Nunca te cases con tu fuente

La detención, imputación y el encarcelamiento de 20 policías (otro sigue prófugo) que supuestamente brindaron protección en Pedro Juan Caballero a la banda del narcotraficante brasileño Levi Adriani Felicio (capturado y expulsado del país), pese a que constituye un importante golpe contra las estructuras de apoyo de las organizaciones mafiosas, también tiene un lado negativo.

Nunca te cases 
con tu fuente
Nunca te cases con tu fuenteArchivo, ABC Color

Para explicar por qué, podríamos usar una frase muy común que se pregona en el periodismo: no te cases con tu fuente.

Pues bien, resulta que los 21 policías fueron grabados en aparentes comprometedoras conversaciones telefónicas con el paraguayo ahora ya también recluido Marcio Gayoso, alias Candonga, el supuesto hombre de confianza del capo brasileño Levi.

Algunos de los audios grabados por la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad) no parecen tener ningún justificativo. Está por ejemplo uno de un comisario que directamente pidió plata para liberar a un detenido que estaba en su comisaría. Hay otra grabación de un suboficial que llamó desde una plantación de marihuana para exigir un pago a cambio de no desmantelar el campamento narco. También se destaca la comunicación interceptada de un suboficial que reveló dónde se iban a hacer operativos antidrogas y dónde ya no se iba a entrar.

Aunque la Fiscalía asegura tener elementos de prueba suficientes contra cada uno de los agentes, hay algunos de ellos que exponen un argumento que por lo menos debe ser escuchado.

Según estos efectivos procesados, Marcio Gayoso, alias Candonga, era en realidad un informante de la Policía en Pedro Juan Caballero. Supuestamente, suministró información vital para la ejecución de varias operaciones muy sonadas, como por ejemplo el operativo Romai que se hizo el 1 de mayo pasado en la colonia Piray de Capitán Bado y que terminó con cinco narcos abatidos y el cabecilla del grupo encerrado.

De hecho, en la transcripción de una de las escuchas, consta que Marcio Gayoso llamó a un oficial y le pidió encontrarse porque tenía “una noticia para darle”.

Entonces, aunque al parecer hay suficientes elementos para demostrar la responsabilidad penal de la mayoría de los uniformados, la Fiscalía tampoco tendría que descartar de entrada la justificación de los otros.

Eso sí, el hecho de tener como informante a un delincuente, algo que es muy común y hasta normal en el plano investigativo, no quiere decir tampoco que el investigador tenga que recibir algo más que simples datos de parte de su fuente.

En el periodismo pasa exactamente lo mismo. La mayoría de las fuentes de los periodistas no son precisamente monjas, porque generalmente es una de las partes interesadas la que revela información oculta. Pasó siempre y seguirá pasando.

Volviendo al plano policial, lo negativo de esta última escandalosa detención en masa es que a partir de ahora ni los policías ni los delincuentes informantes van a querer seguir sacándose provecho unos de los otros. Porque así como los policías realizan grandes operativos con informes de otros maleantes, estos criminales delatores también suelen obtener como recompensa al menos una “permiso” para seguir trabajando en lo que saben.

Sin la tecnología adecuada, sin las herramientas apropiadas y sin los recursos necesarios, la Policía desde siempre tuvo que arreglárselas para conseguir informaciones y cumplir con su rol de proteger a la ciudadanía, aunque eso muchas veces implicó hacer concesiones a sus fuentes criminales. Es un tira y afloja permanente.

Entonces, esta investigación en curso tendría que servir, primero, para castigar a la rosca corrupta que está a mano, y segundo para entender que los policías tampoco pueden conseguir demasiados resultados si no se los dota de los recursos necesarios para ejercer la investigación, más aún en esta época en la que las organizaciones criminales internacional tomaron todas nuestras fronteras y están 20 pasos adelante en armamento, equipos, movilidad, logística y tecnología.

Si se suministra a la Policía las herramientas necesarias, al menos algo puede cambiar, aunque erradicar la corrupción en esta institución parece tan improbable como que Paraguay tenga acceso al mar.

ileguizamón@abc.com.py