Un retrato y una conversación a la sombra del yvyrapytã: Alfred Demersay y José Artigas

Francia y Artigas, por Demersay.
Francia y Artigas, por Demersay.Archivo, ABC Color

En Paraguay, en torno al año 1847, José G. Artigas fue retratado por primera y única vez. Las circunstancias son conocidas. Luego de su definitiva derrota a manos de sus antiguos aliados de la Liga Federal, Estanislao López y Francisco Ramírez, en 1820, el caudillo oriental solicitó a José Gaspar Rodríguez de Francia asilo, que le fue otorgado con serias restricciones; vivió prácticamente aislado en la villa de Curuguaty, dedicado a labores agrícolas. A la muerte de Francia, en 1840, pasó a residir en Asunción, donde falleció en 1850, a los 86 años. En esa ciudad lo halló el médico y naturalista francés Alfred Demersay (1815-1891), autor del retrato considerado la única imagen «verdadera» del prócer uruguayo. Demersay consignó que fue tomado del natural, es decir, teniendo el modelo ante la vista, y dejó anotado que «después de la muerte del dictador, se le permitió (a Artigas) establecerse en las cercanías de la Asunción. Es allí donde lo encontramos viviendo, como él mismo lo dijo, de la limosna del presidente López, alojado en Ybyray en una de sus casas; todavía recto y vigoroso a pesar de su gran edad» (1). Surgen de ese escueto testimonio interrogantes sobre el contexto y las circunstancias del encuentro. ¿Qué tipo de relación estableció Demersay con Artigas durante su estancia en Paraguay? ¿Por qué Artigas accedió a posar para el pintor? ¿Con qué fines? ¿Por qué Demersay decidió publicar el retrato en el Atlas que editó años después en París?

En cuanto al contexto hay que repasar que, luego del fallecimiento de Francia, en 1840, el panorama sociopolítico de Paraguay se vio modificado por completo. Tras un breve interregno consular, asumió la presidencia el abogado Carlos Antonio López. Su administración representó, en el plano internacional, una modificación del enclaustramiento francista; procuró atraer el reconocimiento de la independencia de Paraguay y promover la incorporación de tecnología e inmigración para el desarrollo económico del país. En el plano cultural, uno de los acontecimientos históricos acaecidos durante el primer año de su mandato fue decisivo: la introducción de la primera imprenta civil. Desde 1845 se editó el primer periódico en la historia paraguaya, El Paraguayo Independiente, y al año siguiente apareció El Semanario. En ese empuje progresista hay que insertar el apoyo de López a expediciones científicas patrocinadas por gobiernos de Europa y Estados Unidos, de modo que Paraguay resurgió como área de conocimiento y exploración. Es sugestivo que, a poco de su designación para la presidencia de la República, un naturalista sueco fue testigo de la transformación que se operaba. Eberhard Munck af Rosenschöld (1811-1868) se afincó en Paraguay, se casó con Marcelina Rivarola y recogió sus impresiones en cuatro cartas que fueron traducidas al portugués, francés y español. De ellas recibimos la primera impresión del gobierno de Carlos Antonio López visto por un extranjero: «López nunca salió de su país; no tuvo la menor parte en los negocios públicos: no pudo conocer las excelentes obras publicadas sobre los diversos ramos de la administración pública y economía política ni tener la menor noticia de los acontecimientos de Europa y América en los últimos veinte años… Vivió retirado en el campo, donde meditó sobre la situación y necesidades de su país» (2).

Atendiendo a ese contexto, Massimo Leone refiere, en un artículo reciente, que Demersay fue llamado por el presidente López para tratar la enfermedad de su hijo en Asunción. Y que en esa temporada dibujó el retrato de Artigas, que luego fue grabado por el grabador francés Claude Sauvageot y posteriormente publicado en el Atlas que apareció junto a la Histoire physique, économique et politique du Paraguay et des établissements jésuites que el científico francés dio a conocer en París entre 1860 y 1864 (3).

