El oficio de educar tiene tanto de perito como de pirata, ya que se requiere pericia para intentar la fortuna en la aventura cotidiana de educar. Esto es, ser hábil y experimentado, observar determinada metodología, utilizando técnicas y estrategias específicas, con fundamentos teóricos y prácticos, actuando como un aventurero y trasgrediendo lo establecido hasta encontrar el preciado tesoro del conocimiento.
Y en este camino de convertirse en verdaderos piratas y peritos, se siguen analizando algunos principios de la neuroeducación.
Siete principios básicos de neuroeducación en el aula (2)
4. Sin atención no hay aprendizaje
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La atención nos permite seleccionar los estímulos a los que queremos dar prioridad, controlar nuestras acciones y, además, requiere un nivel adecuado de activación. Pero, ante todo, la atención es un recurso muy limitado que es imprescindible para que se dé el aprendizaje, por lo que puede resultar útil fraccionar el tiempo dedicado a la clase en bloques. En la práctica, queremos que el nivel de activación del estudiante sea el adecuado. Los extremos son perjudiciales, tanto el defecto (dormidos), como el exceso (ansiosos o sobreestimulados). De entre las diferentes redes atencionales que han identificado los estudios con neuroimágenes, existe una especialmente importante: la red de control o atención ejecutiva. El ejercicio, los entornos naturales y ciertas técnicas de meditación pueden ayudar a mejorar el desempeño y la concentración de los estudiantes durante las tareas posteriores.
5. Es clave cooperar, dialogar y compartir para aprender
Las experiencias cotidianas nos permiten interactuar y conectarnos con los demás a través de las expresiones faciales, la mirada o el contacto físico.
Una estrategia muy útil en el aula es cuando un alumno no comprende la explicación del profesor, recurrimos a un compañero, que sí lo ha entendido, para que se lo explique. En muchas ocasiones, el alumno que acaba de aprender algo conoce las dificultades que ha tenido para hacerlo mejor, incluso, que el propio profesor, al cual le puede parecer obvio lo que aprendió hace mucho tiempo. Esta situación en la que los alumnos se convierten en profesores de otros —tutoría entre iguales— beneficia el aprendizaje de todos ellos. Y es que desde el nacimiento estamos programados para aprender a través de la imitación e interacción. Nuestro cerebro es social.
Fuente: SIGMAN M. Consejos para conocer nuestras formas de aprender. I Congreso Internacional de Neuroeducación. Barcelona, mayo de 2018.
