El segundo, todavía peleando la tarifa de Itaipú con Brasil, nuestro eterno rival; ambos culpando a los centros de datos de todos los males y aterrorizados ante un futuro en el que resultan absolutamente obsoletos.
La realidad es cruda y sencilla: los paraguayos llevamos más de 15 años sufriendo cortes de energía cada verano. Esto no se debe al clima ni a la demanda creciente, sino única y exclusivamente a la inoperancia y desidia crónica de la ANDE.
La privatización llegará, tarde pero llegará. Porque la innovación y la eficiencia son atributos exclusivos de la empresa privada.
Esa discusión se cerró en los años 90, cuando el mundo entero entendió que el desarrollo industrial pasaba por privatizar las empresas estatales ineficientes. Hoy esa polémica es historia antigua.
La industrialización prometida con mano de obra barata nunca llegó, a pesar de tener los impuestos más bajos de la región y la energía más barata del continente. Seguimos siendo, en esencia, un país agrícola subdesarrollado. Sin embargo, en silencio y con mucha más fuerza, nos hemos convertido en imán de capitales extranjeros y de nómadas digitales.
Por cuatro décadas Paraguay fue reacio a los cambios estructurales profundos. La última reforma significativa ocurrió durante la presidencia de Nicanor Duarte Frutos, con la reducción de impuestos a las empresas.
Colorados y liberales han sido, en el fondo, lo mismo con distinto color: conservadores, de centro-derecha moderada. Ese conservadurismo nos mantuvo en el subdesarrollo… pero también nos salvó de los experimentos socialistas que destruyeron a nuestros vecinos: el breve gobierno de Lugo, los Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Lula y Dilma en Brasil y el resto de los “próceres” del socialismo del siglo XXI que hundieron a sus países en la miseria.
Hoy Paraguay es un safe haven real para el capital global. Asunción se transformó en una selva vertical de rascacielos que emergen entre el verde. Restaurantes y shoppings llenos de jóvenes extranjeros —nómadas digitales— que huyeron de las economías socialistas fallidas de Europa.
Cientos de blogs en todos los idiomas promocionan nuestro país como sinónimo de libertad, bajos impuestos y altísimo nivel de vida a bajo costo.
Miles de estos jóvenes, altamente productivos y sofisticados, ya viven, trabajan y tributan en Paraguay. No son oficinistas corporativos. Son “individuos soberanos” que usan dos herramientas principales: la inteligencia artificial para generar riqueza y los criptoactivos para acumularla. Y esto ya no es solo cosa de extranjeros; es el nuevo patrón global de los jóvenes.
Hace muchos años, mucho antes de que llegaran los grandes centros de datos, conocí en San Lorenzo a un chico de 19 años llamado Randy, quien, desde su habitación, con una inversión mínima (un préstamo de sus padres), minaba Bitcoin y Ethereum. Ganaba 1.700 dólares al mes. Abrió cuenta en un banco fintech suizo porque en Paraguay, a su edad, no podía explicar de dónde venía su dinero. Lo más impresionante no era su habilidad técnica, sino su comprensión profunda de economía y finanzas -conocimiento que parecía reservado solo para quienes habían leído a los grandes de la Escuela Austríaca-. Y Randy apenas había terminado la secundaria.
Hoy hay miles de Randys en Paraguay. Jóvenes de toda extracción: millonarios sin cuenta bancaria, otros que trabajan en oficios humildes (limpieza, construcción) pero viven con austeridad y acumulan fortunas en criptoactivos que harían sonrojar a más de un alto ejecutivo.
Estos jóvenes ya no pierden tiempo en las discusiones criollas de Canese, Ferreira o cualquier otro dinosaurio político. Prefieren escuchar a los verdaderos titanes: Jensen Huang (NVIDIA), Elon Musk (Tesla, xAI, SpaceX) y Frank Holmes (HIVE Technology), cuya empresa tiene más de 300 MW instalados en Paraguay y, en joint venture con TIGO, acaba de poner en marcha los primeros chips de IA en un data center Tier III para investigación conjunta con la Universidad de Columbia (EE.UU.).
Estos jóvenes se están preparando activamente para la era de la abundancia: entrenan su mente con IA y acumulan capital mes a mes, en criptoactivos que crecen exponencialmente con cada disrupción tecnológica.
Para ellos, la retórica política tradicional es una pérdida absoluta de tiempo. Preferirían que las grandes decisiones administrativas las tomara una IA: objetiva, científica y eficiente, en lugar de burócratas que durante décadas malgastaron los impuestos en sueldos y privilegios mientras la infraestructura del país se caía a pedazos.
Y aquí viene lo más poderoso: la llegada masiva de los grandes centros de datos de IA y Bitcoin no solo traerá tecnología de punta, hará que Paraguay dé el salto directo del subdesarrollo a la era de la abundancia, sin escalas, sin pedir permiso y sin mirar atrás.
Hacia la era de abundancia
Estos jóvenes se están preparando activamente para la era de la abundancia: entrenan su mente con IA y acumulan capital en criptoactivos.
