De palos blancos y de sapos
Una información que fue muy útil a los expedicionarios fundadores de fortines en el Chaco era que donde existían plantas de palo blanco había yacimiento de agua.
Y, efectivamente, donde encontraban esos ejemplares arbóreos excavaban pozos y tenían agua. Seguidamente, construían una aguada y fundaban los fortines.
El principal responsable de la perforación de pozos era don León Fragnaud, al frente de una cincuentena de hombres, quien para saber si el agua encontrada era potable, la ponía en un balde, en el cual introducía unos sapos y la tapaba herméticamente.
Si el sapo sobrevivía, el agua era potable. Si amanecía muerto, el agua era muy salobre y no apta para el consumo.
Un judeo-francés en Villeta
Hacia 1910 llegó al país un inmigrante judeo-francés llamado Henri Zimnavoda. Había nacido en Arrás, Francia, el 15 de julio de 1873. Fue constructor de pozos, y había trabajado en la perforación de pozos petrolíferos en Rumania y Egipto.
Vino a Suramérica contratado por la empresa argentina Lacroze. Posteriormente, pasó al Paraguay y trabajó en la construcción del puente de hierro sobre el Pirapó. Fue constructor de los frigoríficos de la Liebigs en Zeballos Cué, del monolito de Itá Ybaté, y dirigió la instalación de obrajes y otros frigoríficos.
Era miembro de la masonería y se radicó en Caraguataycorá –hoy Naranjaysy–, Villeta, donde falleció el 13 de noviembre de 1966. Un descendiente suyo, Osvaldo Zimnavoda, fue un conocido jugador de fútbol.
Los obispos de Asunción
Una década después de la fundación de la casa fuerte en la bahía de los carió, el papa Pablo III elevó a catedral la iglesia de Asunción del Paraguay a través de una bula expedida a petición del emperador Carlos V, el 1 de julio de 1547.
Los jefes de la Iglesia paraguaya gobernaron bajo distintas denominaciones, la mayoría como obispos, pero también como vicario foráneo apostólico, administrador apostólico, administrador eclesiástico, etc. En 1930 se creó el Arzobispado de Asunción, siendo designado primer arzobispo el entonces obispo Juan Sinforiano Bogarín.
Desde aquel lejano 1547 hasta nuestros días, se sucedieron al frente de la Catedral de Asunción los siguientes obispos: Juan de Barrios, Pedro Fernando de la Torre, Juan del Campo, Luis López Solís, Juan de Almaraz, Alonso Guerra, Tomás Vázquez Liano, Martín Ignacio de Loyola, Reinaldo de Lizárraga, Tomás de la Torre, Agustín de Vega, Leandro Garfías, Melchor Prieto, Cristóbal de Aresti, Francisco de la Serna, Bernardino de Cárdenas, Gabriel Guilleztegui, Fernando de Balcázar, Faustino de las Casas, Sebastián de Patrana, Pedro Durana, Martín de Sarricolea y Olea, José de Palos, José Cayetano Paravicino, Fernando Pérez de Oblitas, Manuel López Espinoza, José Priego y Caro, Lorenzo Suárez de Cantillana, Nicolás Videla del Pino, Pedro García de Panés, Basilio Antonio López (primer obispo paraguayo), Marco Antonio Maíz, Juan Gregorio Urbieta, Manuel Antonio Palacios, Fidelis María de Abola, Manuel Vicente Moreno, Fidel Maíz, Dionisio Riveros, Pedro Juan Aponte, Claudio Riveros, Juan Sinforiano Bogarín, Aníbal Mena Porta, Ismael Rolón, Felipe Santiago Benítez, Pastor Cuquejo y Edmundo Valenzuela.
El primer microscopio
Probablemente, el primer microscopio que existió en el Paraguay haya sido el traído por el farmacéutico inglés George F. Masterman, en diciembre de 1861. El señor Masterman fue jefe de la farmacia de la Sanidad Militar y en el viejo Hospital Militar creó un laboratorio de producción. En los primeros años de la Guerra contra la Triple Alianza actuó con el rango de cirujano de 2.ª clase.
Como sospechoso de participar en un complot, fue apresado y procesado en 1866, permaneciendo recluido durante casi un año. Sus peripecias las relató en un libro titulado Siete años de aventuras en el Paraguay.