Recuerdo que en una cena hace ya unos años, una persona le preguntó a Don Ricardo Santos por qué el vino estaba tan de moda. Su respuesta no se hizo esperar: “De moda está desde hace ya seis mil años y cada día crece aun más el consumo de vino a nivel mundial”. Muchos de los presentes dieron una pequeña risada a su respuesta, pero la verdad es que es así mismo, desde los tiempos del Viejo testamento hasta en las novelas más de moda de hoy en día, el vino aparece en todas sus formas: blanco, rosado, tinto, espumante, fortificado, ajerezado o dulce. Lo que sí podemos percibir ahora es que esta moda está fuertemente ligada a una promoción de marketing de alguna marca. Un ejemplo de ello es que todos los amantes del automovilismo de la Fórmula 1 percibieron que el Champagne Mumm fue desplazado, después de 15 años, por el espumante Chandon. En la famosa mesa de invitados de Mirtha Legrand siempre hay un vino exhibiendo su etiqueta voluntariamente, y en todos los filmes del espía más famoso del mundo, el agente 007, siempre veremos una botella de champagne sacar a relucir su marca. Para muchos puede pasar desapercibido, pero para otros tantos, el mensaje es más que directo y es bien recogido por el público consumidor de este tipo de bebidas. Puede que por esta razón pareciera que el vino está más de moda ahora, porque encuentra mucho más expuesto en los medios, no importa si por la web, en una revista, en la tevé o en un programa de radio, es muy seguro que en los días actuales escuchemos siempre alguna marca de vino.
Evolución del mercado Años atrás eran muy pocas las bodegas conocidas, prácticamente uno podía simplemente decidir si quería blanco, rosado, tinto o Champagne; la opción era optar por un vino argentino, chileno, francés, portugués o italiano y, en esto exagero un poco con la oferta, en realidad me parece que son muchas ya las propuestas. Todo evoluciona, hoy en Paraguay encontramos una gran diversidad de etiquetas diferentes de países impensables, de precios muy variables, que pueden ir incluso a más de USD 4800 la botella. En las vinacotecas y en las góndolas de los supermercados, la variedad es impresionante y se nota cada vez más la competencia por resaltar las bellezas de las etiquetas, tratando de llamar la atención del comprador de algún que otro modo, para que esa botella sea la elegida entre tantas otras que allí están expuestas. El Paraguay se está saliendo de los parámetros tradicionales. El Cabernet Sauvignon dominaba el mercado, después entró muy de moda y con muchísima influencia de la Argentina el Malbec, que es un vino fácil de beber, además de agradable. Chile fue fortificando su presencia internacional a través del Carmenere y el interés por esa cepa se despertó también en nuestro país, hasta el punto de decir que la gran mayoría conoce y consume con mucho placer esta variedad. Hace unos años atrás (6 a 5 años) el Pinot Noir era –¿cómo puedo decirlo?–, la “gran apuesta” de muchos importadores, y la verdad es que con nuestro clima caliente esta era y sigue siendo, probablemente, una de las mejores opciones, ya que es un vino tinto que puede tomarse fresco, casi a la temperatura de un blanco, lo que lo hace ideal para el Paraguay. Es un vino más liviano y bastante perfumado; eso sí, solo tiene un defecto para los carnívoros amantes de los asados: es, de lejos, el peor maridaje que se pueda hacer con una tapa de cuadril o una tira de costilla. Con el asado, nada mejor que un Cabernet Sauvignon. Y vuelvo al principio, no es que el vino esté de moda, es que el vino está en todas partes, como siempre lo estuvo, acompañando al hombre en toda su historia y recién ahora lo notamos más. Preciados lectores, ¡salud a todos! y hasta el próximo sábado.
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