La realización de un retrato pictórico puede llevar, según el caso, entre horas y años, hasta el momento en que se determine que está listo. El de Artigas parece haber sido realizado en tiempo breve, quizás en el transcurso de una mañana o una tarde; sostiene la historiadora del arte Laura Malosetti, en uno de sus documentados trabajos, que el retratista podría haberse servido de alguna lente o de la proyección de la sombra del modelo con técnicas como las que se usaban para hacer fisionotrazos. Este era un instrumento óptico mecánico operado manualmente, inventado en 1786 por Gilles-Louis Chrétien y utilizado en el siglo XIX como máquina de dibujo para trazar perfiles de objetos y modelos sobre láminas de cobre. Pero lo que importa subrayar es que Demersay pudo observar el cuerpo y la cara de Artigas y realmente los dibujó: el perfil aguileño y su mirada, sintetizada en un solo ojo, que para algunos especialistas «guarda algo del furor revolucionario», es la vera effigie, la verdadera imagen del rostro del prócer (4). Además de este retrato, el visitante francés produjo un grabado de la «maison habitée par Artigas a Ibiray» que publicará junto a otra decena de litografías con motivos paraguayos en 1860 (5).

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Poco sabemos de las conversaciones que habrían mantenido el retratista y el modelo a la sombra del yvyrapytã de la residencia de Artigas, con excepción de la mención apuntada arriba, según la cual el caudillo oriental manifestó que vivía «gracias a la limosna del presidente López». No obstante, algunos testimonios tangenciales aportan datos sobre el estado espiritual de los protagonistas del encuentro. Por ejemplo, se sabe que para la fecha del encuentro con Demersay, Artigas ya había decidido que no regresaría a Uruguay y que todo lo que tenía que decir sobre su situación política se lo había confiado a su hijo José María, que lo visitó en 1846. El escritor uruguayo Isidoro de María, casado con Sinforosa Navarrete Artigas, hija de Francisca, prima hermana de Artigas, registra que, en efecto, el hijo viajó a Asunción para persuadir a su padre de que regresara a Uruguay, y que, en conversaciones rodeadas de «confianza íntima», aquel manifestó que no se sentía con fuerzas para emprender el retorno. Agrega De María que esa fue la primera vez que Artigas se desahogaba «expansivamente, después de 26 años de oscuridad y de silencio» (6). Por su parte, Demersay podría haber ido al encuentro con una idea crítica sobre Artigas, luego de recibir el testimonio del médico y botánico francés Aimé Bonpland en Santa Ana, Corrientes, de quien obtuvo, además, los apuntes personales que redactara durante sus años de confinamiento en Itapúa, por orden de Francia, entre 1821 y 1831 (7).

Quince años después de su encuentro con Artigas, Demersay publica en París la citada Histoire physique, économique et politique du Paraguay, en la que presenta un panorama negativo de los gobiernos Francia y de López, así como del propio caudillo oriental. En un plano especulativo se podría sostener que no hubo nada en el encuentro con Artigas que considerase merecedor de ser recogido en su obra. Laura Malosetti nos dice que, en efecto, el pensamiento crítico de Demersay sobre la condición y la actuación política de Artigas atravesaría la confección del retrato. Sostiene que, desde la perspectiva del naturalista, el caudillo oriental era un anciano prisionero cuya fama de hombre carismático y peligroso perduraba. Prisionero, en primer lugar, del tiempo: la edad lo había vuelto aparentemente inofensivo, sin dientes; pero también de las condiciones miserables en que había vivido largos años. De modo que su retrato podría pensarse ya como prueba de su condición presente, ya como indagación acerca de su pasado: el «único ojo visible, fijo en un punto, parece preservar algo del antiguo poder. En el resto de la figura el artista parece haber acentuado los signos de la decrepitud del viejo caudillo» (8). Siguiendo este argumento, se puede especular que la conversación entre Demersay y Artigas no modificó los conceptos que ya se habría formado el primero, influido por lecturas de obras críticas de la situación paraguaya de la primera mitad del siglo XIX divulgadas en Europa antes de su viaje a Paraguay, como las de J. R. Rengger y M. Longchamp, Essai historique sur la révolution du Paraguay, et le gouvernement dictatorial du Docteur Francia, publicado en francés y en alemán en 1827, los textos de John Parish y William Parih Robertson Letters on Paraguay (1838) y Francia’s Reign of Terror (1839). Esto explicaría, en parte, la tenue imagen del empuje progresista del gobierno de Carlos Antonio López que recoge en su escrito.

