La droga como problema familiar, social y comunitario

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A criterio de Agustín Barúa, médico psiquiatra con amplia experiencia en psiquiatría comunitaria, para tratar la problemática del abuso de drogas, es necesario ver al ser humano en cada adicto y revertir la situación que lo condujo a la adicción. Desde la perspectiva del profesional, la marihuana no es un contrincante a combatir, sino que incluso puede ser una aliada para que una persona deje drogas destructivas como el crack o el chespi. La pobreza y sus privaciones, la marginación, la falta de metas, son los verdaderos enemigos.

–Tras su experiencia de un trabajo de años en el Bañado Sur (2004/2012), ¿cómo ve usted la situación actual de nuestro país con el auge del crack?

–Si yo pregunto ¿cuál es la principal droga de abuso en Paraguay? ¿que pensarías? Pienso que la droga de abuso en Paraguay hoy es la harina, por todas las complicaciones sanitarias que hay por la mala nutrición que tenemos porque consumimos muchos carbohidratos y manejamos la angustia comiendo. Los niveles de sobrepeso que tenemos tienen que ver con el consumo problemático y con nuestras angustias; nuestra cultura culinaria y nuestras angustias. Pero la harina no está criminalizada y es moralmente válida. Sin embargo, tenés cifras de hipertensión arterial en un 50% de la población y una de las cuestiones más complicadas con eso es la mala nutrición, diabetes mellitus en enormes cantidades.

Digo esto porque quería narrar una serie de puntos que creo que sería el contexto de lo que queremos hablar, de los problemas de fondo. Porque cuando hablamos de droga, yo uso un concepto de droga que a mí me gusta mucho que es: droga es todo lo que estrecha tu presente y tu futuro e incluye una vivencia de desesperación. Eso quiere decir que tu dios puede ser tu droga por la forma en que vivís tu creencia religiosa, o tu pareja puede ser droga por tus celos, o tus hijos pueden ser drogas, por “papito dónde estás”, “vení ya”, “que hacés” y uno niega su propia vida.

–¿Entonces?

–Entonces, en ese contexto entiendo así droga, hablando específicamente de drogas químicas, pensando en el caso paraguayo, una cosa de estas: Yo pienso que nosotros primero tenemos muchos problemas con las libertades. Tenemos múltiples tradiciones autoritarias, entonces la libertad es una cosa muy asediada, perseguida y muy restringida también. En ese sentido, si vos me decís drogas ilegales en Paraguay en términos concretos es relativo. O sea, la ilegalidad es comprable. O sea, vos comprás tu derecho a consumir lo ilegal, como ha habido casos de gente que es detenida con kilos de cocaína y es liberada inmediatamente. Entonces ahí tenés un problema de fondo: ya es legal en términos prácticos para algunos sectores.

–¿Y la otra?

–La otra es el problema de la institucionalidad paraguaya. Por un lado vos tenés desde complicaciones del Poder Judicial, parlamentarios, el tío del presidente implicado en casos de narcotráfico; por otro lado, tenés los casos de los pasabarreras, que son gente que saben que hay una barrera de alcotest, se quedan antes y le avisan a la gente, te hacen pasar en moto a vos para que no te pillen que tomaste. Te quiero decir que tenemos instituciones cotidianas chiquititas, que resuelven esos problemas, e instituciones grandes que también ya resuelven su problema. En el medio no tenemos otras políticas que en serio se comprometan con eso.

Por ejemplo, la única institución que tenemos nosotros de drogas en Paraguay en salud pública es el Centro Nacional de Control de Adicciones y eso es un centro con algunas camas (15 para adultos y 15 para niños, niñas y adolescentes) en Asunción, muy chiquito.

Otra cosa que creo que es parte del contexto de lo que queremos hablar es nuestra relación con los placeres. Yo creo que tenemos como dos pruebas, una es que tenemos una cultura del placer muy del reviente. El hecho que exista la concepción de canilla libre, que quiere decir tomar hasta morir, habla también de la dificultad que tenemos para drogarnos sanamente. Parece que se te invita luego al reviente. Y eso también es un problema, drogarse sanamente existe, es posible y en general es necesario ¿no? Lo que pasa es que tenemos eso o tenemos la cultura de abstenete, de “no te metas”.

–Siempre con los extremos...

–Con los extremos y en realidad la vida pasa por el medio mayormente.

–Cuéntenos sobre el trabajo que hizo en el Bañado.

–Nosotros trabajamos, por sobre todo, con lo que la comunidad nos iba generando como demanda, más que con temas predeterminados. La psiquiatría generalmente tiene manuales diagnósticos, pero cuando uno va a una comunidad, es la comunidad la que construye la pregunta.

