LA CANASTA MECÁNICA

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Con frecuencia se destaca la importancia del diálogo en la familia, la empresa, el colegio y la comunidad. Las potencias mundiales eligen las vías del diálogo para solucionar de manera pacífica los conflictos. Si la conversación es trascendente para la buena convivencia, es llamativo que en la escuela primaria no exista una materia dedicada a formar personas que sepan dialogar.

Abundan los cursos de oratoria, las escuelas de declamación, los debates y panelistas, los talleres de autoestima, etc., etc., etc., y casi no hay orientación sobre la mejor manera de desarrollar el sentido de la escucha.

Los varones se quejan porque sus compañeras hablan hasta por los codos y, a su vez, las mujeres claman por un ejemplar masculino que se comunique, evidencie sus emociones y las transmita en la plática. Ellos reclaman un poco de silencio, ellas solicitan algo de palabras. Si ellos consideran que hablar es una debilidad y ellas sienten que el silencio es hostilidad, lo que se instaura es un monólogo o, como mucho, un diálogo de sordos.

Diálogo, diálogo, diálogo, acción de hablar entre dos personas o más respondiendo cada una a lo que la otra ha dicho antes. El diálogo busca la avenencia, ponerse de acuerdo. En tal sentido, esta semana, nos enteramos que el presidente electo de Ucrania, Petro Poroshenko, dijo que el diálogo con Rusia tenía buenas posibilidades de tener éxito. Mientras que en nuestros lares, un alto prelado de la Iglesia católica expresaba su preferencia por el intercambio de piedras. “Él me tira una piedra, yo le tiro otra piedra (…) Si él se calla, yo no cuento el resto” (¡!) Parece que fue monseñor Rolón quien se refirió a los hombres escombro que continúan hundiendo el país. El caso mencionado amerita el rótulo de prelados escoria que están hundiendo a la Iglesia católica.

El diálogo es sinónimo de inteligencia y refinamiento. Para que el diálogo sea exitoso, no necesariamente los participantes tienen que llegar a un consenso. Sí pensar con cuidado, prudencia y profundidad.

La etimología de la palabra diálogo viene del griego dia = a través, logos = significado; mediante la indagación de significados aprendemos quién es cada persona, cómo podemos trabajar, crear o convivir de manera coordinada.

Por medio del diálogo componemos y recomponemos nuestras destrezas y actos en la vida. Construimos y reconstruimos nuestras realidades y a nosotros mismos. Hay conversaciones que nos mejoran como personas, así como existen otras que nos reducen como tales. Cuando nuestras posibilidades aumentan, podemos ser agentes de nuestro propio destino, podemos abordar conflictos y dolores, dilemas y frustraciones, y podemos encontrar las soluciones que nos permitan vivir en armonía, teniendo consideración con los errores del prójimo a través de nuestros propios desaciertos.

carlafabri@abc.com.py