Faust Apocalipsis (II): Sentando las bases

En esta serie sobre la larga y accidentada historia del proyecto de un equipo de actores, iniciado en el 2019, en cuyo camino se cruzó la pandemia y que terminó realizándose en agosto del 2022, el maestro Agustín Núñez nos ilustra sobre el arduo y delicado trabajo, las dificultades y las emociones de esa aventura, desconocida muchas veces para el público, que es el trabajo artístico.

La obra teatral "Faust Apocalipsis: el origen del mito"
La obra teatral "Faust Apocalipsis: el origen del mito"

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Al asistir a la obra de teatro Faust Apocalipsis, otro de los aspectos que llamó la atención fue la magnitud del trabajo invertido en su realización, tanto por lo multidisciplinario del espectáculo como por la cantidad de actores y actrices que conformaban el elenco.

Optar por el uso de un espacio no convencional significa asumir una labor delicada que requiere mucha planificación, paciencia y capacidad de negociación y de adaptación a sus particulares circunstancias. En este caso, se tomó como espacio escenográfico el barrio Ricardo Brugada (la Chacarita), comunidad situada en la periferia de la bahía de Asunción y con una población de tipología muy variada. La parte alta se caracteriza porque la mayoría de los que allí conviven son personas de sólidos principios y con un gran interés en el desarrollo de la comunidad, mientras que en zonas más bajas, encontramos perfiles diferentes, que incluyen hasta delincuentes que se refugian en esa parte inferior, cercana al río. A veces, en ese sector se desatan verdaderas guerrillas y violentos enfrentamientos entre ciertos grupos del barrio.

Como trabajo inicial se tuvo presente que para convivir con ellos durante el tiempo que duraran los ensayos y presentaciones, había que realizar un largo y cuidadoso trabajo de visitas casa por casa, individuo por individuo, para explicar en qué consistía el proyecto, cómo y cuándo se llevaría a cabo.

Para "Faust Apocalipsis" se tomó como espacio escenográfico el barrio Ricardo Brugada (la Chacarita)
Para "Faust Apocalipsis" se tomó como espacio escenográfico el barrio Ricardo Brugada (la Chacarita)

Un derrotero, una travesía

Este proyecto está marcado por una larga y difícil historia atravesada, desgraciadamente, por la pandemia de Covid 19. Los que conocemos a su directora, Raquel Martínez, sabemos que se caracteriza por la exigencia extrema en el trabajo físico en la preparación de su elenco. Por supuesto, eso requiere tiempo, disciplina, constancia y presencia física.

Esta nueva aventura teatral empieza en diciembre del 2019 en que el grupo se re encuentra e inician ensayos partiendo de un fuerte entrenamiento psicofísico, ya que es un trabajo enmarcado dentro de las bases propuestas por Antonin Artaud (teatro de la crueldad); es decir, un teatro expresado en forma visceral que compromete física y psicológicamente al actor y puede llegar hasta las últimas consecuencias. Busca, además, convocar a actores y espectadores en un mismo ritual, envolviéndolos con la cercanía y hasta involucrándolos como participes en determinados momentos de la acción. Dentro de este ritual se considera también un espacio para ciertas partes o fragmentos que puedan ser adaptados o modificados de acuerdo a las circunstancias, sumando así espontaneidad, elemento importante en este tipo de teatro.

Pero para lograr todo esto es necesario un entrenamiento de marcado rigor y complejidad, al que el grupo se sometió en los meses de enero y febrero del 2020. De pronto se atravesó ese ángel exterminador, esa plaga mundial, la pandemia de Covid 19, modificando en forma abrupta y sustancial las condiciones de vida en todo el mundo.

Los miembros del grupo, por supuesto, también se sintieron muy afectados en sus encuentros y entrenamiento, ya que era imposible realizar a distancia este tipo de trabajo. Buscaron entonces formas de compensar el contacto directo y, al no encontrarlas, tuvieron que resignarse a mantener el vínculo de los ensayos aunque fuera por medio de plataformas como Zoom, tratando de no desistir en la realización del proyecto.

