El Ateneo Paraguayo, el ateneísmo y la cultura paraguaya

Fresco habrá sido el día 28 de julio de 1883, cuando un grupo de distinguidos intelectuales, nacionales y extranjeros, resolvieron crear un centro cultural en nuestro país que tanta importancia luego tuvo en el territorio nacional.

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Así, en la fecha dicha, reunidas en la casa de Adolfo Decoud (entonces miembro del Superior Tribunal de Justicia), 17 personas se dan en crear el Ateneo Paraguayo, institución de gran valía en la historia de la cultura paraguaya y que con pocas variantes o interrupciones prosigue hasta hoy su labor de 130 años de vigencia. En efecto, ella duró tanto por el nombre como por el espíritu que tuvieron sus hombres. Estos primeros nombres del Ateneo son: Ramón Zubizarreta (español-vasco), Guillermo Stewart (inglés-escocés), Benjamín Aceval, Antonio Codas, Adolfo P. Carranza (argentino), Alejandro Audivert, Braulio Artecona, S. Cardozo, Abdón Álvarez, Juan Martín Yunis, Gerónimo Pereira Cazal, Cecilio Báez, Leopoldo Giménez de Tera (mexicano), José Billordo, Alfredo de Roche Farías (brasilero) y, por supuesto, el dueño de casa. De entre los nombres extranjeros cabe destacar el de Adolfo P. Carranza, que llegara a director del Museo Histórico Nacional de Buenos Aires.

Para ubicarse en el espacio-tiempo, el Paraguay, a escasos 13 años del término de la Guerra Grande, tenía unos 320.000 habitantes y Asunción llegaba a 40.000. Era presidente del país, el Gral. Bernardino Caballero. Existía mucha prensa y libertad de expresión.

Existían varios Ateneos en el mundo: el de Madrid, el de Montevideo, el de Santiago de Chile. En este último, 19 años después, dará una charla el Dr. José Segundo Decoud sobre “Literatura Paraguaya”, de alto porte y buen análisis crítico.

Lo novedoso en el caso paraguayo es que en un ambiente apenas resurgente de la guerra había un espíritu de innovar, de crecer, de democratizar el ambiente y la libre expresión. Entre 1895 y 1905 surgía un movimiento con nombre muy prominente y obra, por supuesto destacable: el “Novecentismo”, tan bien estudiado, entre otros, por el maestro Raúl Amaral.

Creo que no se hizo aún buen análisis del ateneísta, cuya obra presente está en la reconstrucción de la educación y la cultura paraguaya. Este Ateneo Paraguayo o, más propiamente, primer Ateneo, sesionaba periódicamente, y realizaba charlas y conferencias sobre temas muy puntuales. Casi todas esas conferencias se reunieron en texto (son unas ocho) hoy casi inencontrables.

El Ateneo no duró mucho tiempo. Para 1887, la situación política (creación de los partidos tradicionales) conspira contra la reunión permanente de ella. Desde ese año, la prensa dejó de mencionar sus reuniones. La entidad dejó de existir, pero el espíritu no.

Para 1895, un grupo de 14 personas constituyen el Instituto Paraguayo, que va a durar hasta 1934. El Instituto Paraguayo es una entidad de solera que va a tener el prestigio que sus miembros y su revista lo ameritaban. Los 14 primeros miembros son: Eduardo Amarilla, Vicente Cabrera, Manuel Carvallo, Eustacio Casco, José Chiriani, Leopoldo R. Elizeche, Carlos L. Isasi, Ramón Lara Castro, Juan F. Pellegrini, Teófilo R. Saldívar, Cleto de Jesús Sánchez, Nicola Pellegrini (italiano), Daniel Aguirre y Manuel Gameza (estos dos últimos, argentinos).

A su vez, en 1913, un grupo de universitarios paraguayos crea el Gimnasio Paraguayo, de cuyo centenario nos hemos ocupado hace poco, en este mismo diario, en ocasión de recordarse su aniversario. El Gimnasio Paraguayo va a durar también hasta 1934, en que por resolución de su directiva y socios, al unirse con el Instituto Paraguayo, por obra bien medida del ministro de Justicia, Culto e Institución Pública, Dr. Justo P. Prieto, resolvieron las dos entidades fusionarse en una sola bajo el nombre, de nuevo, Ateneo Paraguayo, y que ya desde esa fecha hasta hoy prosigue su labor.

