Ser honestos: nuestro deber ciudadano

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Después del acostumbrado saludo, la maestra empezó la clase haciendo una especie de encuesta, y nos preguntó a los alumnos si quién entre nosotros ve televisión, escucha la radio, o lee el periódico a diario. A la pregunta de quién ve televisión, todos los compañeros de manera unánime alzaron la mano; en relación con quién escucha la radio, hubo cuatro manos alzadas, y con respecto a la lectura del periódico, apenas hubo dos compañeros que se dedicaban a la lectura.

 

Seguidamente, la maestra explicó el porqué de la pregunta. Era a propósito de qué tanto estábamos informados respecto de lo que ocurre a nuestro alrededor, y con esto fue al punto diciendo: "Estar informados a través de las noticias por cualquier medio de prensa es importante, porque ella nos va mostrando la marcha de nuestra sociedad"; y sobre esto citó el tema de la delincuencia, los robos, los asaltos y homicidios, entre otras cosas. También indicó que hoy en día los delincuentes no solamente roban a sus víctimas, sino que les privan de la vida.

Unido al tema de la delincuencia, la maestra habló de la honestidad. Ser honestos es nuestra principal obligación en la vida. Seguir el ejemplo y los consejos de nuestros padres, y de nuestros maestros, debe llevarnos a ser mejores cada día. La escuela debe llevarnos a ser personas de bien, evitando hacernos daños a nosotros mismos y a los demás. Es preciso saber que por falta de una recta honradez se comenten muchos errores y daños de los que ni siquiera, muchas veces somos conscientes, por ejemplo:

El viajar en ómnibus sin pagar el pasaje, llevarse del trabajo materiales para uso particular, el robo en el supermercado, el robo al consumidor, el interés desmedido en los préstamos, los exorbitantes márgenes de ganancias en el comercio, las trampas en las balanzas, cobrar por un cargo que de hecho no se ejerce o es innecesario, la discriminación de salarios (lo que ocurre entre los sueldos de hombre y mujer), el cobro de servicios prestados que por consiguiente debe ser gratuito, los precios injustos, los destrozos en los servicios públicos (parques de recreación), las recomendaciones, etc.

Todas estas realidades son informaciones que nos llegan a diario a través de los noticiarios; nos informan lo que está pasando en nuestra sociedad inmediata y en el mundo todo. A partir de lo que leemos, escuchamos y vemos en las noticias podemos también sacar nuestras propias conclusiones; de ahí que respecto a lo que mencionábamos de los hechos delictivos, éstos forman parte de  "nuestro pan cotidiano", que debe evitarse contrarrestando con una conducta honesta.

Ser honesto —terminó diciendo la maestra— no solamente es un mandamiento del decálogo bíblico, sino que es una exigencia social, es evitar que la persona, por un lado, caiga en la trampa del egoísmo, pues quienes viven deshonestamente, se hacen esclavos de la delincuencia, anquilosan su conciencia y pierden toda sensibilidad para gozar de la vida; por otra parte, se trata también de salvar los legítimos intereses de los otros, y con ello la justicia con que ha de ser tratado.

DE LOS DERECHOS A LAS OBLIGACIONES

Todos buscamos ser respetados en nuestros derechos, no queremos que nadie nos haga daño malográndonos la vida. En esta misma medida nuestra obligación para con los demás es igual. Buscar el bien de los demás es una práctica que construye nuestra persona.

LLAMADOS A CONSTRUIR

Practicamos la honestidad en estas situaciones:

-       Busco ser honesto en los exámenes.

-       Me esfuerzo por no mentir.

-       Cuando comento algo, me ajusto a la verdad.

-       Nunca me quedo con lo que no me pertenece.

-       Ni aun si las circunstancias sean propicias cometo actos deshonestos.

PARA ANOTAR Y VIVIR

Ser honesto no solamente es un mandamiento bíblico, sino que es una exigencia social, para evitar caer en la trampa del egoísmo, pues quien vive deshonestamente, se hace esclavo de la delincuencia.

NO TE OLVIDES

Seguir el ejemplo y los consejos de nuestros padres y de nuestros maestros debe llevarnos a ser mejores cada día.

 

Carlos Riquelme