Expolicía admite crimen atribuido a su hijo

El caso del brutal asesinato de la supuesta prostituta Sonia Patricia Amarilla Ortiz (19), ocurrido en Presidente Franco, Alto Paraná, tomó nuevamente un giro inesperado la última semana cuando un expolicía se presentó y admitió el homicidio atribuido a su hijo y a su sobrino.

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El caso se inició en la tarde del miércoles 18 de abril cuando Sonia recibió en su celular un mensaje por WhatsApp en el que le pedían una cita. La joven se encontraba en ese momento en su departamento de Hernandarias, donde vivía con su pareja, Leticia Fernández Meza, de 22 años.

Ambas mantenían una relación pública e incluso llegaron a casarse en el lado brasileño, donde el matrimonio igualitario es reconocido, según revelaron los policías paraguayos que investigan el crimen. De acuerdo a los investigadores, la propia Leticia contó que ella y su pareja se dedicaban a la prostitución.

Luego de los primeros mensajes, el supuesto cliente le llamó por primera vez a Sonia, pero en el celular de Leticia, porque el teléfono de la primera estaba descompuesto.

El que llamó a pedir los servicios de Leticia tenía la voz de un hombre mayor, conforme a las primeras versiones que se dieron a conocer.

El encuentro fue pactado en una estación de servicios de Ciudad del Este, hasta donde Leticia llevó en un coche Toyota Vitz a su pareja Sonia. Esta última, a su vez, se despidió de su pareja y subió a un auto Toyota IST blanco, en el que esperaban el o los clientes que la habían contactado previamente.

Al cabo de 12 horas de aquel fatídico trasbordo Sonia fue encontrada muerta en una plantación de soja, a 50 metros de la ruta que une Presidente Franco con Los Cedrales. La jovencita tenía un impacto de bala en la cara y otro en la sien.

Cruce de llamadas 

A partir del hallazgo comenzaron las primeras investigaciones, a cargo de policías de la oficina de Homicidios, bajo la supervisión de la fiscala Analía Rodríguez.

El primer detenido fue Enrique Gabriel Fernández Benítez, de 18 años, titular del número de celular desde el cual fueron contactadas las señoritas. Llamativamente, después de que el cuerpo de la mujer fuera encontrado, el joven sospechoso mandó desactivar su línea.

Enrique fue arrestado en Minga Guazú, el domingo 22 de abril, y después imputado por homicidio doloso, ya que su celular emitía señal en todos los lugares donde estuvo Sonia.

Segundo detenido 

El primer sospechoso negó haber perpetrado el crimen pero deslizó importantes pistas, como que el auto Toyota IST blanco usado en el crimen en realidad pertenece a su primo, Luis Alberto Rojas Aguirre, de 29 años.

Este, por su lado, se presentó con el vehículo buscado el lunes 23 de abril, en la sede del departamento de Homicidios de Asunción.

Luis vivía en Asunción pero cuando ocurrió el crimen estaba en Presidente Franco en la casa de su padre, el expolicía Luis Alberto Rojas Miñarro, de 53 años.

El joven de 29 años también negó el asesinato y alegó que estaba durmiendo cuando su auto se usó en el hecho. Insinuó que pudieron haber sacado sin su permiso el vehículo.

Sin embargo, la coartada de este rápidamente fue desbaratada por los investigadores, ya que el cruce de llamadas demostró que el celular de Luis estuvo también en los mismos lugares donde emitían señales los teléfonos de su primo Enrique y de la supuesta prostituta asesinada. 

La fiscala Analía Rodríguez incluso aseguró a la radio ABC Cardinal que, para ellos, la muerte de Sonia fue perpetrada por los primos Enrique Gabriel Fernández Benítez y Luis Alberto Rojas Aguirre, según los elementos técnicos, como la ubicación de los celulares, que posicionan a ambos en la escena del crimen.

¿El verdadero autor?

Para sorpresa de todos, el miércoles 25 de abril se presentó en la Fiscalía de Ciudad del Este el expolicía Luis Alberto Rojas Miñarro, quien es padre de Luis Alberto Rojas Aguirre y tío de Enrique Gabriel Fernández Benítez, estos dos últimos imputados como sospechosos.

El expolicía se atribuyó el asesinato de Sonia. Dijo que fue él quien la llamó desde el celular de su sobrino Enrique y que después usó el coche de su hijo Luis para ir a buscar a la jovencita.

Sobre el motivo del asesinato, contó que supuestamente la mujer quiso drogarlo con una pastilla que le puso en la bebida que estaban tomando mientras recorrían en el automóvil Toyota IST blanco.

Del arma homicida, reveló que fue un revólver calibre 38 que lo arrojó a un río.

Todos estos elementos son los que ahora deberán ser corroborados por el equipo fiscal y policial que investiga la muerte de la supuesta prostituta, ya que existe la posibilidad de que Rojas Miñarro se haya inculpado para salvar de la cárcel a su hijo y a su sobrino.

En caso de que el expolicía no haya sido el asesino, como dice ser, podría ser un auténtico caso de “amor de padre” que aún siendo inocente prefiere ir a la cárcel para proteger a su familia.

ileguizamon@abc.com.py