El ateneísmo en la cultura paraguaya

La obra del primer Ateneo Paraguayo no se circunscribe a la creación del mismo. Fue mucho más que eso.

El Ateneo Paraguayo (1883) es la primera gran institución que surge en el país tras la Guerra de la Triple Alianza (1864/70). De hecho, si lo convertimos en iniciativa privada, es el que comienza la resurrección cultural nacional. Intentos hubo durante el gobierno de los López (1841-1870), de las manos del español Ildefonso Bermejo, pero no se definieron por la estructura política entonces vigente.

Entre 1870 y 1883 van a haber otras tenues iniciativas que no llegaron a prosperar. De hecho, entre esos años, la labor redentora le va a corresponder en forma escueta a la prensa. Esta contiene citas de libros, transcripciones de autores y, sobre todo, va a crear la conciencia de que existan diversos tipos de opiniones, antes algo inadmisible.

Uno de los grandes ateneístas, el Dr. Benjamín Aceval, fue en 1877 a EE. UU. como delegado paraguayo al estudio del presidente norteamericano Rutherford B. Hayes, del arbitraje sometido al gobierno de ese país, en la zona que hoy casi abarca el departamento de Villa Hayes, en el Chaco. Victorioso el Paraguay por el laudo del Pte. Hayes y vuelto al país, el Dr. Aceval es recibido por el pueblo y el gobierno. Se le ofrece el Ministerio de RR. EE. como reconocimiento a su labor. Pero él lo rechaza. Pide y se le da la dirección del Colegio Nacional, recientemente creado. Consideraba el Dr. Aceval que el cambio del país y su futuro ascendente vendrían por obra de la educación. Y fue su primer e ilustre director.

El Colegio Nacional es el primer instituto formal de nivel secundario de nuestro país y era la base indispensable para llegar a tener la ansiada universidad en el país.

En la creación del Colegio Nacional, cabe mencionar, tuvo actuación fundamental el Dr. José Segundo Decoud. A su vez, la dación de su persona –y talento– por parte del Dr. Aceval son sustantivos para la definición escolar del Colegio. No en balde el mismo es ateneísta de la primera hora, al figurar entre los miembros fundadores. Ocupará posteriormente el mismo cargo en el Colegio Nacional, el Prof. Cleto de Jesús Sánchez, también mentor del Ateneo Paraguayo.

Al surgir, en 1889, la ansiada Universidad Nacional de Asunción, su primer rector fue el Dr. Ramón Zubizarreta. El primer (y mejor) egresado de la Facultad de Derecho: el Dr. Cecilio Báez (1893). Decano y profesor de la Facultad de Medicina es el Dr. Guillermo Stewart. El primer estudioso formal de nuestros derechos en el Chaco Boreal será el Dr. Alejandro Audivert (jurista, político), quien publicará un valioso libro de investigación sobre nuestro límites. Es importante señalar que todos ellos son ateneístas.

Ese espíritu creativo, para sí y por la patria, se halla en el Instituto Paraguayo (1895-1934), en sus hombres y en su famosa revista.

De igual manera, el Gimnasio Paraguayo (1913-1933) tendrá como serie de originalidades, tales como su revista “Anales”. Sus charlas, conferencias; su aplicación al arte indígena, a las manualidades, a la cocina, el alimento y pan nacional. Y, desde luego, en saber destacar la obra de la mujer en la cultura, dándole protagonismo a esta. En estos dos centros, en sus actas, en su obra, perdurable y memorable, se nota prístino el ateneísmo.

Con la recreación, en 1934, del Ateneo Paraguayo por la fusión de las dos entidades predichas, surge con más fuerza todavía esas ganas de hacer algo especial y notorio.

