Queremos convencernos de que si ganáramos un poco más, ya nos va a alcanzar. Pero ¿a quién le sobrará dinero después de su aguinaldo? ¿Cómo es posible que tampoco nos alcance cuando ganamos el doble? La respuesta está en los gastos. Por ello, la forma en la que gastamos, nuestros hábitos de consumo, son los que debemos corregir, independientemente de cuánto ganemos.
Juguemos en familia
Si queremos dominar a nuestros gastos y cuentas, entonces tenemos que conocerlos muy bien. Pongámoslos sobre la mesa y clasifiquémoslos.
En primer lugar, tenemos que implementar un juego de palabras con todos los miembros de la familia (empezando con nosotros mismos). Cada vez que vamos a comprar algo, debemos preguntarnos: ¿es una necesidad, un gusto o un capricho?
Esto no es para dejar de comprar lo que queramos; simplemente, nos permite hacernos conscientes de cuánto de nuestro dinero destinamos a cubrir necesidades, cuánto a gustos y cuánto a caprichos; de manera que, cuando la situación financiera precise de ajustes, no suframos recortando necesidades, sino que tengamos en claro abandonar los caprichos, en primer lugar, y en segundo lugar, los gustos.
Un simple ejemplo de una conversación familiar sería: –Papá, ¿me comprás un helado? –Bueno, pero antes respondeme: ¿es una necesidad, un gusto o un capricho? –¡Un gusto!
Ahora bien, si el niño solo quiere un helado de una marca específica que se consigue muy lejos o es la más cara, quizás ya no sea un gusto, sino un capricho. Estas pequeñas aclaraciones, realizadas incluso en forma de juego, pueden ir calando en el niño de forma que de adulto pueda tomar decisiones claras y de manera totalmente consciente.
Confundir todo lo que queremos con necesidad resulta uno de los mayores escollos para encontrar la tranquilidad financiera. Para comprender más claramente esta clasificación, podríamos elegir una necesidad y analizarla. Por ejemplo, la sed es una necesidad que puedo satisfacer con agua; pero si tengo “sed de gaseosa”, entonces no quiero satisfacer una necesidad, sino un gusto. En cambio, si lo que deseo es un jugo de frutas exóticas que solo se vende en un local exclusivo del shopping y a un costo elevado, lo que deseo satisfacer es un capricho.
Como se puede observar claramente, la satisfacción de la necesidad es más económica que la satisfacción de un gusto, y este, a su vez, resulta más barato de satisfacer que un capricho. La percepción de si es una necesidad, un gusto o un capricho es absolutamente subjetiva y varía entre las personas. Por ejemplo, la compra de un desodorante puede ser una necesidad, pero de tal marca y de tal aroma (ese que está de moda, que tiene una publicidad cool en la televisión), es un capricho.
Incluso, un mismo artículo puede ser necesario para una persona y superfluo para otra. Por ejemplo, comprar semanalmente carne de primera para las milanesas, es posible sea necesario para una familia, pero puede ser un lujo para otra, donde el menú, a lo sumo, solo incluye carne molida de segunda.
De ninguna manera estoy planteando que no te compres lo que quieres y te conviertas en un tacaño o tacaña. Evidentemente, el equilibrio de disfrutar el presente con la prudencia de cuidar el futuro es un arte de conocimiento personal y conversación familiar, en que debemos tener en claras las metas financieras para poder utilizar conscientemente el dinero.
Tenemos tres clases de gastos: los fijos, los variables y los superfluos. A efectos de nuestro presupuesto familiar, te sugiero que, para registrar los costos mensuales y realizar una proyección adecuada de los mismos, los clasifiques de la forma indicada en el cuadro Nº 1.
Podrías entonces confeccionar tu presupuesto mensual lo más detalladamente posible e incluso analizar si cada tipo de gasto nuevamente es una necesidad, un gusto o un capricho y si se clasifica como un gasto fijo, variable o superfluo. Solo como ejemplo, podrías tomar tu tique de compra del supermercado y elaborar una planilla similar a lo que se muestra en el cuadro Nº 2.
Evidentemente, este trabajo de clasificación lleva tiempo. Sin embargo, vale la pena para poder realizar un diagnóstico exacto de la situación en la que estamos, y, a partir de allí, controlar el presupuesto y corregir las desviaciones será más rápido, y en un tiempo podremos convertirlo en un hábito familiar.
Sigamos hablando de dinero; así, aprendemos a manejarlo mejor.
Varía
La percepción de si es una necesidad, un gusto o un capricho es absolutamente subjetiva y varía entre una persona y otra.
Arte
El equilibrio de disfrutar el presente con la prudencia de cuidar el futuro es un arte de conocimiento personal y conversación familiar.
Hábito
Controlar el presupuesto y corregir las desviaciones será más rápido y en un tiempo podremos convertirlo en un hábito familiar.
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