La romería sanlorenzana hunde sus raíces en las primeras décadas de refundación de la Villa Real de San Lorenzo del Campo Grande. Nacida como una modesta peregrinación de agricultores y familias de los valles aledaños hacia la antigua capilla, esta marcha fue transformándose con el paso de las generaciones. Lo que comenzó como un acto espontáneo de devoción popular terminó consolidándose en el evento central que marca el inicio y desarrollo de los festejos cada 10 de agosto.

En el trayecto, las calles de la Ciudad Universitaria se tiñen con los colores tradicionales que reflejan la fe y el orgullo local. El rojo vivo y el amarillo, representativos del fuego del martirio de San Lorenzo y de la bandera municipal, predominan en los adornos callejeros, banderas y estandartes. A estas tonalidades se suman el blanco de las vestimentas tradicionales de los devotos y los matices multicolores de los trajes folclóricos luciendo sobre las avenidas principales.
La convocatoria reúne a una masa heterogénea de participantes que abarca a todas las fuerzas vivas de la sociedad sanlorenzana. Delegaciones escolares, agrupaciones diversas, bandas de músicos, elencos de danza y movimientos eclesiales marchan junto a las autoridades comunales.

El objetivo fundamental de esta romería trasciende la mera festividad y se sostiene sobre dos pilares: la manifestación de fe católica y el fortalecimiento de la cohesión social. Por un lado, los fieles expresan su gratitud, cumplen promesas e invocan la protección del santo para el trabajo diario. Por el otro, el encuentro renueva el sentido de pertenencia entre los habitantes, preservando la memoria histórica de una comunidad que equilibra su crecimiento urbano con el arraigo cultural.

Hoy en día, la fiesta patronal y su romería continúan siendo el latido vivo de la tradición en el departamento Central. Los registros parroquiales y los testimonios de los pobladores más antiguos confirman que, a pesar del paso del tiempo y el ritmo vertiginoso de la modernidad, la romería sigue congregando la memoria colectiva de San Lorenzo, proyectando su legado cultural hacia las futuras generaciones.