En ese tiempo de encierro se aprovechó para reforzar la parte intelectual, el análisis del texto, las circunstancias, la inclusión de otros escritos relacionados con la idea central y sobre todo para imaginar futuros encuentros al aire libre respetando estrictamente el protocolo de seguridad. Se pensó que esto se podía hacer entre mayo y junio, y así fue. Afortunadamente, encontraron un amplio espacio al aire libre que les permitiría mantener la debida distancia entre actores estipulada en el protocolo (junto con el uso de tapabocas, desinfectantes y demás medidas). No obstante, el trabajo resultó sumamente difícil, ya que los ensayos se realizaban con temor, con la siempre latente posibilidad de la infección y hasta de la muerte.

Pese a todo, el grupo decidió seguir. Es entonces cuando aparecen entre el elenco dificultades e imprevistos, entre ellos los grandes problemas laborales de despidos y reducción de sueldos. Sin embargo, siguieron firmes a punta de optimismo y con la idea de que en el 2021 la obra se podría estrenar. Se pensó entonces en posibles espacios donde representarla, y así surgió la idea de hacerlo en el Museo de la Ande, cuyo director, el ingeniero Maricevich, estaba cumpliendo su tiempo de jubilación. Se contactó con él y en principio se sintió muy atraído por la propuesta y la apoyó hasta donde pudo, dentro de las circunstancias reinantes. Todo parecía pintar bien hasta que de pronto hubo un cambio de directivos y se cerró la Ande, supuestamente por dos semanas que luego se alargaron a dos meses. Finalmente, en marzo del 2022 este Museo se cerró por tiempo indefinido. Así murió el sueño de montar la obra en ese lugar y el grupo se quedó sin espacio físico donde presentar el espectáculo.

¿Y ahora qué hacemos?

Era el inicio del 2022 y había que seguir en la búsqueda de ese teatro-templo donde imaginaron que habitaría Fausto, acompañado de sus fantasmas, sus sueños, sus recuerdos y sus temores. Uno de los actores propuso el Agujero de Vysoka, en el Barrio Ricardo Brugada, y parte del elenco fue a hacer un relevamiento visual y espacial del lugar para presentarlo como posible opción a la directora. Ella fue a conocer el sitio, pero no era lo que imaginaba. Le resultaba extremadamente pequeño para la concepción que tenía de la puesta en escena. Grande fue la desilusión de todos, porque, una vez más moría la posibilidad de dar con el lugar adecuado.

Sin embargo, esto no duró mucho. Al salir, Raquel observó las pintorescas calles del barrio, la circulación tranquila, la vida familiar en las ventanas, en los balcones, en los portones y puertas de las casas, las familias saliendo con sus sillas que a tomar «el fresco de la noche». Allí mismo, su imaginación dio un giro y concluyó: «Aquí lo vamos a hacer y va a tener un carácter callejero». A partir de eso, vuelve a replantearse el proyecto.

En el tiempo de encierro forzado, la directora incursionó en el Fausto de Goethe, estudiando paralelamente a otros pensadores, novelistas y dramaturgos que de alguna manera tenían cierta articulación con este tema. Podemos decir que en parte fue el rédito del tiempo de pandemia. Pero por el largo tiempo de desarrollo del proyecto y por varias otras circunstancias, a veces impredecibles, gran parte de los actores fueron abandonando el grupo y los que quedaban estaban a punto de agotar sus reservas. No obstante, Raquel, con temple de hierro y en el rol de «capitana del barco», evitó su hundimiento con los que le acompañaban en ese momento. Y con calidad de orfebres fueron reconstruyendo pieza por pieza el grupo, el texto, la propuesta. Se volvió a hablar del entrenamiento presencial, de reincorporar compañeros que ya no estaban y, además, de invitar a nuevos valores que simpatizaban con el grupo y con Raquel. Es así que se logra iniciar la parte final de este viaje.

El siguiente paso: ¿y con qué lo hacemos?

El otro gran problema era cómo subvencionar el espectáculo. Si bien consiguieron ayuda del Fondo Municipal de Ayuda a las Artes Escénicas, dadas las circunstancias y la magnitud del proyecto, esta resultaba mínima. Había que empezar a desarrollar otro proyecto paralelo para la captación de fondos. Era un momento económicamente duro, ya que la mayoría de la población había sobrevivido gastando hasta sus ahorros. Entonces era casi un sueño conseguir más fondos. Y es así que surgió la idea de montar una obra infantil, La fábrica de las palabras, adaptación libre de un cuento homónimo de la directora (Raquel Martínez), que les permitió la captación de cierto capital de base para costear los gastos de producción.

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