Paraguay queda hasta 129 puntos por debajo del promedio de la OCDE

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GENTILEZA

El resultado internacional confirma que el problema excede las secuelas inmediatas de la pandemia. En los países de la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) el promedio de 2025 alcanzó 482 puntos en ciencias, 463 en matemática y 461 en lectura. Frente al 2022, matemática cayó 9 puntos y lectura cerca de 14, mientras ciencias no mostró una variación estadísticamente significativa. La organización señala que los tres campos registraron sus menores promedios históricos. Paraguay necesita pasar de medir años de escolaridad a calibrar cuánto aprendizaje genera realmente cada uno de esos años.

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La tendencia es todavía más marcada en una perspectiva de diez años. Entre 2015 y 2025, el promedio de matemática de la OCDE descendió de 485 a 463 puntos, una pérdida de 22 puntos. En lectura pasó de 489 a 461 con una reducción de 28 puntos. La propia OCDE equipara esas caídas con algo más de un año de aprendizaje en matemática y alrededor de un año y medio en lectura.

En paralelo, cambió la forma en que los estudiantes procesan información. La proporción de los denominados “lectores apresurados (rápidos y erróneos)”, aquellos que responden rápidamente, pero con menor precisión, prácticamente se duplicó desde 2018 y llegó al 9% en 2025. La organización vincula el retroceso de la lectura con factores como menor lectura por placer, mayor exposición digital y dificultades para mantener la atención, aunque advierte que estas relaciones no deben interpretarse automáticamente como causalidad.

América Latina y el Caribe: una brecha de 4 a 5 años

La situación latinoamericana resulta más delicada. Los 13 países de la región que participaron en PISA 2025 se ubicaron, en promedio, 93 puntos por debajo de la OCDE en matemática, 83 en ciencias y 72 en lectura. El Banco Mundial (BM) toma como referencia una equivalencia aproximada de 20 puntos PISA por cada año de escolaridad a los 15 años. Bajo ese criterio, la región tendría una brecha equivalente a entre 4 y 5 años de aprendizaje respecto de los países de la OCDE.

El problema no se limita al promedio. El 76% de los estudiantes latinoamericanos no alcanza el nivel mínimo de competencia en matemática; en lectura la proporción es 59% y en ciencias, 57%. Los porcentajes correspondientes en la OCDE son 35%, 31% y 26%, respectivamente. Además, alrededor de 1 de cada 2 alumnos de América Latina y el Caribe presenta desempeño inferior al nivel básico en las tres materias al mismo tiempo, frente a 1 de cada 5 en la OCDE.

Entre 2022 y 2025, el promedio regional disminuyó 11 puntos en lectura y 4 en matemática, mientras ciencias se mantuvo estable. Ningún país latinoamericano consiguió una mejora estadísticamente significativa en lectura o matemática.

En ciencias hubo excepciones: Costa Rica, El Salvador y Uruguay estuvieron entre los sistemas que registraron mejoras.

Paraguay se distancia incluso del promedio regional

En el caso de Paraguay, el país enfrenta un rezago todavía mayor. Los estudiantes paraguayos obtuvieron 355 puntos en ciencias, 334 en matemática y 352 en lectura. Los promedios de la OCDE fueron 482, 463 y 461 puntos, respectivamente. La diferencia alcanza así 127 puntos en ciencias, 129 en matemática y 109 en lectura.

El contraste con ALC también es relevante. Si la región se encuentra 93 puntos por debajo de la OCDE en matemática, Paraguay registra una distancia de 129 puntos. En ciencias, la brecha regional es de 83 puntos frente a 127 puntos en Paraguay; en lectura, de 72 puntos frente a 109. Los resultados muestran, por tanto, que el rezago paraguayo no puede explicarse únicamente por las dificultades estructurales de la región.

Si se aplicara únicamente como referencia la equivalencia aproximada de 20 puntos por año utilizada por el Banco Mundial, la diferencia paraguaya respecto de la OCDE equivaldría a más de 5 años en lectura y a más de 6 en matemática y ciencias. Esa transformación debe interpretarse con cautela: no significa literalmente que cada estudiante haya perdido esa cantidad de años de escolarización, sino que permite dimensionar la magnitud de la distancia en aprendizaje.

La dimensión más preocupante aparece cuando se observa cuántos estudiantes alcanzan las competencias mínimas. En matemática, solo 10% de los jóvenes paraguayos llegó al Nivel 2 o superior, frente al 65% en la OCDE. Dicho de otra manera, aproximadamente 9 de cada 10 estudiantes paraguayos se encuentran por debajo del nivel básico de matemática.

En ciencias, apenas 24% alcanzó por lo menos el Nivel 2, frente al 74% en la OCDE. En lectura también llegó a ese nivel únicamente 24%, mientras el promedio de la OCDE fue de 69%. Más aún, el 69,4% de los estudiantes paraguayos presenta bajo desempeño simultáneamente en matemática, lectura y ciencias, uno de los porcentajes más elevados entre los sistemas participantes.

Las comparaciones regionales permiten dimensionar esa diferencia. En ciencias alcanzan al menos el Nivel 2 el 64% de los estudiantes de Uruguay, 63% de Chile, 50% de México, 48% de Brasil y 47% de Perú, frente al 24% de Paraguay. En matemática, Perú alcanza 30%, 3 veces el porcentaje paraguayo.

Los resultados recientes tampoco muestran una recuperación. Entre 2022 y 2025, el puntaje paraguayo cayó 21 puntos en lectura y 13 puntos en ciencias. En matemática disminuyó 4 puntos, pero la OCDE aclara que esta última variación no fue estadísticamente significativa. Frente a 2017, los resultados de matemática y ciencias permanecen en niveles similares, mientras lectura registra un desempeño inferior.

