Los «Papeles sueltos» de Carlos Rolandi. Regresando a lo nuevo a través de la nostalgia

La exposición de dibujos «Hojas sueltas» del artista Carlos Rolandi «tiene la tensión exacta que construye las buenas nostalgias», escribe el periodista y docente Ángel Luis Carmona, porque «solo es posible añorar a través del encuentro de un recuerdo con un olvido».

Los «Papeles sueltos» de Carlos Rolandi. Regresando a lo nuevo a través de la nostalgia
Los «Papeles sueltos» de Carlos Rolandi. Regresando a lo nuevo a través de la nostalgiaGENTILEZA

Con los trabajos que está presentando en Casa Mayor, bajo el título genérico de «Hojas sueltas», Carlos Rolandi regresa a su primer amor: el dibujo. Se trata de un tipo peculiar de dibujos, muy brumosos y fronterizos entre la abstracción y lo figurativo, sobre papel de aspecto castigado por el paso del tiempo, pero ese «regreso» es engañoso, como todo retorno, porque, aunque el dibujo es el alma de la obra, no es ni mucho menos toda la obra.

No parece necesario detenerse a analizar la factura técnica de los trabajos, ya que Carlos Rolandi sobresale en el conjunto de su trayectoria por su pericia, una pericia que se percibe incluso en los casos en los que, como en esta exposición, hace un esfuerzo por fingir prolijamente la desprolijidad que su temática y su título le piden, para que lo olvidado y lo desechado conserven su carácter de desmemoria y abandono.

La sugerencia del título, que alude a esos viejos papeles olvidados que todos hemos encontrado alguna vez, traspapelados en cajones o estanterías, se ve remarcada (pero de ninguna manera enmarcada) por las maderas de desecho sobre las que se exponen los dibujos; deterioradas tablas que, en puridad, no son en absoluto un sostén para la exhibición de los dibujos, sino parte inseparable y necesaria de la obra.

Viejas hojas de papel y viejas maderas que interactúan y conversan, en un flujo con el que modifican las unas la significación de las otras, proponiendo una afectuosa mirada a la acción del paso del tiempo, enfatizada con la iteración, la superposición de elementos desgastados, que, al ser rescatados del olvido, dejan de parecer desechos para resignificarse, para resucitar en forma de agridulces nostalgias.

Recuerda entonces la exposición aquellas «pequeñas cosas» a las que rindió homenaje Joan Manuel Serrat, solo que, en la versión de Serrat, «nos tienen tan a su merced que nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve»; por el contrario, en la propuesta de Rolandi no provocan lágrimas, sino que convocan una agridulce sonrisa cómplice y esto es porque transmiten intensamente a quienes enfrentan la obra la sensación de que esas maderas y esos papeles podrían perfectamente ser nuestras hojas perdidas, nuestras maderas desechadas.

Así pues, en las obras de Rolandi los desechos se rehacen, hojas sueltas y maderas descartadas cobran esa nueva vida, cargada de la valiosa significación con la que la añoranza engalana y dignifica, aunque no sin dotarlas de un punto de desazón, todas aquellas cosas que nos hablan de un pasado que solamente podemos recuperar en el encuentro de algún objeto que dispare nuestra memoria y, desde luego, esas hojas sueltas y esas maderas rescatadas tienen el poder de llevarnos a ese universo en el cual las cosas, como decía Valle-Inclán, son como las recordamos y no como son, ni siquiera como fueron.

De hecho, este homenaje de Carlos Rolandi tiene la tensión exacta que construye las buenas nostalgias: solo es posible añorar a través del encuentro de un recuerdo con un olvido… El papel un recuerdo, la madera un olvido o, quizás, por el contario, las hojas un olvido y las tablas un recuerdo, eso dependerá de la mirada que observa la intensa conversación que mantienen las hojas y las tablas, hablándonos de un pasado perdido y de un presente recuperado.

Había dicho al principio que Rolandi regresaba a su primer amor, pero en realidad al regresar encontró algo nuevo. Como reza esa frase tan poderosa que cada quien adjudica a su pensador favorito: «Jamás es el mismo hombre el que parte y el que regresa»; tampoco el lugar desde donde partimos será el mismo cuando regresemos y mucho menos es el mismo artista el que inició su andadura y el que siente la necesidad de retornar a los orígenes.

Así Rolandi regresó a su pasado para encontrar y ofrecernos algo totalmente nuevo… Curiosa paradoja que lo nuevo sea un delicado y sugerente homenaje a la nostalgia, delicado equilibrio entre la memoria y el olvido el que permite que la sensación de añoranza provoque sonrisas agridulces, pero nunca lágrimas, y roce la frontera del sentimiento de pérdida sin llegar a ser nunca tan urticante para desembocar en techaga’u.

«Hojas sueltas», de Carlos Rolandi

Carlos Rolandi nació en Quyquyhó, es licenciado en Artes Plásticas por la Universidad de París VIII (Francia), realiza exposiciones de grabado, dibujo, pintura y collages desde 1983 dentro y fuera de Paraguay y dirige el Atelier Carlos Rolandi en Areguá. Su muestra «Hojas sueltas» se puede visitar en la galería Casa Mayor (Malutín 263, entre Olegario Andrade y Guido Spano, Asunción) hasta el 30 de noviembre.

angell.luis@gmail.com

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