La historia de San Lorenzo del Campo Grande se remonta a las vastas extensiones agrícolas y ganaderas que la Compañía de Jesús administró durante la época colonial en el Paraguay. En aquellos campos, los jesuitas establecieron una próspera estancia que contaba con un oratorio dedicado a San Lorenzo Mártir, sitio donde los trabajadores y pobladores locales acudían a las labores cotidianas y devociones religiosas.
El núcleo primitivo de asentamiento se localizó en el paraje denominado Capilla Cue, una zona caracterizada por sus manantiales y frondosa vegetación que hoy forma parte del entramado urbano entre los barrios Reducto y las zonas limítrofes con Capiatá. En este sitio geográfico germinó la primera comunidad de agricultores, criollos e indígenas que labraron las tierras bajo la administración religiosa.
Un giro decisivo en el destino del asentamiento ocurrió en 1767, cuando el rey Carlos III decretó la expulsión de la Compañía de Jesús de todos los dominios de la Corona española. Tras este evento, las tierras pasaron a ser gestionadas por la Junta de Temporalidades, lo que dispersó temporalmente a las familias que dependían del antiguo complejo productivo eclesiástico.

El papel de Agustín Fernando de Pinedo
Para poner orden administrativo y territorial a las poblaciones rurales cercanas a la capital, el gobernador español Agustín Fernando de Pinedo tomó cartas en el asunto años más tarde. El alto funcionario virreinal dispuso la concentración oficial de los habitantes esparcidos y ordenó la delineación formal del nuevo casco urbano.
La fundación oficial de la Villa de San Lorenzo del Campo Grande quedó registrada históricamente el 10 de agosto de 1775, coincidiendo con la festividad litúrgica de su santo patrono. Esta fecha institucional fijó el punto de partida para la organización civil, judicial y parroquial de una comunidad que comenzaría a expandirse con ritmo propio.
El proceso fundacional incluyó el traslado estratégico del centro urbano desde la primitiva Capilla Cue hacia una loma más elevada situada un par de kilómetros al oeste. En este emplazamiento definitivo se trazaron la plaza mayor, la capilla principal y la cuadrícula de calles que hasta hoy vertebran el casco histórico sanlorenzano.
Entre los pioneros y primeros pobladores destacados figuraron los antiguos arrendatarios de las fincas confiscadas a los jesuitas, capitanes de milicias rurales y sacerdotes diocesanos encargados de la primera vicaría. Familias campesinas procedentes de valles vecinos sumaron sus esfuerzos para edificar las primeras viviendas de adobe y paja, consolidando la vida comunitaria.
Evolución progresiva
A lo largo del siglo XIX y principios del XX, la pequeña villa agrícola mutó progresivamente en un punto neurálgico de comunicación e intercambio mercantil. El tendido de las vías del célebre Tren’i (tranvía a vapor) dinamizó la economía local y facilitó la conexión directa entre los productores sanlorenzanos y los mercados de Asunción.
En la actualidad, el perfil urbano de la ciudad destaca por monumentos icónicos como la Catedral Neogótica de San Lorenzo, inspirada en la arquitectura europea, cuya construcción se inició en el siglo XX para reemplazar al antiguo templo colonial y erigirse como el gran símbolo visual de la comunidad.
Otro hito fundamental que transformó la identidad local fue la instalación del Campus de la Universidad Nacional de Asunción a mediados del siglo XX. Esta presencia académica convirtió a San Lorenzo en el corazón de la educación superior, la investigación y la juventud estudiantil de todo el Paraguay, consagrándola con el merecido título de Ciudad Universitaria.
