Tres virus: el de la pandemia, la recesión y contra la libertad

A diferencia de lo que pueda suponerse, existe un virus muy peligroso que no es precisamente el que conocemos como un agente infeccioso microscópico que se replica dentro de las células de otros organismos. No es este. Es un virus que causa todavía más daño.

Primer virus

El mismo se inicia con la lenta erosión, a veces mimetizada de buenas intenciones, de nuestras libertades. A veces es lenta su propagación. Pero luego ya resulta tarde si no recibe la debida respuesta. Pero antes de referirme al más dañino de los virus, vayamos al primer virus.

La primera lección que debemos aprender y como en efecto ocurrió en este caso con el covid- 19, es no repetir la delirante y absurda decisión de algunos de encerrarnos por medio de la coerción, creando los famosos “lock downs” o cierres de la economía.

Estos cierres han sido un error colosal. Ha sido la caída de la producción, de las ventas, del comercio, en suma, de la economía en su conjunto, y todo lo que ella implica. En especial los menos pudientes son los que más sufrieron y siguen siendo dañados.

Con las clausuras propiciadas por los gobiernos del mundo cayó el Producto Interno Bruto (PIB) como casi nunca ocurrió. En un momento dado tuvimos un shock de oferta y demanda. Los tecnócratas y políticos aprovecharon para hacernos ingerir su receta de siempre: pedir más Estado, más impuestos, más endeudamiento.

Sobre esto último en particular en este espacio desarrollé en plena pandemia mis ideas contrarias a aquellas decisiones.

Segundo virus

Pero no se crea que todo se debe a la pandemia. De ninguna manera. De hecho, muchos países entre ellos el nuestro, ya venían siendo afectados por la desaceleración de su economía antes del inicio de la pandemia.

El segundo virus se llama ralentización y luego recesión económica. Está entre nosotros y no retrocede. El decrecimiento de la actividad económica durante mucho tiempo no es un tema superficial y menos sus consecuencias.

Si hablamos de consecuencias de la recesión, la respuesta está en la notable disminución de la producción, del consumo, acompañado de desempleo y hasta de inflación. Este panorama no es precisamente para acostumbrarse como algunos sostienen, como si nuestro PIB solo pueda crecer a no más del 4% anual.

Los técnicos del pensamiento mainstream –el dominante a la fecha– y políticos vienen formando filas de modo casi incondicional a la necesidad de implementar medidas cuyo propósito es exigir fuentes de financiamiento para el Estado. La reciente tesis expuesta por el Fondo Monetario Internacional (FMI) así como también se dejó expresado en el último Foro Económico Mundial celebrado en la ciudad de Davos, considera la extrema necesidad de medidas como, por ejemplo, elevar los impuestos en todos los países del mundo.

Y no solo alzar los tributos, sino que imponerlos a los que ellos consideran son los más ricos, es decir, a los de elevado patrimonio. Esta propuesta, dicen con absoluta liviandad, debería ser temporal. Alegan la urgencia de ajustar las cuentas públicas, que a causa de la pandemia han sufrido una terrible afectación, con severas pérdidas en las recaudaciones tributarias.

Tercer virus

Llegamos ahora al tercer virus. Este por lo general resulta a veces poco entendido porque como la caída de la economía ha sido devastadora, entonces mucha gente cree que es mejor contar con la seguridad del Estado antes que considerar que en realidad lo que se pierde es la misma libertad.

Si el ingenio de los burócratas y políticos estatistas se eleva a su enésima potencia para hacer difícil la vida de las personas, con el tercer virus se reciben de lo que en el fondo siempre desearon. Es que para los que les encanta el poder por el poder, administrar la libertad de los demás para dar cabida a la seguridad, les resulta excitante. La oportunidad de disponer de la libertad y la propiedad de los demás tiene un aire demasiado fuerte de autoritarismo.

Este tercer virus caracterizado por el debilitamiento de nuestras libertades es tan peligroso que puede suceder en los lugares donde pocos se hubieran imaginado. Tomemos como ejemplo –porque es un hecho constatado por todos– lo que ocurre en Canadá, país de calidad institucional (al menos hasta hace poco) y muy desarrollado.

Los llamados “convoyes de la libertad”, miles de vehículos que participan en Canadá como en algunos países de Europa, en el que la gente protesta contra las decisiones de sus respectivos gobiernos llevó a que los Estados arremetieran contra los manifestantes y a los que colaboren con los mismos.

Los manifestantes dicen con razón que el pase sanitario y la imposición de vacunas experimentales a colocarse incluso a niños, consiste en una decisión que va más allá de lo sanitario.

En Canadá, para el primer ministro Justin Trudeau, las manifestaciones de los “convoyes de la libertad” debían ser respondidas con medidas que a cualquiera de nosotros nos llamaría por lo menos la atención, por aquí en el tercer mundo. Para empezar, el Gobierno congeló las cuentas bancarias personales y corporativas de los manifestantes y suspendió el seguro de los camiones, en este caso de los camioneros e incluso si hay alguna sospecha de apoyo hacia los manifestantes. “Considérense advertidos”, dijo el Gobierno.

Las autodenominadas “Caravanas por la libertad” que se expanden por otros países no son más que una forma de defensa que entienden las personas contra el poder desorbitado del Estado utilizado por los gobernantes para establecer imposiciones no solo absurdas sino también peligrosas.

Conclusión

Así como vamos, la presente pandemia, que debería ser considerada como una endemia, esto es, como una enfermedad que se da regularmente, está elevando el grado de infección del virus del autoritarismo contra nuestras libertades, como en efecto sucede en Canadá.

No es suficiente vencer al primer virus, el de la pandemia, como tampoco lo es salir de la recesión, el segundo virus. Lo fundamental está en hacer retroceder al tercer virus. Este es el populismo estatista que proviene del colectivismo autoritario que pretende destruir los principios constitucionales que hacen a las garantías de la democracia constitucional, la economía de mercado, la libertad y la propiedad privada.

Después de todo, solo con más economía libre bajo el imperio de la ley la gente podrá contar con la debida creatividad, inversión e incentivos para vencer a cualquier virus, sea una pandemia, una recesión o a los ataques a la misma libertad.

Ataques

Solo con economía libre bajo imperio de la ley se contará con creatividad, inversión e incentivos para vencer a la pandemia, recesión o ataques a la libertad.

Inflación

Las consecuencias de la recesión son la notable disminución de la producción, del consumo, acompañada de desempleo y hasta de inflación.

(*) Catedrático de materias jurídicas y económicas en UniNorte. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”; “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

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