La propietaria junto a Federico Mallén hicieron que cada ambiente respire modernidad, dentro de un sesgo marinero. En la galería se añadieron tirantes de madera pintados en diversos tonos que cubren una zona de la pared, así también se agregaron mantas estampadas en los sofás que transmiten alegría y buena vibra.
Los ocho sillones de hierro patinados en blanco complementan a la mesa y una obra de arte. La madera en la pared y en el piso en el pasillo con luces dirigidas destaca los veteados y la creatividad lograda en ese sector de tránsito. Minipuertas separan las escaleras y protege a los niños pequeños, y en los techos se advierte la losa sin pintar.
La deco del dormitorio del niño fue hecha con cariño de mamá, con base en el tono intenso del azul que remite al mar. Redes, pescados, anclas y timones anuncian el viaje a un destino de felicidad.
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