Diciembre es el mes que todos esperamos, de alguna u otra manera. Es el mes que cierra el año, en el que se recibe el aguinaldo, y en el que se inician el verano y las vacaciones.
Asimismo, diciembre es el mes en que el cocotero florece y llena el aire con su aroma a fin de año, fiesta y a tradición pero en un estricto orden. Si bien es cierto, hoy en día cada vez con más anticipación las casas comerciales y las calles se llenan de adornos navideños, tradicionalmente esa no es una costumbre porque en nuestro país las fiestas tienen un orden.
Mi madre y mi abuela solían decir: «El pesebre y el arbolito se arman después del 8 de diciembre, después de la festividad de la Virgen». Y muchas familias todavía respetan ese orden lógico en la tradición familiar paraguaya.
El 8 de diciembre se recuerda la advocación de Caacupé de la Virgen María. Es la fiesta grande, la fiesta mariana más importante del Paraguay, recordada por la mayoría, respetada por propios y extraños, visitada desde afuera y desde adentro del país.
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Y cuando los ecos de esa recordación se están apagando, los adornos, las guirnaldas, el ka’avove’i, así como las humildes y las más lujosas figuras de barro aparecen como por arte de magia para dar la bienvenida al Niño Jesús a la medianoche del 24.
Para algunos, es tradicional el pesebre adornado con profusión. De esa manera a las sandías, piñas, melones y uvas se suman las figuras de animales como ranas, sapos, patos, perros y gatos. La estrella de metal, colgada sobre el pesebre, simula a la que guió a los Reyes Magos.
María y José cuidan amorosamente de Jesús en el pesebre. Así sea este el más lujoso o el más humilde, la intención es la misma: festejar el nacimiento más importante de la tradición cristiana de la cual no puede sustraerse nuestra fuerte costumbre, formación, antepasado y presente religioso cristiano.
Apenas unos días después culmina el año y se inicia la esperanza de uno nuevo, lleno de expectativas, planes, desafíos y proyectos. La vida, de esa manera, sigue su curso.
Desde esta columna les deseo de todo corazón que sus sueños y anhelos se cumplan con creces. ¡Que tengan una excelente fiesta de Caacupé, que pasen una feliz Navidad y un próspero Año Nuevo, nos encontraremos de nuevo en el 2015!
