Pocos alimentos presentan tantas virtudes a bajo precio como la cebolla. Algunos la consideran un alimento nutricionalmente más completo que su pariente, el ajo. Ambos pertenecen al género allium, el más importante de la familia de las liliáceas, con más de 500 especies. En él se incluyen otras hortalizas tan conocidas como las cebollitas de verdeo, la ciboulette y el puerro. Todas ellas son ricas en aceites esenciales sulfurados, muy volátiles y picantes y tienen propiedades antiinflamatorias, puesto que tienen cualidades antibacterianas y antimicóticas gracias a los fitoquímicos que poseen. El efecto se puede comparar al de un antibiótico, lo cual hace de la cebolla un coadyuvante en el tratamiento de resfriados, congestiones nasales, infecciones y algunos dolores producidos por inflamación. Para obtener un buen efecto de esta propiedad, se puede hervir una cebolla con un poco de miel y después beber la infusión; también se puede untar cebolla directamente sobre un área inflamada o infectada. Muchos profesionales siguen recomendando cortar una cebolla grande por la mitad y dejarla junto a la cama durante la noche para notar alivio cuando tenemos resfriados o problemas respiratorios.
Múltiples beneficios
La cebolla contiene vitaminas A, B1, C, E; minerales como calcio, magnesio, yodo, cobalto, cobre, hierro, fósforo, cloro, níquel, potasio, silicio, zinc, azufre y bromo; y también es fuente de ácido fólico.
Es bactericida, antiinflamatoria, diurética, depurativa, digestiva y reconstituyente. Por sus propiedades anticoagulantes, resulta adecuada contra las enfermedades circulatorias: colesterol, arteriosclerosis, hipertensión, várices y hemorroides.
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La cebolla estimula el apetito y regulariza las funciones del estómago, es diurética, por lo tanto, es un medio importante como depurativo del organismo. Está muy indicada en personas diabéticas porque contiene glucoquimina que disminuye el nivel de azúcar en la sangre. Además, abre el apetito, favorece la digestión, posee fibra, que ayuda a regular la función intestinal y es ligeramente laxante. No es recomendable para personas con problemas intestinales, ya que produce gases y flatulencias.
Cruda es mejor
Es una planta que no debería faltar nunca en la mesa y debería comerse siempre cruda, pues la cocción elimina gran parte de las sustancias azufradas y de los aceites esenciales. Sin embargo, cuando se hierve, adquiere una propiedad muy interesante, ya que evita la absorción del colesterol cuando la incluimos en las comidas. Se puede comer en guisos y caldos, mezclada con otras verduras.
Para estómagos delicados, si quiere consumir las cebollas crudas en ensalada, puede dejarlas en maceración con aceite de oliva toda la noche, o sumergirlas en agua con un poquito de jugo de limón durante algunos minutos, para que pierdan su acritud. La ventaja de estos dos procedimientos es que evitan que la cebolla pique, pero conserva todas sus propiedades.
Algunos consejos
- Su sabor varía del suave al fuerte y su color del blanco al rojo. Prefiera los ejemplares que tengan el bulbo firme, sin brotes y que conserven intacta la piel, que ha de ser crujiente. Rechace las cebollas húmedas, con manchas o cuello muy blando: esto indica que están pasadas o todavía están sin formar.
- Para que conserven en buenas condiciones todas sus cualidades organolépticas y nutricionales, es suficiente con almacenarlas en un lugar seco y ventilado, donde no tengan la luz directa. Una vez peladas y cortadas, conviene envolverlas con un film plástico y guardarlas en la heladera.
- Para no llorar: cortarlas bajo un hilo de agua o después de tenerlas una hora en la heladera o 10 minutos en el congelador.
- Para eliminar el olor de las manos: frotarse las manos con sal gruesa o jugo de limón y enjuagárselas con agua fría.
- Para sacarse el gusto de la boca: masticar una hoja de menta fresca o un grano de café después de comerla.
La cebolla ocupa un puesto de honor entre esos pocos alimentos a los que se les reconocen propiedades curativas, posee más de diez propiedades benéficas comprobadas.
