Loa clubes agrarios constituyen la base para la formación de los jóvenes con valores, actitudes, conocimientos y destrezas productivas. Los mismos ayudan a prepararlos como personas con una visión de vida tanto individual como colectiva, promoviendo a los jóvenes y amas de casa en el desenvolvimiento para el trabajo rural, los quehaceres domésticos, la vida en la comunidad, con el fin de desarrollar una conciencia cívica y para ejercitar las responsabilidades en sus actos.
HISTORIA
En Paraguay el trabajo con los jóvenes rurales se inició en la década del 40 gracias al esfuerzo del Crédito Agrícola de Habilitación (CAH), creando a partir de 1949 clubes femeninos entre las hijas y esposas de los prestatarios bajo la denominación de “Clubes Agro”. Posteriormente, el Servicio de Extensión Agrícola Ganadero (SEAg), se suma al movimiento juvenil agrario paraguayo creando, en el mes de marzo de 1953 en la ciudad de Encarnación, el primer Club Agrario Juvenil del Paraguay.
El programa de Clubes Agrarios Juveniles se desarrolló rápidamente con el nombre de Clubes 4-C. El mismo adoptó como emblema un trébol de 4 hojas, llevando impreso una “C” en cada pétalo, que significan: “mi cabeza para pensar mejor, mi corazón para sentir mejor, mi capacidad para producir mejor y mi cooperación para servir mejor a mi familia, a mi comunidad, a mi patria y a Dios”.
VALOR POTENCIAL
Hoy día sería interesante recuperar e insistir en el trabajo con los adolescentes y jóvenes rurales. Es tiempo de volver a incorporar a los jóvenes como componentes activos de los programas y proyectos rurales. Se debe valorar su protagonismo y darle la dedicación que se merecen. La iniciativa tiene que surgir del Estado, a través del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG). Y esto porque de nada sirven los avances tecnológicos, la introducción de nuevas variedades de cultivos, nuevos insumos, equipos y herramientas, si no se acompañan de la capacitación y entrenamiento de la familia rural. El adolescente, el joven que vive y trabaja en las unidades familiares, necesita alternativas de trabajo que le motiven; que le estimulen y fomenten su arraigo en la comunidad rural. El joven rural, necesita un “empujón”, un apoyo para constituirse a corto o mediano plazo en un actor empresario, administrando fincas familiares modelos, con producción competitiva y eficiente, mediante una buena orientación y capacitación y así vivir dignamente en el campo.
RESUMEN
Se debe tener una visualización más integral de la educación de los jóvenes. No solo priorizar la producción, sino ir incorporando valores y recursos para mejorar sus condiciones de vida: el sentimiento a la familia y al trabajo, la disciplina, el respeto, la solidaridad, recuperar la confianza y fortalecer el trabajo asociativo rural. En los jóvenes (varón, mujer) descansa el recuperar la prosperidad rural. En verdad es todo un desafío para la Extensión Rural por cuanto tiene que poner énfasis en el componente educativo, priorizando uno de sus principios: “Desarrollar al hombre, tener como finalidad a la familia”. Y refundar un Programa de Asistencia a los Jóvenes, que en su momento tuvo buenos resultados.
(*) Especialista en Extensión Rural y Desarrollo Comunitario