Absuelta, luego de tres años en prisión

“La imputación no causa agravio”, es uno de los argumentos más utilizados para rechazar demandas indemnizatorias en el ámbito civil, por considerar únicamente válido para un eventual resarcimiento una condena por error judicial, tal como lo señala el art. 17 de nuestra Constitución Nacional.

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¿Será que es realmente así? Una joven que estuvo presa casi tres años y recuperó su libertad tras ser absuelta, nos cuenta su historia.

Hija de padres separados, menor de cinco hermanas, nuestra entrevistada –que pidió reserva de identidad– oriunda del interior, se fue a la Argentina a trabajar a temprana edad, con unos tíos.

Regresó a nuestro país en el año 2003 y empezó a trabajar en un supermercado como promotora y repositora. Vio en esta actividad la posibilidad de progresar y en el 2014 hizo un préstamo, con el cual abrió una bodega en una ciudad aledaña a la capital.

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Para generar más ingresos, además de vender las bebidas, puso también algunas mesitas, con el propósito de que los clientes se quedaran a tomar y entonces, vender más. Para ahorrar los gastos de traslado de mercaderías en taxi, se endeudó nuevamente para poder comprar un furgoncito.

“Mis cuotas al mes sumaban G. 5 millones. Bicicleteando cubría todo, pero debía hasta la conciencia porque había sacado un vehículo para traer mercadería para no tener que pagar taxi para que me traiga otra vez, entonces pagaba el crédito y la cuota de mi furgoncito”, comentó.

El clima fresco de la noche del 14 de mayo del 2015, sumado al temor debido a un asalto ocurrido una semana antes frente al local, hizo que la flamante empresaria, entonces con 30 años, decidiera poner algunas mesitas adentro.

Ya pasaban las 22:00 y faltaba irse un último cliente, un joven que se ubicó en la mesa frente a la tele y tomaba gaseosa. El mismo, que frecuentaba a menudo la bodega, había llegado al local con un amigo, que compró dos packs de cerveza y se retiró.

Pasaron unos veinte minutos y regresó el amigo y cuando se disponía a ingresar a la bodega, fue interceptado por unos sujetos armados.

“Veo el auto del amigo del muchacho que se quedó en el local y veo ya que le apuntan y le digo al muchacho: “Jesús, nos van a asaltar”. Es lo primero que me vino en mente”, recordó.

No era un asalto. Eran agentes de la Secretaría Nacional Antidrogas que venían siguiendo al joven y una vez en el interior del local, detuvieron al muchacho –que tenía en su poder una bolsa con 434 gramos de cocaína– y a ella también.

“Entra el agente y me dice: “¿Dónde hay más?” Y dónde le voy a decir dónde hay más si ni sabía que había droga ahí adentro hasta que el muchacho dijo. Luego viene la fiscala Laura Ávalos y me dice: “Decí bien, ¿de quién es la droga?”. ¿Cómo voy a saber si no es mía?”, relató. 

“Perdí todo”, recordó, tras comentar que su pareja de entonces se apoderó de todas sus cosas y hasta sus ropas, mientras que la propietaria del inmueble que alquilaba se quedó con su heladera, su aire acondicionado y los muebles que había comprado para la bodega.

“Me incautaron mi celular, mis dos móviles, buscaron todo lo que podían, llevaron cosas, hasta cerveza, porque cuando te allanan te roban, esta es la verdad. Tenía como G. 300.000 en efectivo, eso también llevaron y nunca recuperé nada”, dijo.

El 7 de marzo del 2018, nuestra entrevistada fue absuelta de la acusación de tenencia sin autorización de sustancias estupefacientes en un juicio oral y público a cargo del Tribunal de Sentencia integrado por Julio Granada (presidente) y Dina Marchuk y Óscar Rodríguez Massi. Hasta este entonces, estuvo presa porque la ley de drogas no permite medidas. Uno de los acusados fue absuelto y el otro condenado a dos años de cárcel con suspensión a prueba de la condena.

“Cuando se tenía que hacer la preliminar la fiscala pidió prórroga de 3 meses, le dieron y pasaron entonces 9 meses. Ella no reunió todas las pruebas, insistió en hacer una pericia fuera de plazo, se rechazó por extemporáneo, entonces apeló, se dilató hasta que llegó mi juicio luego de casi 3 años. El 7 de marzo hizo un año que salí. No sé para que apeló porque no tenía prueba contra mí. Gané y voy a seguir ganando porque soy inocente de lo que me acusaba”, afirmó. 

“Pasé hambre y frío” 

“Siempre me gané el pan de cada día trabajando. Sufrí muchísimo, pasé desde hambre hasta frío los primeros tiempos en la cárcel. Trabajé desde el primero hasta el último día en la penitenciaría. Siempre tuve mi conducta intachable”.

