Mbo’e: educar en Paraguay desde la primera República

La historiadora Beatriz González de Bosio nos habla hoy de la exposición «Mbo’e: educar en Paraguay desde la primera República», que estará abierta al público hasta el 6 de octubre en el Centro Cultural Citibank.

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La educación es una de las áreas deficitarias del proceso histórico paraguayo en sus dos siglos de vida independiente, un recorrido que empieza con la frase: «Todo pende en el hombre de la instrucción», bando del 6 de enero de 1812 de los patriotas que formaban la Junta Superior Gubernativa bajo la presidencia de Fulgencio Yegros y Pedro Juan Caballero.

El Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, que gobernó de 1814 a 1840, inicio una política de enseñanza de primeras letras fuera del marco de la Iglesia Católica, que administraba la educación durante la Colonia. Pero esas primeras escuelas elementales de educación laica no adquirieron estatus de política oficial y ciertamente no eran gratuitas. «Minerva duerme mientras Marte vela» era la consigna para justificar tal negligencia. Se sabe que de libros se llegaron a hacer naipes. Carlos Antonio López, que gobernó de 1842 a 1862, ante la falta de personas educadas para conformar su burocracia, entendió la necesidad de una educación pública de calidad. Se embarcó en la contratación de profesores extranjeros, y las primeras cinco becas gubernamentales para estudios fuera del continente fueron otorgadas durante su gobierno. Se necesitaban ciudadanos capacitados para el despegue y el desarrollo del país.

La Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) significó una ruptura: el hijo y sucesor de don Carlos A. López envió jóvenes a Francia, pero para educación militar. Con aquella guerra, la educación prácticamente desapareció. La Constitución de 1870, de corte liberal, pronto dio frutos, pese a la indigencia del desolado país. Los mejores edificios sin propietarios fueron destinados a albergar instituciones educativas. Para 1877, se había fundado el Colegio Nacional de Enseñanza Secundaria y Superior. La Ley Educativa que lo fundó incluía la selección, por parte de los inspectores de Educación, de los mejores alumnos del interior del país, que recibían becas para concluir su educación secundaria en la capital, Asunción, a razón de dos «de familias pobres» por circunscripción electoral. Dada la importancia para la educación de la formación de maestros, fueron creadas las Escuelas Normales de Profesores. En 1889, una década después de la fundación del Colegio Secundario, fue fundada la Universidad Nacional de Asunción para completar la educación de la ciudadanía. Posteriormente, las becas universitarias al exterior también fueron una modalidad de los gobiernos de la era constitucional. Un detalle interesante es que, por recomendación del antropólogo Guido Boggiani, las primeras becas de estudios en Europa fueron para alumnos de Bellas Artes. Al llegar el nuevo siglo, el país tenía establecido un sistema de movilidad social a través de una explosión educativa.

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Los medios económicos, siempre escasos, de alguna manera surgían para poder llevar adelante las políticas educativas que antes que generosos presupuestos exigían compromiso personal de profesores, alumnos, padres de familia y administradores públicos conscientes de la envergadura de su apostolado de transformación social.

Entre los nombres de los beneficiados, que atravesaron todos los estratos sociales, podemos citar los de Blas y Eugenio Garay, Ramón Indalecio Cardozo, Cecilio Báez, Ignacio A. Pane, Fulgencio R. Moreno, Serafina Dávalos, Luis A. Riart, Eligio Ayala, Manuel Gondra, Manuel Domínguez, Adela y Celsa Speratti, por mencionar unos pocos que representan el éxito de una educación pública que les permitió, a pesar de la carencia de medios, llegar a las cumbres en materia académica y profesional. Hay muchos más, y fueron la prueba de que el sistema funcionaba y lograba los resultados esperados 

La Guerra del Chaco (1932-1935) contra Bolivia era ya una certeza en la década anterior, por lo que todos los recursos disponibles fueron utilizados para el adiestramiento en Europa de jefes y oficiales del Estado Mayor.

Hasta 1940, sin lugar a dudas, la clase dirigente paraguaya era egresada del Colegio Nacional. Los colegios privados tenían representación visible pero minoritaria en la primera mitad del siglo XX.

Un país es su educación pública, y eso se puede aplicar también a sociedades mucho más avanzadas que lo demuestran.

Para 1924, la Reforma Educativa de Ramón Indalecio Cardozo bajo el gobierno de Eligio Ayala tenía en cuenta las necesidades locales, tanto del campo como de las zonas urbanas, entendidas por profesionales que recurrieron a los más avanzados paradigmas de la ciencia educativa.

Con la Guerra del Chaco y su carga emotiva de nacionalismo y de excesivo patriotismo, con excusas nunca justificadas, como la de ser «excesivamente individualista» en el marco de los derechos constitucionales, se fue dejando de lado la Constitución del 70.

Esta politización influyó en la educación pública, pues las autoridades poco a poco fueron obviando el bienestar general en favor de una visión más partidaria e ideologizada. Se llegó al extremo de otorgar cargos en el magisterio en base a afiliaciones partidarias, con lo cual se terminó de prostituir el oficio y debilitar la idea de una educación ciudadana que, sin menoscabar a los partidos políticos, no se dejaba regir por los intereses mezquinos de estas agrupaciones. Instituciones como la Iglesia, la policía, el ejército y la educación pertenecían a toda la ciudadanía y no debían existir en esos ámbitos privilegios para nadie por su afiliación partidaria o sus creencias personales. La politización exacerbada se transmitió pronto a la educación. Y de las huelgas sindicales se pasó a las huelgas estudiantiles y a las intervenciones del Poder Ejecutivo en la Universidad, violando la autonomía. La educación pública empezó a decaer en calidad y resultados. No pocos profesores y alumnos sufrieron el exilio, y las familias preocupadas por la educación de sus hijos tuvieron que migrar a las instituciones privadas, que hasta entonces acompañaban a la educación pública desde un sitial similar pero suplementario.

Corolario de ese tiempo de desencuentros y carencia de claro liderazgo y voluntad política para una educación de calidad, esta exposición, con curadoría de Osvaldo Salerno y David Velázquez, nos recuerda que la educación en Paraguay es responsabilidad de todos. La excelente selección de la bibliografía y de los elementos recogidos de acervos, colecciones y patrimonios públicos y privados, que permiten reconocer los procesos y los cambios en este largo periodo de la historia de la educación paraguaya, es digna de reconocimiento. Aparecen desde la palmeta con la que se corregía a los niños hasta fotografías y libros de pedagogos emblemáticos. Se hace visible en esta muestra el devenir de la educación hacia un nacionalismo exacerbado, del cual inclusive el anticomunismo de la Guerra Fría se hizo eco.

Mbo’e: educar en Paraguay desde la primera República 

Centro Cultural Citibank 

(Mariscal López 3794 esquina Cruz del Chaco, Villa Morra) 

Del 6 de marzo al 6 de octubre 

De lunes a viernes 

De 9:00 a 18:00 horas 

Entrada libre y gratuita

beagbosio@gmail.com 

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