Existe, sin embargo, un elemento que debe incorporarse al análisis. Entre 2022 y 2025 aumentó en Paraguay la cantidad de jóvenes de 15 años elegibles para participar de PISA a pesar de la reducción de la población de esa edad. La OCDE interpreta esta situación como una señal de expansión de la cobertura de la educación secundaria hacia sectores anteriormente marginados. Parte de la caída en lectura y ciencias podría estar asociada a esa mayor inclusión.

En Paraguay participaron 6.510 estudiantes de 293 instituciones, representativos de aproximadamente 82.400 jóvenes de 15 años. La cobertura equivalió a alrededor del 80% de la población total de esa edad. El aumento del acceso constituye un avance, pero también cambia la naturaleza del desafío: una vez incorporados más jóvenes al sistema, la prioridad pasa a ser que permanezcan y, sobre todo, que aprendan.

PISA también aporta información sobre las condiciones en las cuales ocurre el aprendizaje.

En Paraguay, 48% de los estudiantes declaró que el ruido y el desorden interrumpen la mayoría o todas las clases de ciencias, frente al 31% en la OCDE. Asimismo, 44% señaló que sus compañeros no escuchan al docente, contra 29% entre los países de la OCDE. El Banco Mundial ubica a Argentina, Uruguay y Paraguay entre los países con los mayores problemas de clima de aula de la medición.

A ello se agrega el ausentismo. El 59% de los estudiantes paraguayos reportó haber faltado al menos un día de clases durante las dos semanas anteriores a la prueba, frente al 22% en la OCDE. Otro 59% declaró haber faltado por lo menos a una clase. En 2018, esos indicadores eran de 36% y 24%, respectivamente.

La tecnología presenta otra paradoja. Los alumnos paraguayos declararon utilizar dispositivos digitales dentro de la escuela durante 1,3 horas diarias para actividades de aprendizaje, por debajo de las 1,7 horas de la OCDE. Sin embargo, señalaron que los usan 1,8 horas al día para actividades de ocio dentro de la escuela, frente a 1,1 horas en la OCDE. Además, 38% informó que sus compañeros suelen distraerse con dispositivos digitales durante las clases de ciencias.

No todos los indicadores son negativos. El 86% de los estudiantes paraguayos manifestó que sus profesores muestran interés por el aprendizaje de cada alumno, frente al 69% en la OCDE. Un 80% indicó que el docente continúa enseñando hasta que los estudiantes comprenden y 85% afirmó recibir ayuda adicional cuando la necesita. Ambos porcentajes también superan los promedios de la OCDE.

El contraste es relevante. Un elevado nivel de apoyo docente declarado convive con bajo aprendizaje, ausentismo, desorden y distracción. El problema, por tanto, no parece limitarse al esfuerzo individual de los profesores. Los resultados apuntan hacia factores vinculados con la organización escolar, el tiempo efectivo de enseñanza, la heterogeneidad de los niveles de aprendizaje y la capacidad del sistema para corregir rezagos acumulados.

Una restricción para la productividad

Desde una perspectiva económica, PISA no mide solamente el desempeño escolar. También ofrece una señal sobre la calidad del capital humano que ingresará al mercado laboral durante los próximos años.

El Banco Mundial recuerda que dos de cada tres adultos ocupados de América Latina y el Caribe tienen, como máximo, educación secundaria. Para una gran parte de los trabajadores, las capacidades adquiridas en esa etapa constituyen la principal base de conocimientos con la cual participarán del mercado laboral.

Esto es particularmente relevante para Paraguay. Cuando 90,4% de los estudiantes queda por debajo del nivel básico de matemática y 69,4% presenta bajo desempeño simultáneo en las tres áreas principales, aumentan las restricciones para incorporar tecnologías, elevar la productividad, desarrollar empleos de mayor complejidad y mejorar los ingresos reales.

El crecimiento de una economía no depende únicamente de inversión física, infraestructura, acceso a mercados o estabilidad macroeconómica. También requiere capital humano capaz de interpretar información, resolver problemas, adquirir nuevas competencias y adaptarse al cambio tecnológico. En ese sentido, la brecha educativa termina convirtiéndose, con el tiempo, en una brecha de productividad.

Por tanto, PISA 2025 muestra que el desafío educativo de Paraguay ya no puede analizarse únicamente como un problema del sistema escolar. Cuando aproximadamente 9 de cada 10 estudiantes de 15 años no alcanzan el nivel básico en matemática y casi 7 de cada 10 presentan bajo desempeño simultáneo en matemática, lectura y ciencias, la consecuencia potencial alcanza al mercado laboral, la productividad y las posibilidades de crecimiento de largo plazo. Al mismo tiempo, la expansión de la cobertura secundaria constituye un avance que debe preservarse: incorporar a más jóvenes al sistema es indispensable, pero resulta insuficiente si la permanencia no se transforma en aprendizaje.

La discusión tampoco debería reducirse a cuánto se destina a educación. Importan los recursos, pero también su utilización, el tiempo efectivo de clase, la asistencia, la calidad de la enseñanza y la capacidad de detectar rezagos. Paraguay necesita pasar de medir años de escolaridad a medir cuánto aprendizaje genera realmente cada uno de esos años.

Capital humano

El crecimiento de una economía no depende solo de infraestructura, inversión física, acceso a mercados, sino de capital humano capaz de interpretar información.

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