Desde 1934, el Ateneo Paraguayo tuvo a su frente, entre otros, al: Ing. Baltazar Ballario, al Dr. Hipólito Sánchez Quell, al Dr. Juan Francisco Recalde, al Sr. Luis Alberto Vierci, al Dr. Juan Boggino, al Dr. Cipriano Codas, a Francisco Barreiro Maffiodo, al Dr. Percio da Silva, al Dr. Jorge Raúl Garcete. La revista que reaparece con fuerza, desde los años 30, prosigue publicándose hasta 1970 con un material valioso. Se enseñaba: música, canto, ballet, letras. Se creó el Centro de Estudios Antropológicos, de manos del Dr. Adriano Irala Burgos, lastimosamente llevado sin autorización a la Universidad Católica. La Compañía de Comedias del Ateneo, primero bajo la dirección de Fernando Oca del Valle, y luego con la de Mario Prono y María Elena Sachero, llevará a altos niveles el teatro. El Coro del Ateneo, bajo la dirección de la Prof. Isis de Barcena Echeveste, alcanzará sitiales inalcanzables. En artes plásticas: Jaime Bestard y Ofelia Echague Vera. En declamación: Gloria España y Elma Pompa, y en ballet: Elizabeth Laurent, hacían lo suyo. El Ateneo Paraguayo, en el periodo que va de 1934 a 1990, alcanzará sitiales múltiples.

Un párrafo especial del espíritu llamado ateneísmo lo tiene el hecho de que en 1950, al desearse crear Autores Paraguayos Asociados (APA), de manos de Epifanio Méndez Fleitas, se recurrió al destacado jurista Dr. Alfonso Capurro, no solo para hacer la primera ley especial sobre derecho de autor, sino para crear el centro aglutinante de artistas y escritores. Los dos nombrados recurrieron al Ateneo Paraguayo, entonces bajo la presidencia de Luis Alberto Vierci, y gracias a ese apoyo la entidad gremial dicha de tan notables progenitores.

LOS JUEVES DEL ATENEO

No podría omitirse lo que en la historia de nuestro país fueron los jueves del Ateneo Paraguayo. Entre 1955 y 1970, ininterrumpidamente todos los jueves, la institución brindaba actos públicos desde su salón de actos, con recitado, música, charlas, etcétera, que tenían tanto éxito de públicos que, llenado el salón, obligaba a los que entonces éramos jóvenes a seguir el acto desde la calle. Los mismos actos eran gratuitos y valiosos. Pero como los que actuaban en el Ateneo no tenían el carné del partido de gobierno y los actos eran masivos, motivó a que Autores Paraguayo s Asociados (APA) requiriera el pago de un canon por cada acto. Por ser gratuito, no había lugar al pago, pero por razones políticas, la imposición siguió, con lo que la entonces comisión directiva del Ateneo debió suspender esos encuentros, que desde entonces no se reanudaron. Extrañamente, el hijo (APA) mataba al padre (Ateneo Paraguayo).

Los desafíos del tiempo presente

El Ateneo Paraguayo se enfrenta al desafío del tiempo presente. No es fácil llevar la historia pasada y sufrir la comparación. El Ateneo Paraguayo, en su obra resurreccional, ha regularizado la situación patrimonial de sus inmuebles. Incluso han ampliado este acervo. Lo están equipando con mucha brillantez. Ponen énfasis en la parte musical y han adoptado un sistema para los muy jóvenes. Tiene creciente calidad de alumnos. Se desea reaparecer con la revista de la institución, hecho que es un desafío puesto que una publicación de una institución de ese nivel tiene gran trascendencia y expectativa. Se proyecta volver a desarrollar charlas, actos públicos en forma constante y, desde luego, ampliar las áreas de estudio. Todo esto está bien, pero es importante que la directiva transmita a los maestros y egresados la historia, la responsabilidad, y el mensaje moral y ético que conlleva formar parte del Ateneo, y consustanciarse así de ateneísmo, para la sociedad nacional.

Editor: Alcibiades González Delvalle - alcibiades@abc.com.py

(*) Abogado e investigador.

e_juridico_asuncion@hotmail.com

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