El desafío del seguro en el Mercosur

Desde su creación en 1991 con el Tratado de Asunción, el Mercosur ha sido uno de los proyectos de integración más ambiciosos de América Latina. Concebido como un mercado común entre Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay –con Bolivia posteriormente incorporada y Venezuela hoy suspendida, y otros países asociados–, el bloque buscó articular una estrategia compartida de desarrollo, comercio e inserción internacional. El seguro, por su naturaleza transversal a la actividad económica, ocupa un lugar central en este proceso, sin embargo, el mercado asegurador sigue fragmentado por marcos regulatorios nacionales divergentes, políticas proteccionistas y ausencia de una autoridad supranacional que coordine estándares comunes. Esta situación contrasta con la experiencia de la Unión Europea, donde el sector asegurador logró consolidar un mercado único con reglas armonizadas y reconocimiento mutuo de normativas. En el Mercosur, en cambio, cada país mantiene su propio régimen regulatorio (unos más que otros), lo que dificulta la operación transfronteriza de las aseguradoras y limita la competencia regional sobre todo en materia de armonizar coberturas y riesgos.

El seguro cumple un rol estratégico en la integración, al mitigar riesgos empresariales y comerciales, protege las inversiones –esencial para atraer capitales–, facilita la estabilidad financiera mediante la distribución y diversificación de riesgos y canaliza el ahorro hacia proyectos productivos y mercado de capitales.

Si hablamos de “barreras”, en primer lugar, se tiene las legales. Existen múltiples barreras que han frenado la consolidación de un mercado regional de seguros en el Mercosur aún manteniendo la reserva de mercado (derecho inherente a cada Estado). Entre las más relevantes se encuentran principalmente las diferencias de solvencia y supervisión ya que cada país aplica criterios distintos en materia de capital mínimo, reservas técnicas y supervisión basada en riesgos. Las líneas de bajada devienen de países europeos o bien de Centroamérica y no precisamente de países del Mercosur y donde es distinta la cultura aseguradora. Debería existir cierta convergencia regulatoria por etapas, estableciendo estándares mínimos comunes en solvencia y reglas comunes de transparencia contractual como mecanismos de resolución de conflictos y educación financiera.

Con respecto al reaseguro siendo este un actor clave en la cobertura de riesgos de gran magnitud como catástrofes naturales, energía o infraestructura en los países del Mercosur han seguido caminos totalmente distintos, no se mira como bloque sino de manera particular y donde esta desalineación complica la construcción de un mercado regional integrado en materia de reaseguros.

Así, la integración en el sector seguros, además de la cobertura existente de responsabilidad civil internacional o comúnmente llamada “Carta Verde y Carta Azul” (logro del bloque) debería extenderse a los seguros de fianzas; a riesgos corporativos multinacionales y a grandes riesgos de infraestructuras. Consolidar un mercado “regional de reaseguro” con mejores coberturas y primas de cesión para la región.

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La experiencia europea demostró que la integración aseguradora es posible, pero requiere tiempo, instituciones sólidas y voluntad política. La UE avanzó mediante directivas comunes, supervisión coordinada y un marco jurídico supranacional.

El Mercosur no necesita replicar exactamente ese modelo, pero sí adoptar sus principios: cooperación, convergencia normativa y construcción de confianza entre los Estados.

De esta manera, la integración del Mercosur debe analizarse también como un camino de integrar su sistema asegurador, siempre por supuesto manteniendo la reserva de mercado como particularísimo de cada país, y tener en cuenta de que el seguro no es un accesorio del desarrollo sino es su columna vertebral financiera y de gestión de riesgos. Avanzar hacia un mercado regional de seguros exige por sobre todo armonización normativa, cooperación entre reguladores, y una visión estratégica de largo plazo en cuanto a asunción de riesgos y coberturas y esto no solo beneficiará a empresas y gobiernos, sino también a ciudadanos, inversores y al desarrollo de la infraestructura regional.

Supervisión coordinada

La Unión Europea avanzó mediante directivas comunes, supervisión coordinada y un marco jurídico supranacional.

(*) Abogado