Por ejemplo, a mí me pasaba que como médico de urgencia en el hospital psiquiátrico, yo veía trastornos psicóticos agudos, trastorno de personalidad con psicosis aguda, psicosis esquizofrénica agudizada, episodios maniacos con síndromes psicóticos, esas cosas. Pero en estos barrios lo que yo veía era desempleo, machismo, estigmatización territorial: el “zona roja”, que marca mucho a los bañadenses. Entonces al pasar por ahí recibimos las preguntas. En el tema de drogas, las primeras preguntas tuvieron que ver con el crack o llamado chespi y eso es llamativo porque en realidad, en los bañados hay mucho más problemas con el alcohol que con el crack. Ahí tenés una cuestión que es interesante: ¿quién puede denunciar un problema? Generalmente las poblaciones más jóvenes son las que están complicadas con crack, según lo que dicen los compañeros en el último año, va bajando la edad de inicio.

Al ser los jóvenes los denunciados por los adultos y estos son los que tienen acceso a poner su queja, quedaba como un problema principal el crack. Yo era el único personal rentado del Ministerio de Salud. Había estudiantes voluntarios y nadie más, y sumado a la red de atención primaria, pero por salud mental, yo era el único que iba. Había un compañero psicólogo y nadie más.

–Habló de la reducción de la edad de inicio en la época en que Ud. estuvo ¿Cuál era y cuál es actualmente?

–Estos son datos que no puedo cuantificar, pero ponele que era 16 y va bajando a 14. Y una cosa interesante sobre esos trabajos fue cómo se comenzó a trabajar. Dos compañeros psicólogos comenzaron a trabajar sobre un proyecto apoyado por el pa’i Oliva, en el Bañado Sur, en el modelo de gestión y reducción de daños y riesgos y ahí te quiero contar una cosa que tiene que ver con ese modelo.

–¿Tiene algo que ver con el grupo de madres que se formó (Madres luchadoras por la salud de sus hijos)?

–Sí, esa fue una de las estrategias posteriores. En ese tiempo fue. No tenía ese nombre, pero sí, ahí comenzó. En drogas hay dos paradigmas muy grandes. Hay un modelo abstencionista, que dice “usás drogas, tenés problemas con drogas; si querés dejar, vení con nosotros”. Pero en general la gente que tiene problemas no quiere dejar, no tiene críticas sobre su uso de drogas. Entonces vos tenés un 85% de entrada que no va a venir a esa modalidad, porque no se siente identificado. A la gente vos le decís alcoholismo y escucha alcohólico, escucha acusación y se va.

Hay otro modelo con el que trabajamos ahí que es el modelo complementario al anterior, que es el que te digo de gestión y reducción de riesgos y daños. Ahí la mirada es “vos sos persona, vos tenés una historia de vida y en tu historia de vida nosotros no vamos a reducirte a drogadicto y vamos a apoyarte para realizar tu proyecto de vida”. En ese sentido es mucho más práctico porque no se centra solamente en la voluntad de la persona de discutir la droga. Aparte es un modelo mucho más respetuoso de la persona, porque a veces tenemos otros problemas.

Te quiero dar un ejemplo: una vez en Montevideo, con un estudiante estábamos entrevistando a una persona con problemas con el alcohol y esta persona dice a la pregunta que hacemos ¿cuáles son tus problemas?: “soledad y vacío”. Cuando salimos con el estudiante comenzamos a discutir qué preparación tenían los estudiantes de medicina para trabajar esos dos temas, soledad y vacío. Yo le dije ¿Ustedes en qué momento dan eso en la facultad de medicina? “Nunca”. Y eran los temas que a esta persona identificada le angustiaban. Sí tenía problemas con el alcohol, pero para él el alcohol era lo que le ayudaba a llevar los otros problemas y ahí hay un desencuentro.

–Era como un escape...

–Nosotros podemos ver como un escape, a lo mejor para él era un alivio, habría que ver lo que significa para él. Es interesante eso porque es poder validar el significado que tiene para la persona. Uno enseguida le pone un nombre, es un escape, una droga, es una enfermedad y a lo mejor para el otro es su momento de paz. Uno puede estar de acuerdo o no, pero...

–¿La estrategia que Ud. mencionó tiene que ver con la sustitución de una droga por otra?

–Esta es una de las técnicas, no es la única. Por ejemplo, hay gente que usa fármacos, psicofármacos; marihuana es una, psicofármacos es otra. Pero también se hacen otras cosas, como estos compañeros que hasta ahora están allá en un espacio que se llama Psicoróga, en el Bañado Sur. Ellos usaban por ejemplo partidos de vóley, paseos en moto, pesca en el río. Eso necesita un acompañamiento muy cercano, muy cuerpo a cuerpo, lo cual significa que se necesita presupuesto para los trabajadores si se van a generar políticas públicas para eso. Pero no es solamente el dinero y la cantidad de gente que eso significa, lo que creo es lo más difícil incluso, es la apertura para trabajar con esa gente.

Imaginate cómo les dicen en los bañados chespiritos a los que usan crack. Son los parias de los parias, que son los pobres entre los pobres otra vez. Entonces ahí hay un problema que justamente quería mencionar que es la aporofobia. Aporofobia es el asco a los pobres y yo creo que es una de las cuestiones más complicadas de nuestro Estado, de nuestras políticas públicas. En general estamos formados con un desprecio muy fuerte a los pobres. Porque hay mucha ambición de estar bien económicamente y el pobre es una cosa a rechazar. Trabajar con nuestros chicos implica trabajar mucho esa aporofobia.

