Curuguaty y el legado que deja la masacre

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La primera parte del proceso por la masacre ocurrida en la colonia Yvypytã, Km. 35 de Curuguaty, en el lugar denominado Campos Morombí o Marina Cue, llegó a su conclusión. La fiscalía responsabilizó a los ocupantes de las tierras reivindicadas por la familia Riquelme y calificó de víctimas a los policías. Pero hay otros sectores que tildan de parcialista la investigación. Diecisiete muertos y un presidente destituido (Fernando Lugo) fueron el resultado del luctuoso hecho que, por su magnitud histórica, debe aclararse plenamente.

El fiscal Jalil Rachid, al establecer que los policías fueron víctimas, justifica que los agentes no solo tenían prohibido usar sus armas, sino que no contaban con escudos protectores de balas.

Indicó que tuvieron que llegar a pie hasta el lugar de la ocupación, debido a la presencia de clavos colocados a modo de obstáculos.

La acusación indica que el pelotón de agentes del Grupo de Operación Especializada encabezado por el subcomisario Erven Lovera se dirigió directamente por el camino de terraplén hacia los ocupantes, que se encontraban ubicados a 15 metros al cruzar el puente, seguidos por los demás pelotones.

Cuando los efectivos policiales llegaron al puente, encontraron cerrado el paso con alambres, y una bandera. Lovera pidió a los ocupantes el paso para dialogar, y Rubén Villalba, quien estaba en primera línea, advirtió que “si cruzaban el puente, iban a morir todos”. Lovera contestó “que no había necesidad de pelear, que se podía llegar a un acuerdo, que somos todos hermanos”. Luego, el jefe policial ordenó que se cortara el alambre. Acto seguido, acompañado de otros dos policías, Lovera se acercó caminando con las manos en alto, hasta quedar frente a frente con los ocupantes.

Los agentes de la GEO, al ver que los civiles les apuntaban directamente con sus armas de fuego, se desplegaron hacia ambos costados.

“En esa secuencia de acontecimientos, los oficiales se percataron de que las mujeres, que en principio se encontraban apostadas en el frente (Lucía Agüero, Dolores López y Raquel Villalba), comenzaron a retirarse a pasos acelerados de la zona, en pleno conocimiento de que el enfrentamiento era inminente”, refiere el escrito. La acusación cuenta el momento más candente: “Ya frente a frente, el comisario Lovera intentó nuevamente establecer un diálogo con los ocupantes, cuando Rubén Villalba expresó: “Ápe jajojukapáta…”. En ese instante, uno de los ocupantes, Adolfo Castro, se acercó apresuradamente a Lovera con una foisa en la mano y le golpeó en el rostro, motivo por el cual Lovera levantó el brazo, como reacción natural de defensa”.

Agrega que “en ese mismo instante, Avelino Espínola se abalanzó sobre Erven Lovera e intentó apoderarse de la pistola que tenía guardada en su chaleco táctico, específicamente, en el pecho. Lovera retrocedió y Avelino Espínola sacó un revolver calibre 38 y empezó a disparar indiscriminadamente hacia los efectivos policiales que se encontraban en el frente”.

“Asimismo, lo hizo Rubén Villalba, quien portaba una escopeta y todos los que se encontraban en la línea del frente, como Adolfo Castro, entre otros. Igualmente, los que contaban con armas blancas, como Andrés Avelino Riveros y Arnaldo Ruiz Díaz Meza, atacaron a los oficiales de policía que se encontraban tratando de resguardarse de los proyectiles”, indica.

“Simultáneamente, comenzaron los disparos de los demás ocupantes armados –los ubicados en los pastizales de los costados–, que tomaron por sorpresa a los oficiales de policía, pues si bien contaban con armas de fuego, llegaron hasta el lugar con estas guardadas y no tuvieron el tiempo necesario para reaccionar inmediatamente, más que para resguardarse de la lluvia de proyectiles, tirándose cuerpo a tierra, debido a que los disparos provenían del frente, del lado derecho e izquierdo; es decir, de todas las direcciones”.

Rachid detalla que Delfín Ugarte, Luis Agustín Paredes, Fermín Paredes González. Luciano Ortega, Arnaldo Ruiz Díaz Meza, Ricardo Frutos Lara, De los Santos Agüero, Felipe Benítez Balmori, Luis Olmedo Paredes, Adalberto Castro, Arnaldo Quintana y Néstor Castro, entre otros, se encontraban escondidos en los pastizales y malezas con armas de fuego, desde donde realizaron disparos hacia los policías, en forma alternada, ya que mientras uno lo hacía de pie, el otro cargaba el arma arrodillado, y así sucesivamente.

“Los disparos iban dirigidos directamente hacia los policías, específicamente en las partes más vulnerables del cuerpo (zona de tórax, miembros superiores, cuello y cabeza), quienes hasta ese entonces se encontraban indefensos y la mayoría de los impactos de esas primeras ráfagas, alcanzaron a herir letalmente a varios de los efectivos del orden”, refiere la acusación.

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