En el plano de los aportes documentados, hay que decir que, durante el trienio transcurrido en Paraguay, Demersay confeccionó también un retrato de Francia. Dejó explicado que lo había realizado tomando como modelo a la hermana del Supremo, doña Petrona, que lo había sobrevivido. De este modo circuló la primera imagen que se conserva de Francia, pero con los rasgos de su hermana. Se trató, claro está, de una invención, puesto que no existe ningún dibujo al natural del Supremo, ni siquiera de memoria. Demersay decidió publicarlo junto al de Artigas en el Atlas que formó parte de la Historia del Paraguay. Parecen mirarse uno a otro, como poniendo en escena el recelo de Francia hacia el antiguo enemigo. Debajo de cada uno, sus nombres, sus fechas de nacimiento y muerte, y sus firmas. La de Artigas, muy temblorosa, la de un anciano que durante muchos años probablemente apenas empuñó una pluma (9). El retrato de Artigas hecho a la vista del natural y el de Francia como fantasía parecen unificarse en el propósito intelectual de Demersay de publicarlos como una suerte de ilustración de sus propias ideas acerca de la historia del Paraguay para mostrarlas en Europa.

Notas

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(1) Alfred Demersay, Histoire Physique, Économique, et Politique du Paraguay et des Établissements des Jesuites, París, Hachette, 1860 (1er tomo de textos), 1864 (2º tomo) y un Atlas. La cita, en página 366.

(2) La edición portuguesa de las cartas, O Paraguay, seu pasado, presente e futuro por un estrangeiro que residió seis annos naquelle paiz, fue publicada en 1848 con auspicios de la legación de Paraguay en la Corte de Brasil a fin de crear una imagen favorable del país cuando el ministro en la Corte imperial, Juan Andrés Gelly (1792-1859), negociaba los tratados de alianza y límites con Saturnino de Souza e Oliveira. Ese mismo año se publicaron en Río de Janeiro en francés y al año siguiente fueron traducidas al castellano y publicadas en Asunción en la imprenta del Estado.

(3) Massimo Leone, «Rostros populares, rostros populistas: para una semiótica de la efigie heroica (el caso de José Gervasio Artigas)», en: E. Manero y L. Escudero Chauvel, con la colaboración de J. Corvalán Espina (coords.): Populismo(s). Intersecciones en las Ciencias Sociales, París, 2019, pp. 171-181.

(4) Laura Malosetti Costa, “El primer retrato de Artigas: un modelo para deconstruir” en Caiana. Revista de Historia del Arte y Cultura Visual, Centro Argentino de Investigadores de Arte, n. 3, 2013, pp. 1-14.

(5) Las litografías forman parte del acervo de la Biblioteca Nacional del Paraguay. Véase: Catálogo Colección Enrique Solano López. Biblioteca Nacional del Paraguay, Asunción, 2014.

(6) Vida del Brigadier General José Gervasio Artigas, fundador de la Nacionalidad Oriental, Gualeguaychú, 1860, p. 37.

(7) Francia creyó que Bonpland era un espía, por ser francés y amigo de caudillos artiguistas. El 8 de diciembre de 1821 ordenó su detención y su confinamiento en Itapúa.

(8) Laura Malosetti Costa, op. cit., p. 6.

(9) Ibídem. Casi una década antes de la publicación del Atlas, Demersay publicó un folleto de 16 páginas, Le docteur Francia, dictateur du Paraguay, París, Henry Plon, 1856.

(Conicet, Pontificia Universidad Católica Argentina)

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