El comportamiento interanual muestra que el crecimiento regional no fue lineal. Tras avances moderados en la segunda mitad de la década pasada, el punto de inflexión se observa a partir de 2021, cuando las remesas crecieron 26,5% interanual, en un contexto marcado por la recuperación pospandemia y estímulos fiscales en economías avanzadas. Desde entonces, si bien las tasas se moderaron, se mantuvieron positivas y estables, con un crecimiento de 7,2% en 2025. Este patrón confirma que las remesas se consolidaron como un flujo estructural y relativamente resiliente frente a shocks macroeconómicos.
El crecimiento de las remesas observado durante el 2025 fue marcadamente desigual entre países y subregiones. México se mantiene como el principal receptor de remesas, concentrando cerca del 35% del total regional. Sin embargo, a diferencia del promedio regional, los flujos hacia ese país registraron una caída de 4,5% interanual. Este desempeño contrastó con la dinámica observada en Centroamérica, que concentró el 32% de las remesas recibidas por la región y mostró incrementos superiores al 20% en los flujos. En Suramérica, que absorbió el 21% del total, las remesas crecieron alrededor de 11%, mientras que los países del Caribe, con una participación del 12%, registraron un aumento cercano al 9%.

Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), estas diferencias responden, en gran medida, a la reacción de los migrantes frente a un contexto de mayor incertidumbre en los principales países de destino, especialmente en torno a las políticas migratorias y al mercado laboral. En este escenario, se observó una mayor repatriación de ahorros y un aumento de la participación laboral de los migrantes, con más personas trabajando a tiempo completo en lugar de parcial, lo que permitió realizar envíos de mayor monto. En el caso de México, el comportamiento particular de 2025 se explica también por los envíos excepcionalmente elevados registrados en varios momentos de 2024, impulsados por condiciones cambiarias favorables. Este fenómeno generó una base de comparación elevada, redujo los flujos en 2025 y habría implicado el uso de una parte significativa de los ahorros acumulados por los emigrantes mexicanos.
Paraguay en el contexto regional

Paraguay exhibe una dinámica propia dentro del contexto regional. En términos de volumen, las remesas pasaron de US$ 422 millones, en 2014, a cerca de US$ 800 millones, en 2025, lo que implica casi duplicar los ingresos en poco más de una década. No obstante, la serie muestra una volatilidad mayor que la del agregado regional. Se destacan caídas pronunciadas, como la contracción de 18,7%, en 2014, y de 12,4%, en 2020, seguidas por recuperaciones muy marcadas, especialmente en 2023, con un crecimiento de 25,9%. Esta variabilidad sugiere una mayor sensibilidad de las remesas hacia Paraguay a cambios en el ciclo económico y en las condiciones laborales de los países de destino.
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En términos macroeconómicos, las remesas hacia América Latina y el Caribe equivaldrán en promedio a 2,5% del PIB regional en 2025, proporción superior a la observada en 2024, lo que indica que estos flujos crecieron a un ritmo ligeramente mayor que la actividad económica. No obstante, la relevancia de las remesas varía de manera significativa entre países. En Centroamérica y el Caribe, las remesas representan en promedio 13,3% y 10,0% del PIB, respectivamente, con casos extremos como Honduras, donde alcanzan 31,4% del producto, y Jamaica, con 17,0%. En México, pese a ser el principal receptor en términos absolutos, las remesas equivalen a 3,3% del PIB, mientras que en Suramérica su incidencia es considerablemente menor, con un promedio cercano a 0,9% del PIB.
En Paraguay, aunque el peso es menor, también se observa una tendencia al alza: de 1,1% del PIB en 2014 a 1,8% en 2025, aumento que refuerza el rol de las remesas como fuente complementaria de ingresos externos, con impacto directo sobre el consumo de los hogares y la estabilidad de la balanza de pagos.
En conjunto, los datos confirman que las remesas dejaron de ser un flujo marginal para convertirse en un componente estructural del entramado macroeconómico regional, con efectos cada vez más visibles, tanto a nivel agregado como en economías específicas, como la paraguaya.
Estimaciones del BID dan cuenta de que en la región las remesas suelen representar entre 6% y 23% de los ingresos de las personas migrantes, con montos mensuales que oscilan entre US$ 131 y US$ 648. Estos rangos permiten contextualizar el caso local que, si bien las remesas representan una fracción menor del total regional, su peso sobre el ingreso de los hogares receptores resulta significativo. En Paraguay, estos flujos cumplen un rol complementario en el financiamiento del consumo, especialmente en gastos cotidianos como alimentación, vivienda y transporte, además de salud y educación. A diferencia de países altamente dependientes de remesas, la economía paraguaya mantiene una estructura productiva y exportadora más diversificada, lo que reduce la vulnerabilidad macroeconómica asociada a estos ingresos.
En la comparación regional, Paraguay se encuentra en una posición intermedia: recibe más remesas que economías pequeñas del Cono Sur, pero menos que países con una diáspora más numerosa y concentrada en EE.UU. o Europa. Esta característica limita el impacto agregado de las remesas sobre el crecimiento económico, aunque a nivel microeconómico siguen siendo relevantes para un segmento de los hogares.
Gastos cotidianos
En Paraguay, estos flujos cumplen un rol complementario en el financiamiento del consumo, especialmente en gastos cotidianos.
Posición intermedia
En comparación regional, Paraguay está en una posición intermedia: recibe más remesas que las economías pequeñas del Cono Sur.