En general, mis compañeros psiquiatras, sobre todo los mayores –los más jóvenes no tanto– tienen mucho rechazo no solo a salir del consultorio y del hospital, sino a ir a trabajar específicamente en territorios como este y yo creo que esto de alguna medida se explica por esa cuestión aporofóbica.

–¿Se llegó a experimentar la sustitución de drogas más fuertes por otras y qué resultado tuvo? ¿Hay alguna persona que haya dejado el crack, por ejemplo?

–Sí se usó. Yo trabajaba como psiquiatra en múltiples temas. Si vos me decís por ejemplo ¿cuál era el tema que más nosotros vimos en ese territorio o por lo menos yo directamente? Era la tristeza de las mujeres pobres. Era el 80% de las consultas. Entonces es esta parte específica la que trabajaron los compañeros de Psicoróga y sí tuvieron casos exitosos en ese sentido.

Ojo: el éxito no tiene que ver necesariamente con que dejen la droga. Una persona puede ser que deje la droga, otra puede ser que se cuide más, otra puede ser que se socialice mejor con su gente y otra y –acá es muy interesante esa mención que vos hacés de las madres luchadoras, una construcción muy fuerte que tampoco es una idea que hayamos creado aquí, sino que también se da en varias partes del mundo– es que salud mental tiene que ver con la posibilidad de reivindicar tus derechos.

–Problema individual, familiar, comunitario y social

–Y estos son barrios que no tienen acceso a una cantidad de derechos (...). No te digo empleo, que es un problema mucho más extendido. Entonces, la posibilidad de organizarse para defender sus derechos también fue un paso importante. Y madres luchadoras es una experiencia muy interesante porque estas mujeres estaban muy pegadas a solamente el futuro de sus hijos y te digo eso porque nosotros pensamos que hay que pensar droga no solamente como un problema individual, también familiar, también comunitario y también social. Que mejore la mamá, ahí mejora el hijo, pero para que la mamá mejore, la mamá tiene que comenzar a pensar su proyecto de vida y eso es muy difícil (...) eso era casi imposible, porque ellas no se veían más allá de su tarea materna y su tarea de pareja.

Galeno advierte sobre “efecto góndola”

El Dr. Agustín Barúa, quien vivió dos años y medio en el Uruguay, justamente en la época en que se promulgó la ley de la regularización de la marihuana, destacó que la política de tolerancia cero a las drogas ha demostrado que la represión solo genera más demanda. “Es interesante regularizar o despenalizar porque hay cuestiones muy complicadas cuando es ilegal. Uno, porque se generan poderes narcos muy fuertes capaces de hacer golpes de Estado, de presentar candidatos presidenciales, por un lado”, indicó.

“Por otro lado, a nivel más micro, no sabés qué droga te venden porque no tenés cómo controlar. A tu vendedor no le podés denunciar ni verificar la calidad, el tipo te vende y vos aceptás; te vende lo que te vende, te pone cualquier banana. También hay algo que le dicen el efecto góndola”, dijo.

Explicó que el “efecto góndola” se da cuando una persona va a un local de venta de drogas en busca de un estupefaciente y ante la falta de lo que busca, compra otro que le ofrecen, que puede ser más adictivo. “Entonces vos no comprás lo que querés, comprás lo que hay, porque no podés irte a otra boca de nuevo porque está ilegalizado y el precio es inflado porque es ilegal. (...) Vas para resolver y resolvés con lo que encontrás, ese es el efecto góndola. En este contexto creo que hay que pensar en el tema de la regularización”, expresó.

Narcos, con aliados en puestos claves

La expansión del crack y otras drogas fuertes en la sociedad es un problema que requiere una solución integral. De lo contrario todo esfuerzo será insuficiente, afirmó el Dr. Agustín Barúa.

“El sociólogo y psicólogo Tomás Palau decía (...) ¿Cómo vamos a hacer para desarmar el problema de las drogas ilegalizadas cuando está entre los grandes directores de este país? Entonces es un problema político y económico muy fuerte. Que nosotros los trabajadores de salud, pensemos solamente en medidas sanitarias tradicionales, como por ejemplo desintoxicación, internación, políticas de prevención y no tomemos el tema de fondo, es como una plumita rascando a un dinosaurio gigante”, expresó.

El profesional afirmó que para tomar las medidas necesarias se requiere mucho valor, pues hay ciudades del interior donde ni siquiera se puede hablar del tema.

“Es un tema supercomplicado y que requiere un compromiso crítico muy importante para darle una solución integral, porque otra solución va a ir como resbalando”, indicó.

Añadió que es frecuente trabajar con un chico que tiene problemas con el crack. “Hay 10 locales de venta en el barrio, y los locales de venta están aliados a la comisaría, y la comisaría está aliada a poderes centrales dentro del Poder Ejecutivo y el PE está compuesto muchas veces por personas narco (...)”.

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