Una estación con historia

El martes fue el cumpleaños ciento cincuenta de la Estación de Ferrocarril de Pirayú: 27 de mayo del 2014, sesquicentenario de una estación que, a pesar de los embates de la Fortuna, se yergue con su brillante pasado, sus recuerdos, sus fantásticas leyendas. ¿Quién no tiene una anécdota, un viejo amor, un idilio feliz, un montón de memorias unidas a ella?

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Conozcamos algo de su historia. A fines de 1863, las construcciones ferroviarias aumentan raudamente. El ambiente es tenso, sombrío; se siente que algo raro se gesta. Los militares, en pos de un lugar estratégico para una escuela de formación de oficiales, llegan a Guazú Virá (luego Tacuaral, hoy Ypacaraí). Van acercándose al lugar ideal y deciden construir la sexta estación. Se trabaja con ahínco. Apremia la necesidad de un sitio adecuado para el que será llamado Campamento Cerro León. Por fin, señalado por Dios y amparado por la Cordillera de los Altos, lo encuentran. «¡Aquí!», dice el entonces general López. Y ahí se construyen los cuarenta pabellones del campamento (hoy quedan incólumes solo dos: la comandancia y la cuadra).

Resuelto este problema, aparece otro: ¿dónde construir una estación cercana? Dan con el lugar acertado: Pirayú, y ponen manos a la obra bajo la dirección del general Elizardo Aquino y los ingenieros ingleses, entre ellos George Thompson.

En enero de 1864 el coronel Florentín Oviedo ingresa como soldado raso al Campamento Cerro León; los generales Bernardino Caballero y Patricio Escobar son admitidos en marzo. También en marzo de 1864 se inaugura la Estación de Ypacaraí. Y el 26 de mayo de 1864, la Estación de Pirayú.

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Dos días después, El Semanario publica el relato del viaje inaugural del tren a la Estación de Pirayú, transportando al general Francisco Solano López, a su compañera, Elisa Alicia Lynch, a la comitiva presidencial y los invitados especiales y al pueblo en general. ¡Qué novedad habrá sido el tren, ese monstruo que escupía humo, lanzaba chispas y hacía un ruido infernal entre pitadas y chirriar de ruedas! Bajo la galería aguardaba el pueblo pirayuense, expectante y maravillado. Ciento cincuenta años después, tratamos de imaginar esa jornada en la hermosa estación, con su ancho arco que da al amplio zaguán, sus torres gemelas de cúpula cuadrangular, su galería de cinco lances sostenida por columnas de capitel corintio. Poco después, el 25 de mayo de 1869, víspera de su quinto cumpleaños, la estación cae en poder del ejército brasileño comandado por Gastón de Orleans, conde d’Eu, y queda sitiada hasta mucho después de concluida la guerra.

Y la Estación de Pirayú sobrevivió a la guerra, a los atropellos que esta trae consigo y a todo tipo de sinsabores, y hoy, enhiesta en su inquebrantable estructura, festeja orgullosa sus bien vividos ciento cincuenta años. Tal vez añore a sus chiperitas, esas sacrificadas mujeres de ayer sin las cuales la Estación se sentiría incompleta en su aniversario y a las que también homenajeamos este año con el Festival del Chipa Pirayú, nombre del delicioso manjar que ofrecían a los viajeros en la primera mitad del siglo XX. ¡Feliz cumpleaños, emblemática estación! Los hijos del valle de Pirayú te rendimos homenaje.

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