La importancia de las cooperativas escolares radica en la posibilidad de que los alumnos puedan desarrollar las vivencias de una auténtica cooperativa, mediante la guía del maestro.
La participación en el proyecto de cooperativa escolar debe ser voluntaria, tal como lo establecen los principios cooperativos. De acuerdo a experiencias de cooperativas escolares desarrolladas exitosamente, los niños a partir de los 10 años de edad están en mejores condiciones de comprender y asimilar los valores y la organización. Asimismo, es recomendable que el desarrollo del proyecto y las reuniones de la organización se realicen en el horario escolar, de manera que el docente pueda acompañar mejor el proceso.
En cuanto a la organización de la cooperativa, se debe seguir con los procedimientos habituales establecidos en las normativas y las prácticas de cooperativas. Es decir, el proceso asambleario, las reuniones periódicas del consejo de administración, los trabajos de control de las actividades, y de las rendiciones de fondos si las hubiere, por parte de la junta de vigilancia.
El proceso de organización es un periodo en el que hay espacio para los talentos y la creatividad de todos los que deseen participar. Desde elegir un nombre para la cooperativa, diseñar un logotipo que la identifique, redactar los estatutos y las actas, hasta organizarla administrativamente y controlar las actividades. Son tareas que deben ser distribuidas con base en los intereses que puedan demostrar los participantes.
Si la situación lo permite o las circunstancias lo requieren, se pueden acortar los plazos de duración del mandato de los directivos, de manera que haya mayor participación en la dirección, y la responsabilidad sea compartida por más alumnos. El trabajo que se pueda desarrollar en los procesos de votación y elección de autoridades también es importante para practicar la democracia y ejercitar la participación.
Precisamente, en los procesos de elección de autoridades se debería estimular la generación de ideas y propuestas de actividades a desarrollar por la cooperativa a favor de la comunidad educativa.
Un cambio importante podría darse en la sociedad al lograr que los alumnos —desde la edad escolar— comprendan los valores de la cooperación, responsabilidad, democracia y participación. Y, a la vez, puedan desarrollar hábitos de emprendimiento, organización, autosostenimiento y preocupación por la comunidad. Todo esto puede lograrse con el desarrollo de las cooperativas escolares.
Asimismo, los docentes deberían poner énfasis en el desarrollo de las mejores prácticas de civismo, para favorecer la discusión de propuestas y conciencia sobre el espíritu de servicio.
