugieren un aporte voluntario de 5 dólares, euros o libras, para la preservación de las piezas. Sin embargo, no es obligación; algunos aportan menos y otros nada.

Su acervo arqueológico es impresionante. Posee más de siete millones de objetos que abarcan la historia cultural de la humanidad hasta nuestros días. Una enorme cantidad de piezas están resguardadas en sótanos por falta de espacio o por encontrarse en restauración.

Visitarlo completamente podría llevar días enteros. Pero el turista puede hacer una observación abreviada sobre una veintena de objetos en sus diversas salas admirando los atractivos principales. Por supuesto ese recorrido empieza por las dos cosas que le ha dado celebridad mundial: la Piedra de Rosetta y los frisos del Partenón de Atenas.

Los espacios confluyen en el Gran Atrio Reina Isabel II, inaugurado en el año 2000 y convertido desde entonces en la plaza cubierta más grande de Europa, donde existe un bar y una infaltable tienda de suvenires, todos ellos artículos que reproducen los motivos más famosos del museo o sus colecciones más destacadas.

Si usted alguna vez estuvo en el Museo del Louvre, en París, sin falta podrá localizar la Mona Lisa, de Leonardo da Vinci, porque es el cuadro que todo el mundo quiere ver, sacar fotografías, y atrae como abejas al panal. En el Museo Británico ocurre lo mismo con la Piedra de Rosetta. Es la famosa pieza de granito que ayudó a descifrar la escritura jeroglífica del antiguo Egipto. Transcribe un texto del año 196 a.C lleno de elogios a favor del rey Ptolomeo V en jeroglífico, demótico y griego. La piedra fue descubierta en el Delta del Nilo, en un pueblo llamado Rosetta, en el año 1799 por las tropas del emperador francés Napoleón Bonaparte. Luego, al fragor de las batallas colonialistas en el antiguo Egipto, cayó en poder de los británicos, y se exhibe en Londres desde el año 1802, siendo la pieza más visitada y admirada. A partir de entonces, una sola vez fue sacada del Reino Unido y expuesta por unas semanas en 1972 el Museo del Louvre en París cuando se cumplieron 150 años del descifrado de los jeroglíficos.

El gobierno de Egipto lo ha reclamado en varias ocasiones sin eco favorable y tuvo que conformarse con exponer una réplica en el Museo Egipcio de El Cairo. Pero en el Museo Británico la controversia es parte de la mítica pieza arqueológica. De hecho, a un lado lleva la inscripción en inglés: "Capturada en Egipto por el ejército británico en 1801", y en el otro dice: "Presentada por el Rey George III". Pocos son los turistas que no la contemplan al entrar y al salir del museo. También son contados los que escapan a la tentación de llevarse un suvenir alusivo a la enigmática piedra, aunque le cueste algunas libras esterlinas.

 La controversia es siempre parte de los grandes y renombrados museos. Al ingresar uno a la sala "The parthenon sculptures" recibe un folleto explicativo sobre las esculturas del Partenón de Atenas. La explicación está en que periódicamente surgen discusiones públicas y debates sobre la permanencia de estas piezas originarias de la Grecia antigua en la capital británica. El escrito explica cómo las esculturas llegaron a Londres. El Partenón de Atenas fue construido hace más de 2.500 años como un templo dedicado a la diosa griega Atenea, luego fue una iglesia, después mezquita y finalmente ruinas arqueológicas. La mayor transformación la sufrió 500 años después de Cristo cuando se perdió la mayor parte de las esculturas al convertirse el Partenón en una iglesia, y hacia el año 1687, bajo asedio de los venecianos, fue convertido en un cuartel de armas. Una gran explosión destruyó la mayor parte de las esculturas y el edificio quedó en ruinas.

Entre el año 1801 y 1805, Lord Elgin, embajador británico ante el Imperio otomano, bajo cuyo dominio se encontraba Atenas, obtuvo un permiso de las autoridades otomanas para remover cerca de la mitad de las esculturas que quedaban en las ruinas del Partenón y llevarlas a Londres. Este a su vez las vendió al gobierno británico en 1816. Los reclamos comenzaron al año siguiente y siguen hasta la fecha.

El Museo Británico considera que la presencia de los frisos y esculturas del Partenón en Londres "ha despertado el interés mundial sobre la antigüedad griega" y han permitido que se conservaran "para que el público venido de todas partes del mundo lo pudiera apreciar". Otro argumento del Museo Británico es que las piezas arqueológicas del Partenón están también distribuidas en otros museos mundiales como el Louvre de París, Museos Vaticanos, Museo Nacional de Copenhague, Museo de la Historia del Arte de Viena y otros museos de Alemania.

Los mármoles del Partenón de Atenas están dispuestos y reproducidos en un gran salón que imita las dimensiones y la disposición del templo griego donde recibe miles de visitas. Las antigüedades egipcias también son parte importante de la colección del Museo Británico. De hecho, es la mayor colección del mundo fuera de Egipto. En este sector se pueden apreciar papiros, momias, sarcófagos y hasta murales de una antigua tumba de Tebas. Tampoco faltan piezas orientales, asiáticas y, por supuesto, americanas. Con toda la controversia que inspire, el Museo Británico es una visita obligada en un viaje a Londres.

 

Texto y fotos: Pedro Gómez Silgueira - pgomez@abc.com.py