Ni más deudas ni más gastos lograrán la recuperación

Los motivos por los que Irlanda se convirtió en lo que se denomina un “tigre celta” por su notable vigorosidad económica está en la decidida estrategia de recortar el gasto público, liberar la economía, la austeridad y atraer empresas multinacionales mediante impuestos bajos y una mano de obra cualificada. Este país se separó del imperio británico en 1922. Al comienzo tuvo que soportar los efectos de las malas ideas y prácticas que lo convirtieron en una economía proteccionista con barreras arancelarias.

La pandemia por el covid-19 está causando estragos en nuestra economía. Mañana  presentarán plan de “reactivación” con más deudas.
La pandemia por el covid-19 está causando estragos en nuestra economía. Mañana presentarán plan de “reactivación” con más deudas.

Por fortuna y debido a las reformas aplicadas desde 1987 a esta parte, los irlandeses no solo se decidieron por una economía más abierta con un sistema impositivo pensado para incentivar al sector privado, sino también se percataron de que el Estado debía ser eficiente, pequeño, fuerte y transparente. Para ello liberalizaron el mercado de electricidad, el de telecomunicaciones y del transporte y con las medidas anteriormente citadas hicieron que el impuesto a las empresas sea el menor de Europa, los que aumentaron la producción y la productividad.

Todo ello, desde luego, no pudo haberse logrado sin la reducción de los déficits fiscales, que muestra el respeto por el dinero de los contribuyentes para que no siga siendo absorbido por los gobiernos, sumado a las llamadas regulaciones empresariales que se pusieron en práctica. Irlanda se fue convirtiendo en el país con la más alta calidad regulatoria, previsibles y fáciles de cumplir. Por ejemplo, los emprendedores pueden de manera fácil lanzar una empresa en menos de cuatro días, con trámites sencillos y a bajo costo.

Resultado de las reformas

El resultado de las reformas llevadas a cabo fue posicionando a este país entre los diez primeros del mundo con un Producto Interno Bruto (PIB) per cápita (que empieza a superar el promedio de los mejores países europeos). Esto pone nuevamente en evidencia acerca de que las reformas de libre mercado repercuten positivamente en la sociedad, lo que también afecta para que la educación irlandesa sea de calidad. Y para no entrar en detalles, cito el caso de la educación superior por el cual un estudiante para ingresar a una institución debe aprobar un riguroso certificado con conocimiento expreso de una lengua extranjera.

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Si de éxito se habla pues Irlanda es un ejemplo a tomar en cuenta, además se trata del país de Elisa Alicia Lynch, compañera hasta el último día del mariscal Francisco Solano López.

Cito a Irlanda porque es un ejemplo de lo que en su momento no se debe hacer y de lo sí hay que hacer. Lo que no hay que seguir haciendo es empantanarnos en el lodazal del estatismo que tenemos en Paraguay caracterizado por el mal gasto y el despilfarro del dinero de la gente, el endeudamiento sin reformas, los monopolios, el trámite y la coima, comparando con los logros victoriosos de una economía pujante debido a su libertad económica.

Sin embargo, en esta parte del mundo latinoamericano seguimos en la dirección equivocada, pese a que se hacen intentos por modificarla. Pero es que ese es el problema de fondo y más todavía ahora en plena pandemia. No se trata de intentar modificar haciendo algunos parches para luego continuar en lo mismo. Es suficiente el engaño al que fueron sometidos nuestros pueblos por las malas ideas y por los malos, ignorantes, de escasas luces y corruptos gobernantes.

Aquí algunos sesudos intelectuales y no tanto, siguen con la vieja cantinela de la escuela intervencionista keynesiana de estimular la demanda (y así siguen enseñando en los centros de estudios) cuando que el problema y sobre todo la solución es diferente. Todavía algunos predican que el desarrollo requiere de la promoción de la industria nacional, industria que ciertamente es importante.

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Absurdo proteccionismo

Pero que la industria nacional requiera de cierta protección arancelaria o de posicionamientos de privilegios en las contrataciones públicas es un absurdo y un contrasentido a la economía. Y no se trata de estar contra la industria nacional, de lo que se trata es que la misma debe crecer en competitividad en un ambiente de permanente innovación y creatividad que sólo puede darse si se expone a los rigores de otros oferentes, tanto internos como externos.

Está visto –porque se lee y se escucha con insistencia– que la prédica de políticas económicas basadas en la supremacía del Estado como un regente decisorio de la recuperación económica sigue en la mente y la literatura de académicos y burócratas. Y los dirigentes políticos, los verdaderos hacedores de la política y de los cambios, escuchan esos cantos de sirena y encuentran así la justificación para considerarse a sí mismos como lo más importante en la sociedad mientras que el individuo y la empresa son apenas circunstancias. Esto es un error grave. Ni gobiernos, ni los políticos, ni los burócratas ni el más preparado en materia de organización son el motor de la economía.

La iniciativa empresarial es insustituible. No obstante, lo que viene ocurriendo es que aquella mentalidad del atraso y de la obsecuencia que hace creer superior al político y por el cual hay que darle apoyo sin pedirle rendición de cuentas no solo afectó el modo de analizar la economía.

También se inmiscuyó en la política, la educación, hasta inficionarse en la administración de justicia. Permeó tan profundamente esta idea que los gobiernos con sus ocasionales funcionarios adquirieron tantas atribuciones que se mostraron soberbios y cerrados a los cambios, y de este modo, se consolidó la corrupción sistémica, como en efecto hoy padecemos.

Declaraciones juradas

¿Por qué extrañarnos de lo que muestran las recientes publicaciones de declaraciones juradas? Es el efecto del estatismo reinante por el cual los que amasaron fortunas están o fueron miembros del poder gubernamental. Sector en el que se direccionan y redireccionan multimillonarias partidas presupuestarias y otras formas de estímulos que posibilitan que de la noche a la mañana se consiga lo que el hijo del vecino – el hombre y la mujer común de la calle– luego incluso de años y hasta de generaciones de esfuerzo y dedicación honesta logra obtener.

Cambiar de una vez por todas este estado de cosas es posible. Deberíamos mirar más cerca, aquí mismo en el Paraguay.

Para tal efecto cito: “Un elevado cargo público ejerce una fascinación misteriosa en la opinión pública; sugestiona, atrae, excita la admiración, la envidia, cierta muda idolatría. El comerciante que con un brillante talento para los negocios y con su trabajo perseverante e inteligente ha hecho fortuna; el poeta que ha escrito inspirados versos, el catedrático de la universidad, que diserta y escribe con sagaz penetración, el juez probo y recto, el militar, el periodista, todos viven en triste oscuridad, ignorados, desdeñados, sino ocupan un elevado puesto político, sino son diputados, senadores o ministros”. Eligio Ayala (1879-1930 - Presidente del Paraguay).

Engaño

Es suficiente el engaño al que fueron sometidos nuestros pueblos por las malas ideas y por los malos, ignorantes, de escasas luces y corruptos gobernantes.

Error

Esto es un error grave. Ni gobiernos, ni los políticos, ni los burócratas ni el más preparado en materia de organización son el motor de la economía.

(*) Decano de Currículum UniNorte. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”; “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes”, entre otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

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