Todos los años en esta época recibimos y damos botellas de vino como regalo, más aún si tus amigos o conocidos saben que te gusta el vino. En muchos casos, tratamos que sean botellas significativas, para marcar presencia, botellas que, seguramente, guardamos para encontrar el momento ideal de descorcharlas.
Las guardamos normalmente en un lugar donde sabemos que la botella se conservará bien, o en una bodega, un lugar por el cual no solemos circular todos los días. La ponemos en un canto y allí queda… Pasan los meses y todavía no encontramos ese momento ideal. Recibimos nuevas botellas, compramos vinos y, al final, de tan especial que era esa botella, queda en el olvido.
La bodega perfecta
Las condiciones ideales serían: un lugar sin luz, con una humedad por encima del 70 % (así el corcho siempre se mantiene húmedo), una temperatura regulada entre 14 y 17 ºC, un lugar sin vibraciones y una temperatura estable, es decir, sin variaciones. Para que ello realmente sea así, uno debe acondicionar el local con espuma aislante o, simplemente, abrir un espacio debajo del nivel del suelo, como se dice, un sótano o una bodega. Si reunimos estas condiciones, solo puedo decir que, con el tiempo, las botellas hechas para la guarda mejoran y los vinos quedan cada vez más ricos.
Puedo darles un ejemplo de ello. En estos días bajé a mi bodega para buscar alguna de aquellas botellas que considero de buenas a muy buenas, que necesitaban guarda, y la semana pasada surgió una reunión con algunos de los integrantes del grupo, quienes solemos viajar juntos, recorrer viñas y bodegas. Para compartir con ellos llevé una botella de Finca Martino Malbec 2002, un vino considerado por la Guía Austral de Vinos en Argentina como el mejor Malbec de ese país en dos ediciones seguidas. Pasaron 15 años desde que aquellas uvas Malbec fueron cosechadas, pero el elixir que hoy en día nos brinda este vino es algo fantástico, solo puedo decir que si el vino ya era bueno, mejoró mucho con el tiempo. Lástima que no me quedan muchas botellas de ese vino.
El sábado pasado quise hacer descubrir a un fanático del Malbec una botella especial, ya sabía que botella sería… Elegí en este caso un blend argentino de Mendoza, de la región de San Rafael, una de las zonas vitivinícolas más antiguas de esa provincia, era una botella cuya etiqueta estaba completamente destruida, pero lo importante era el vino que contenía. De la cosecha 2003, tan solo 14 años pasaron para este vino que, a mí parecer, podría descansar unos ocho años más (y por suerte todavía tengo varias de esas botellas en stock); hablo del Enzo Bianchi Grand Cru 2003, este vino tiene acento francés compuesto mayoritariamente por Cabernet Sauvignon, con un toque de Merlot y otro muy pequeño porcentaje de Malbec, dándole así el distintivo argentino. Hizo crianza durante 20 meses en barrica de roble francés nuevo, pero ya con el tiempo, sus taninos son suaves, dando espacio la sedosidad. Necesitó ser decantado para separar las borras y, además, el vino “vive”, así que, a cada minuto, en la copa, iba ganando nuevos aromas.
El placer de descorchar estas botellas fue enorme y, por suerte, tengo aún varios tesoros escondidos (¡pero nunca olvidados!), esperando su momento de ser compartidos o, simplemente, vendidos a un enófilo, quien los va a disfrutar mucho.
Apreciados lectores, ¡salud! y recuerden que los vinos merecen su tiempo. Nos encontramos el próximo sábado.
