Si bien los investigadores y científicos hasta el momento no han identificado una única causa o fenómeno que explique este lamentable hecho, lo cierto y en lo que hay acuerdo es en que una vez más, la acción poco responsable del hombre sobre el medio y la biodiversidad, han puesto en peligro a las poblaciones de abejas que así mueren o desaparecen en forma acelerada y sin una causa aparente. A esta anomalía se la conoce como Colapso por Desorientación de las Colonias (o Colony Collapse Disorder CCD, por sus siglas en inglés); también como Síndrome de Despoblamiento de las Colmenas.
EL ESCENARIO ACTUAL
Albert Einstein, el destacado físico alemán, había pronosticado que si las abejas desaparecieran de la Tierra, el desastre sería capaz de generar un serio desequilibrio en la cadena de alimentación humana. Aclaremos esto. Se sabe de que aproximadamente una tercera parte de la producción agrícola mundial de cereales, oleaginosas, frutas, verduras, y otros, depende la polinización principalmente por insectos y algunos animales. Entre los insectos es indiscutido el rol de las abejas melíferas y nativas.
POSIBLES CAUSAS
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Aparte de las obvias como la deforestación —cuyos daños al ambiente y biodiversidad son casi irreparables— y el monocultivo como la soja —por el uso intensivo de agrodefensivos y la deforestación previa que provoca— los científicos e investigadores afirman que varias serían las causas de este fenómeno: desde plagas propias, uso indiscriminado de agroquímicos, hasta la telefonía móvil y el uso de los aparatos electrónicos, por efecto de las ondas electromagnéticas que emiten y que desorientarían a las abejas para llegar a sus colmenas. También se habla de un efecto multiplicador negativo que se daría por la influencia de una o más de estas causas. Hay expertos que incluso opinan que las abejas se dirigen a su extinción. Otros opinan que las abejas sufren a consecuencia del actual cambio del clima. En 2011, un informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) había señalado que el Colapso de Colonias era ya un problema global. Por su parte, un documento de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria, reconocía el impacto de tres insecticidas “neonicotinoides” sobre la creciente mortandad de las abejas en Europa; a tal punto que propuso la prohibición de comercializar semillas de algodón, maíz, girasol y algodón tratadas con imidacloprid, thiametoxam y clotianidinade. Esta clase de insecticidas, surgen como los principales “sospechosos” de causar la muerte y desaparición de las abejas.
LOS NEONICOTINOIDES
La mayoría de los neonicotinoides son insecticidas de amplio espectro que actúan por contacto o por ingestión. Se emplean en agricultura y ganadería para combatir plagas, también en mascotas. Se trata de insecticidas clásicos relacionados con la nicotina que actúan de modo selectivo e irreversible sobre las células nerviosas de los insectos (incluyendo a las abejas, paralizándolos y provocando su muerte). Al emplearlos en agricultura son absorbidos por el sistema vascular de las plantas y se liberan a través de los granos de polen, néctar y agua que las abejas liban después de forraje y la bebida.
CONCLUSIÓN
El que fuera un notable apicultor y colaborador del Suplemento Rural del Diario ABC Color, don Pedro Antonio Boggino, expresaba la gravedad de este hecho y su idea era la de fortalecer la apicultura nacional, protegiendo tanto a las abejas nativas como a las melíferas. Por su parte, la Earthwatch Institute de EE. UU. declaró a las abejas como “la especie más invaluable del planeta”. Ocurre que las abejas melíferas son una de las especies más trabajadoras y útiles de la naturaleza: algo que también el hombre debería aprender e imitar.
(*) Especialista en Comunicación Rural
