Fernando Adrián Acosta nació en l'Hospitalet de Llobregat (Barcelona), el 14 de mayo de 1962. Está considerado el mejor cocinero del mundo en la actualidad, sin embargo, su acercamiento a los fogones se produjo de manera casual. A los 17 años lavaba platos en el restaurante de un hotel de la localidad turística de Castelldefels con el único propósito de costearse un viaje a Ibiza. El jefe de cocina, que se percató de su interés y su talento, le dio a leer un libro de Escoffier, el gran cocinero francés.
Al cabo de un año, Ferran había cumplido su sueño de ir a Ibiza y se sabía de memoria el libro. Los conocimientos adquiridos los puso en práctica durante su servicio militar para la Armada, en Cartagena, en 1983. Allí, un compañero le sugirió que durante el mes de permiso ingresara como pinche en El Bulli, un restaurante prestigioso del cual no había oído hablar hasta entonces. Contratado de nuevo a partir de abril para la temporada de 1984, en octubre fue nombrado jefe de cocina junto al chef Christian Lutaud.
Primeros éxitos
En enero de 1987, Lutaud deja El Bulli para montar otro restaurante. Esto hizo que Adrià tuviera que tomar las decisiones por primera vez en solitario de la cocina y le diese su propio estilo con plena libertad. En junio de 1999, la revista El País semanal le dedica su portada y un amplio reportaje en el interior, titulado “Ferran Adrià, el mejor cocinero del mundo”. Era la primera vez que su restaurante aparecía en primera línea en todos los quioscos de España. En 2003, Ferran Adrià, ocupa la portada y catorce páginas interiores del suplemento dominical de The New York Times. Poco después, en 2004, el suplemento de Le Monde le dedica su portada y un artículo interior y la revista Time lo catalogaba entre las 100 personalidades más influyentes del mundo en todos los ámbitos. Todo esto fue un gran espaldarazo en la proyección pública de Ferran Adrià y El Bulli. En 2009, por quinta vez y por cuarto año consecutivo, la revista The Restaurant Magazine otorga el premio al mejor restaurante del mundo a El Bulli, por un jurado compuesto por más de quinientos especialistas. Recibe el doctorado honoris causa en Aberdeen (Inglaterra), a propuesta del profesor Christopher Fynsk, del Centro de Pensamiento Moderno. Fynsk compara a Adrià con Picasso y Miró por su trascendencia en su disciplina creativa, y señaló que se trata de “un pensador destinado a renovar la conexión entre la alimentación intelectual y la alimentación sensorial”.
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Estilo
Profesional autodidacta, obsesivo del trabajo, sencillo y algo tímido, afectado de una ligera tartamudez, con vocación didáctica y cerebro en constante ebullición. Su cocina revolucionó al mundo gastronómico. Sus recetas rompen esquemas y construyen un universo de sabores, texturas y sensaciones insólitas, jugando con las combinaciones: crudo-cocido, dulce-salado, duro-blando, frío-caliente. Los alimentos cambian de color, de forma y de consistencia. Gelatinas calientes, sorbetes salados, sistemas de cocción futuristas, espumas inverosímiles... Cada plato debe comerse de una forma determinada. Cada bocado es una sorpresa, un juego, una admiración. Es el inventor de la “cocina de la deconstrucción” que, según él, “consiste en utilizar y respetar armonías ya conocidas, transformando las texturas de los ingredientes, así como su forma y temperatura”. Es también el creador del concepto nhube, espacios en los que se combinan gastronomía, descanso y ocio; de la fast-good, comida rápida de calidad; del bulliolor, ambientadores para determinadas comidas; del espesso, un café sólido; de las espumas que crea utilizando sifones; de la esferificación con el uso de alginatos para formar pequeñas bolas de contenido líquido…
El Bulli ha cerrado sus puertas como restaurante para convertirse en un taller de investigación. A partir de 2014 se convertirá en una fundación dedicada a impulsar la creatividad gastronómica. No está decidido aún si alguna vez Adrià volverá a cocinar para el mundo.
