Un estudio reciente sobre el empleo juvenil en la década 2002-2012 muestra señales de avances pero también un preocupante estancamiento asociado con el precario desarrollo del mercado de trabajo y la débil institucionalidad laboral.
Algunos avances
En el periodo estudiado el capital educativo de los jóvenes que trabajan aumentó de 7,5 años en 2002 a 9,1 años en 2012, y también subió el nivel educativo de los que no trabajan, de 8,2 a 10,4 años. Llama la atención que los trabajadores desocupados tienen más años de estudios que los ocupados.
Otro hecho contradictorio es que el desempleo afecta más a jóvenes con educación terciaria que a los jóvenes que tienen solo educación primaria. Esta situación obedece a la gran expansión de las universidades con diversas carreras que no siempre responden a las demandas y exigencias laborales del mercado.
En los últimos diez años disminuyó la población joven con educación primaria solamente y se incrementó considerablemente la proporción de jóvenes con educación secundaria y terciaria.
En el área rural aumentó la educación secundaria de los jóvenes y en el área urbana subieron la educación secundaria y la terciaria debido principalmente a la participación de las mujeres.
El estudio revela que aumentó la cantidad de jóvenes que “solo estudian”, tanto en el campo (30%) como en las ciudades (70%), así como de los que “trabajan y estudian” (71%).
El número de jóvenes que “ni trabajan ni estudian” se redujo en el área urbana (23%), pero subió en las zonas rurales (52%), donde la mayoría de los jóvenes que pertenecen a esta categoría son mujeres.
Estancamientos preocupantes
Como resultado de las transformaciones económicas, la migración rural y el desarrollo de nuevos centros urbanos, se crearon y se destruyeron puestos de trabajo. Por una parte, se percibe la pérdida de protagonismo del sector agropecuario en la estructura de ocupación de los jóvenes, con una caída de 34,6% en 2002 a 24,1% en 2012. Asimismo, la creación de puestos de trabajo para jóvenes en los sectores industrial manufacturero y de servicios, principalmente comercio, hoteles y restaurantes, ha crecido pero no lo suficiente como para absorber los empleos destruidos en el sector agropecuario. Por otra parte, el empleo asalariado cobró mayor importancia en la última década, en particular el empleo juvenil asalariado, que pasó de 61% a 79% en el área urbana y que aumentó levemente en el área rural.
El nivel de ingreso sigue siendo bajo. El ingreso mensual medio de las personas ocupadas no supera los dos millones de guaraníes por mes y el de los jóvenes llega a solo 60% del ingreso de los adultos en el área urbana y solo 53% en el área rural.
A su vez, el ingreso del joven rural representa solo el 48% del ingreso del joven urbano. El ingreso juvenil urbano es equivalente al 72% del salario mínimo legal y el del joven rural solo representa 35% del mismo. Las mujeres reciben 84% de lo que ganan los hombres en las ciudades y esta relación cae a 56% en el campo.
Otra dificultad en el mundo del trabajo juvenil es la informalidad, que supone carencia de contrato laboral, falta de seguro social, remuneración inferior al salario mínimo, etc. Aunque se redujo en el último decenio, la informalidad aún permanece alta y sus principales víctimas son los jóvenes, sobre todo en el área rural. En áreas urbanas bajó 11 puntos porcentuales, de 85% en 2002 a 74% en 2012, pero en las zonas rurales solo 2,7 puntos porcentuales, de 88,5% en 2002 a 85,5% en 2012.
El desempleo y la subocupación disminuyeron pero siguen afectando más a los jóvenes que a los adultos. Si bien la tasa de desempleo total disminuyó de 18,6% a 11,2%, la del desempleo juvenil es tres veces mayor que la de los adultos tanto en el área rural como en las zonas urbanas. Persisten problemas de acceso al trabajo y de calidad de los empleos, por eso el subempleo sigue siendo alto.
La tasa de subempleo bajó de 40% a 32% en el área urbana entre 2002 y 2012, mientras que en el área rural aumentó de 24% a 30,3% en el mismo periodo. La tasa de subempleo de los jóvenes duplica la de los adultos en el área urbana y es 1,6 veces mayor en el área rural.
Debilidad institucional
La información sobre empleo es pobre y la intermediación laboral es débil. Esta descoordinación entre la demanda y la oferta laboral hace que para los jóvenes los mecanismos de acceso a empleos sigan siendo los patrones tradicionales, como la intervención de amigos, parientes o “padrinos”.
Los jóvenes valoran la pasantía en empresas pero señalan ciertos abusos en el trabajo. Sin embargo, aceptan pasivamente el incumplimiento de las normas laborales básicas como el “derecho de piso” que ineludiblemente deben pagar.
La aspiración de los jóvenes urbanos es encontrar un trabajo seguro, que asocian con el empleo en el sector público; mientras que los jóvenes rurales aspiran “alcanzar una profesión”, que vinculan con el título universitario.
En este contexto, las instituciones estatales tienen las urgentes tareas de mejorar la calidad de la educación en todos sus niveles, de adaptar los programas de capacitación y formación a los requerimientos del mercado laboral, promover la coordinación entre la demanda y oferta laboral juvenil y velar por el cumplimiento de las normas laborales para defender los derechos de los trabajadores jóvenes.
Mujeres
En el área rural aumentó la educación secundaria de los jóvenes y en el área urbana subieron la educación secundaria y la terciaria por participar más mujeres.
11,2%
Si bien la tasa de desempleo total disminuyó de 18,6% a 11,2%, la del desempleo juvenil es tres veces mayor que la de los adultos.
Ingreso
El ingreso del joven rural representa solo el 48% del ingreso del joven urbano. El ingreso juvenil urbano es equivalente al 72% del salario mínimo legal.
(*) Exministro de Hacienda (Cadep)
