Durante la Guerra Fría, Estados Unidos y la extinta Unión Soviética competían férreamente por ver cuál era mejor en la carrera espacial. Así fue como, en 1957, la primera pulseada la ganaron los rusos, al poner en órbita al Sputnik, el primer satélite artificial de la historia. Sin embargo, los estadounidenses no se quedaron atrás y se dieron el lujo de conseguir una gran victoria en 1969: llevar al primer hombre a la Luna. Nadie pensaría que años después, específicamente en noviembre del año 2000, Washington y Moscú pondrían a sus astronautas a cargo de la Estación Espacial Internacional (EEI), marcando un periodo nuevo en la cooperación internacional del espacio.
La construcción de la EEI comenzó en 1998 y demandó un trabajo incansable de ingenieros y técnicos de varios países, quienes por primera vez tendrían que construir un centro de investigación del tamaño de un campo de fútbol, a más de 400 km de la superficie terrestre. Las cinco agencias que la sostienen son la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA), la Agencia Espacial Federal de Rusia (Roscosmos), la Agencia Espacial Europea (ESA), la Agencia Espacial Canadiense (CSA) y la Agencia Japonesa de Exploración Espacial (JAXA). Estas invirtieron más de USD 100.000 millones en la construcción y funcionamiento de la EEI en estos años.
Las principales investigaciones de la estación giran en torno al comportamiento humano en la microgravedad, aunque también hay decenas de estudios de medicina, biología, química, astronomía e ingeniería. En total, se realizaron más de 1500 análisis o experimentos en este centro de estudios. A comienzos de enero, el Gobierno estadounidense informó que ampliará el presupuesto y que los programas de la EEI se mantendrán hasta el año 2024, cuatro años más de lo previsto.
Gracias a esto, se podrán hacer decenas de investigaciones y varios viajes con naves que no solo las fabrican las agencias espaciales, sino empresas privadas como SpaceX y Orbital Sciences, que se están destacando por sus transportes interespaciales.
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Blas Servín, director del Centro Astronómico Bicentenario y miembro de la Comisión Directiva de la Sociedad Interamericana de la Astronomía en la Cultura, señala que es de suma importancia la extensión de la vida útil de la EEI. Según su criterio, en este momento no se tiene listo ningún otro proyecto relacionado con la exploración humana, aparte de una lejana misión de explorar asteroides.
“Las personas que preguntan de qué sirve la EEI son las que más usan los celulares, ven televisión satelital o utilizan equipos derivados de la tecnología espacial. Debemos destacar el progreso en la medicina y la robótica. Por su posición, es muy importante por los estudios que realiza sobre el cambio climático que sufre la Tierra”, indica Servín.
Por su parte, Félix Piriyú, secretario del Centro de Difusión e Investigación Astronómica (Cedia), expresa que la extensión favorece a las empresas aeroespaciales que actualmente están desarrollando tecnología para llevar personas y carga útil hasta el espacio. “El hecho de que la EEI siga en operación hasta el 2024 significa que las empresas privadas contratadas por la NASA podrán ajustar sus costos y seguir desarrollando propulsores cada vez más eficientes, lo que finalmente abaratará el acceso a órbitas terrestres bajas y medianas. En el aspecto científico, la extensión del proyecto de la EEI permitirá que sigamos aprendiendo sobre los efectos que la vida en el espacio tiene sobre el cuerpo humano. También significa que se dará continuidad a los experimentos que se realizan en microgravedad”, manifiesta.
Piriyú comenta que nuestra especie, en algún momento, debe salir de este planeta, por lo que la Estación Espacial Internacional representa los primeros pasos para aprender a vivir en el espacio. “Lo que aprendamos de este enorme proyecto será de gran utilidad en el futuro, pero en una medida de tiempo más corto podemos decir que los experimentos llevados adelante por la EEI han ayudado en varios aspectos; por ejemplo, en la medicina permitió el desarrollo de microcápsulas más eficientes para tratar el cáncer, así como la implementación de partes robóticas que se pueden usar para cirugías complejas; en el aspecto biológico, el estudio de bacterias en microgravedad hace que sus expresiones genéticas se muestren y esto ayuda a detectar mejor los genes responsables de causar problemas. De esta manera se pueden desarrollar mejores medicamentos”, resalta.
Futuro
La Estación Espacial Internacional también sirve para la recreación. Cada día, los astronautas envían fotografías de distintas ciudades tomadas desde el espacio y en el 2001, por primera vez, una persona (Dennis Tito) se convirtió en turista espacial al visitar el laboratorio que orbita alrededor de la Tierra. Sin embargo, y aunque se plantea mejorar el servicio de turismo espacial, los estudios de la EEI servirán para los futuros viajes a la Luna y a Marte que hará el ser humano. Ya sea para descubrir, entender y hasta conquistar, los datos recopilados en estos 15 años ayudarán a mejorar los sistemas de exploración en nuestro sistema solar.
Hasta el día de hoy, 38 equipos de astronautas han viajado a la Estación. Actualmente, están allí arriba Koichi Wakata, de la agencia japonesa JAXA; Mikhail Tiurin, Oleg Kotov y Sergey Ryazanskiy, de Roscosmos, y Rick Mastracchio y Mike Hopkins, de la NASA.
Paraguay
En nuestro país, el proyecto de la creación de la Agencia Nacional Espacial del Paraguay (AEP) tiene media sanción y su desarrollo está orientado principalmente a implementar un plan satelital del país. Servín indica que aquí se cuenta capacidad humana para llevar a cabo buenos proyectos espaciales. “Lo que con el tiempo debemos hacer es una mayor divulgación de la ciencia, preparar nuevos científicos e ingenieros, personas que comprendan las ventajas para el Paraguay del desarrollo científico y tecnológico de la exploración espacial y, al mismo tiempo, estudiar cómo poder reunir el capital necesario para solventar los costos”, resalta.
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