El rol del maestro y la ética

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Un año que se va con sus triunfos, alegrías, conocimientos y vivencias. Como las estaciones, la vida se renueva y un nuevo año nos espera con ricas experiencias, mundos por explorar y mucho que aprender.

Llegó el día de despedirnos pero no es un adiós, sino un hasta pronto. Desde esta página hemos hecho todo lo posible para que los temas tratados sirvan de soporte tanto para los profesores como para los alumnos. Ojalá hayamos contribuido en algo con nuestro granito de arena.

En esta penúltima entrega, trataremos de reflexionar sobre los fines de los principios de la ética. Todos tenemos nuestros principios, aquellos que nos inculcaron en el hogar, principal y esencialmente, en la iglesia —si vamos a alguna— y en la escuela. Y he aquí el fundamento de nuestra materia. El papel del profesor como agente de transmisión de los principios éticos, porque, como sabemos, no solo se enseña con palabras. En este caso, y más aún tratándose de valores, el maestro desempeña un rol muy importante, dado que, después de los padres, es el espejo en el cual el chico se mira; es su ejemplo.

Porque un profesor enseña, un buen profesor motiva, un excelente profesor forma excelentes seres humanos. Es una fuente de inspiración para que ese chico sea útil a sí mismo y a la sociedad. Un buen profesor puede y debe incentivar a un chico a que luche por un mundo mejor. Un mal profesor deshonra su trabajo y profesión, traiciona a su país y, fundamentalmente, se traiciona a sí mismo.

Mucho. Son reglas éticas fundamentales que el profesor debe enseñar sin hablar, sin dar lecciones, pero con su ejemplo de conducta, tanto en la escuela como en su vida personal. Un buen profesor no puede ser una persona sin ética, sencillamente, porque no se puede separar una cosa de otra. Un docente sin ética no debería dedicarse a esta noble profesión.

Un buen profesor debe regirse por dos grandes principios y transmitirlos, que son el fin de la ética: haz el bien, evita el mal, incluso para lograr el bien, y no hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti. De estos, aparentemente, sencillos principios derivan las reglas de una buena convivencia, tanto en el hogar, la escuela y en la sociedad. Si conseguimos que los alumnos, a través de nuestro ejemplo, lo comprendan y lo apliquen, lograremos, entre todos esa patria soñada un mundo mejor.

Hasta el año que viene y ¡felices vacaciones!