Buscadores de la realidad

Este artículo tiene 14 años de antigüedad
Imagen sin descripción

Escasamente veintidós años vivió el joven poeta René Dávalos, pero dejó una breve obra lograda en madurez de reflexión e intensa imaginación. En un país como el Paraguay, el destino de sus poetas y escritores es, muchas veces, trágico. Si no mueren jóvenes (René Dávalos, Nelson Roura, Miguel Ángel Caballero Figún, Eladio Battilana de Gásperi), los envuelve un proceso tumultuoso que impide el acceso a la plena madurez creativa. Si no son frutos arrancados antes de tiempo, son frutos malogrados por el tiempo. Se trata de plantas de una tierra estéril, una sociedad indiferente a la labor creativa y adversa a la poesía. Por el contrario, se impone en la vida, antes que lo creativo e imaginativo, la aspereza de la monótona, el lugar común, la vulgaridad, la fealdad y lo convencional. René Dávalos palpitó con las inquietudes de su tiempo, una década de protestas y de agudos replanteamientos respecto a los problemas de la sociedad y de reivindicación de un colorido vital, con pletóricas divisas de amor y paz.

Nuestro joven y talentoso poeta dejó escritos en prosa en los que perfiló una crítica inteligente y bien fundamentada, acorde con las nuevas orientaciones del pensamiento y reflexión de esa época. Además, dejó un hermoso volumen de versos bajo un título muy sugestivo: Buscar la Realidad.

Podemos preguntarnos hoy a qué realidad se refirió el poeta y prosista René Dávalos. Y podemos intentar trasuntar su alcance, refiriendo primeramente de la verdadera realidad, que es el mundo platónico de valores, hoy negado por la imposición más bien de un código de antivalores, que predispone a la injusticia y a la opresión. “Y a una vida sin tiempo ni pecado te llevará”, dice René Dávalos en una parte de su poemario.

La otra acepción de realidad, afín con la primera, se la puede entender como una indicación lúcida y honesta de los males sociales e individuales —tales no son contextos divergentes— provista de un acerado escalpelo de médico (Dávalos era estudiante de Medicina de los últimos años), describiendo en el tejido social los tumores infectos y patológicos, requirentes de una hábil cirugía.

La crítica de Dávalos, por sincera, molestó a algunas personas afectadas por ella. La juventud no tiene aún maculadas páginas de historia personal, y no se halla todavía tocada por las compras de conciencia y la necesidad de componendas e indignas renuncias. La juventud pone el dedo en la llaga y la ánima una gran franqueza y expresión de pureza. De esa forma, el poeta René Dávalos legó a la poesía y la cultura paraguaya un poderoso y sano ideario crítico.

Dijimos que en el Paraguay los poetas y creadores mueren jóvenes y no solo por la ciega de la muerte física; incluye además el hecho de que todo poeta, avezado en el vivir, se ve en algún momento en la alternativa —debido a las presiones sociales, los requerimiento vitales, y las tentaciones y ofertas de la vida burguesa con su proyecto “exitista”— de renunciar, abandonar definitivamente la labor poética y creativa. Ello en consonancia con aquella conocida frase de que es fácil ser poeta a los veintidós años, pero es difícil ser veintidós años poeta.

Dávalos, si bien tocado por la cruel parca, con ella, sin embargo, se hizo ganoso de fama precoz y de gloriosa inmortalidad. Su juventud es un tipo de juventud inagotable y eterna. Dávalos siempre es joven —será siempre joven— y nos saluda (saluda al mundo “witmaniamente”, en la acertada expresión de otro poeta) con fervor de poeta y hombre que ha dicho la verdad prístinamente. Se suele citar a este respecto la frase atribuida al filósofo Nietzsche: “Di tu palabra y rómpete”. La palabra de Dávalos entonces constituye un legado impar. El testimonio de Dávalos es aún más preciso y valioso, por cuanto fue erigido durante la plenitud de una dictadura feroz.

Ha habido otros poetas en la misma generación de Dávalos, cultores de un estilo poético muy cuidados y preciso, repleta de felices imágenes y metáforas. Véase la poesía de un Nelson Roura, que puede ser asiduo expuesta sin reticencias y que no avergüenza, por ser fruto del asiduo estudio e investigación, como del buceo necesario en la tradición poética, a las mejores muestras válidas de la poesía encumbrada de nuestro tiempo. Pero pocos poetas han dado una voz original y ceñida a la verdad poética, a la verdad humana y social, como René Dávalos. Homónimo de aquel otro René. Elegíaco y místico puro y de gran fe poética, quien incluyó entre otros autores positivamente en nuestro poeta: Rainer María Rilke.

Debemos decir finalmente que en toda nuestra labor poética e intelectual hemos tenido bien presente a René; su vida y su obra han sido una forma de iluminación en nuestros emprendimientos literarios. En él hemos persistido hasta hoy. Y porque pensamos que él como poeta ha merecido en su labor trunca una continuación. Nos sentimos en pobreza intelectual y poética para esa especie de deber. Pero creemos que todo poeta intelectualmente paraguayo posterior a René Dávalos, por respeto a la tradición poética y, no solo por ello, por respeto al requerimiento de las elevadas musas, debe partir del legado contemporáneo de la poesía de René; obra donosa, purísima como bebida de la sagrada fuente Hipocrene (que purifica y hace renacer).

Poeta, abogado, lingüista

Colabora en revistas nacionales y extranjeras.