Al parecer ante la ausencia de una carrera profesional docente, pendiente de ser instalada, la interpretación de lo que implica ser un “profesional de la educación” es un asunto no resuelto y es un tema que debe ser abordado tanto por las autoridades del área, los gremios y por la sociedad toda.
Ser un profesional docente va mucho más allá de poseer un título habilitante y estar ocupando un cargo en una institución. La docencia es una carrera eminentemente vocacional, requiere conocimientos, pero también cualidades y capacidades que no todos poseen. Hay rasgos personales que ayudan a ser un buen docente; además de los conocimientos propios del área, se requiere inteligencia emocional, habilidades sociales, empatía, sensibilidad y una dosis de paciencia infinita. Otras cualidades son la resistencia ante problemas como el estrés y la capacidad para adaptarse a grupos diferentes, transmitir valores, saber comunicarse, ser una persona agradable y simpática y saber ejercer autoridad, una característica moral que se gana en el día a día con el ejemplo y la coherencia, pero, por encima de todo, apreciar y respetar al alumno.
La tarea docente es compleja y requiere un alto grado de compromiso, saber que el trabajo no empieza ni termina dentro del aula, que es necesario preguntarnos si estamos satisfechos o no con lo que hacemos y estar en la permanente búsqueda de respuestas a cuestiones como ¿cuáles son los intereses de los alumnos?, ¿por qué los contenidos son estos y no otros? Los programas de estudios, ¿responden a las necesidades e intereses de los educandos? ¿Podríamos mejorarlos? ¿Cómo potenciar la relación con los alumnos y las familias? La escuela, ¿está integrada a la comunidad o es indiferente a ella? Los docentes, ¿persiguen objetivos claros? ¿Saben cómo lograrlos? ¿En qué temas conviene actualizarse?
Ser profesional implica el reconocimiento de las propias limitaciones y el desarrollo de una conciencia ética y crítica sobre el quehacer cotidiano. Este es el mayor reto para los educadores en el Paraguay.
Si apuntamos a mejorar la calidad de la educación, es necesario que los sindicatos de docentes, además de luchar por un salario digno, jubilación, entre otros; exijan mayores requerimientos para ingresar a la carrera y al ejercicio de la profesión, así como el ajuste permanente y constante de la preparación de quienes ya la ejercen para cumplir con las exigencias propias de esta profesión de servicio. Cuando así procediesen, los docentes volverán a gozar del prestigio social, serán nuevamente respetados como lo que son, formadores de conciencia y verdadero cimiento del patrimonio sociocultural y, por ende, serán escuchados y apoyados en sus justos reclamos.