“Perdí todo” 

“De mi negocio no me quedó nada.(...) Cuando salí no tenía nada, porque cuando estás en la penitenciaria todos se aprovechan. Mi ex novio hasta mi ropa llevó. La señora que me alquilaba el local se quedó con todas mis cosas. En el allanamiento llevaron creo que tenía Gs. 300 o 400.000 y mis dos teléfonos y nada de eso se me devolvió”.

Crítica a fiscala

“Hay un Dios que todo lo ve. Es lo único que le dije a la fiscala, porque la verdad tarde o temprano sale a la luz. No es justo, ella debería hacer bien su trabajo, porque truncarle la vida así a una... imaginate: yo salí de la cárcel con una mano adelante y otra atrás”.

Endeudada

“Si la fiscala se ponía a investigar bien..., yo debía por todos lados, en la cooperativa, por tarjeta, por mi vehículo. Si yo traficaba no iba a andar así. ¡Jamás! Iba a pagar mis cuentas, agrandar mi negocio y tener una cadena y no fue así. Yo me iba a traer mercadería de Clorinda”.

Informconf, la peor secuela

Tras lograr su absolución y su libertad gracias a la intervención del defensor público Eduardo Alarcón, nuestra entrevistada se dispuso a rehacer su vida. Pero descubrió que algo peor que tener antecedentes es figurar en la temible lista de morosos.

“Los antecedentes no figuran, lo que sí figura es mi morosidad por el tiempo que estuve ahí porque me fue imposible pagar mis cuotas y son cuotas que solamente teniendo un negocio vas a poder pagar, porque una de las cuotas era 1.900.000 y con sueldo mínimo es imposible pagar eso”, comentó.

“Ahora me van a sacar el vehículo, yo les expliqué lo que me pasó, les presenté mi papel de sobreseída, le quise entregar el vehículo, ellos no aceptaron porque no eran fabricantes. Hace poco me llamaron otra vez y dijeron que me pueden financiar pero mi cuenta era de G. 40 millones y ahora vienen a ser más de G. 100 millones con los intereses, ¿y de dónde voy a sacar plata? Jamás voy a poder pagar, aunque quiera”, explicó.

Tras “rebotar” en varios locales, lo único que consiguió fue un trabajo temporal (3 meses). Ante esta situación, acordó con su familia ir a trabajar unos dos años en España para poder pagar sus deudas y algunos primos que viven allá ofrecieron pagar el pasaje. 

“Estaba feliz, me voy a hacer mis documentos y ahí me salta lo del fisco y no pude sacar mi pasaporte porque debo IVA porque desde que me llevaron presa no pago más. No me dieron por eso mi pasaporte”, comentó.

“Yo no sé si es peor tener antecedentes o tener Informconf. Es como si fuera que te sacan todas las posibilidades, ni aunque presentes todos los papeles, te consideran. Imaginate a mí, casi tres años estuve presa sin una condena, sin pruebas, sin nada y al final, se demostró mi inocencia. Sin pruebas me tuvieron ahí y hoy día me truncaron la vida en todos los sentidos”, acotó.

En libertad, denunció al abogado que había cobrado G. 10 millones para defenderla y la abandonó en juicio. Fue así que recuperó el dinero con el que pagó cuatro meses de fisioterapia y ahora alquila su vehículo para cubrir algunos gastos.

Paliza casi la dejó paralítica

En octubre del 2017, una desavenencia con una interna a raíz del reclamo de una deuda, le valió a nuestra entrevistada una soberana paliza que la dejó sin poder caminar casi 6 meses.

La agresión provino de una reclusa con varios problemas de conducta y además de nuestra entrevistada, otras tres internas y una celadora también fueron agredidas en aquella ocasión por la misma mujer, posteriormente trasladada por inconducta.

“A mí casi me mataron dentro de la penitenciaría, me quedé paralítica 6 meses, fue una riña con una de las chicas que me había estafado, discutimos porque la directora me cedió un lugar para trabajar y ella era tipo rencorosa. Cinco personas fuimos lastimadas por una sola persona. Después pasaba a mi lado y me decía: ‘La próxima te mato’. Yo le tenía terror”, comentó.

“Por casi 6 meses no pude caminar, primero recuperé mi pierna derecha y después la izquierda, esta pierna arrastraba totalmente como si fuera que tuve un derrame. Y los dolores de cabeza eran impresionantes, tenía zumbido en el oído todo el tiempo. Así me iba a trabajar en la peluquería, todos los días a las 6 de la mañana ya me iba y trabajaba todo el día. Volvía con la pierna hinchada”, recordó, y comentó que tanto sus compañeras, como las profesoras y las celadoras le ayudaban a trasladarse. 

rferre@abc.com.py

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