Matar por placer pasará a ser el crimen de la época

El asesinato por placer, debido al periodo de tiempo de hipertecnología, se convertirá en el crimen de la época, advierte el psicólogo clínico y psicoanalista Genaro Riera Hunter. Se debe principalmente a factores que se dan la formación de la sexualidad durante la infancia. De esta manera, explicó lo que ocurrió con la pareja de Gisselle Milea Otto e Isaías Torres.

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El psicólogo Genaro Riera Hunter, psicoanalista, se refirió a la condición de la pareja de Gissella Milea Otto e Isaías Torres, quienes fueron condenados a 40 años de cárcel por el asesinato de Agustín Emmanuel Bogado, el 8 de febrero de 2014.

Riera Hunter comentó que estas conductas fueron estudiadas ya por referentes de la psicología en el siglo pasado, y que fueron denominadas de una forma que hasta hoy estaba olvidada.

–¿Dónde podría encajar lo ocurrido?

–El crimen por placer generalmente la psiquiatría de la nueva ola, de las nuevas generaciones, hace encajar en lo que llaman la psicopatía, por el simple hecho de que son actos en que los autores presentan una ausencia de remordimiento o de culpa, o de sentimientos de culpa.

Sin embargo, para mí, el crimen por placer se encuadra en una perversión, no en una psicopatía. También en la perversión está la ausencia de remordimiento y de sentimientos de culpa.

Se encuadra dentro de la perversión por la alegría festiva que produce el hacer sufrir, y hay que recordar acá que eso tiene historia y que fue Sigmund Freud en su trabajo “Tres ensayos para una teoría sexual”, en 1905, en que plantea que la pulsión sexual y la crueldad se copertenecen.

–¿Una viene ligada a la otra?

–Una está ligada a la otra a tal punto que dice que la agresión es un resto de apetitos caníbales; entonces, el matar por placer involucra el placer por el dolor y la crueldad.

–¿Sería como un instinto animal que sale a flote?

–No es ningún instinto ni animal, ni tiene que ver con factores hereditarios, y tampoco con factores genéticos. Tiene que ver con factores adquiridos.

–Entonces, ¿qué es?

–Este placer por matar es una perversión que está descrita por Schrenk-Notzing en 1899, que él denominaba algolagnia, que proviene del griego antiguo y significa dolor-placer, erotismo del dolor. Por eso se encuadra no en una psicopatía, sino en una perversión.

Esta dominación está rescatada por Sigmund Freud y está citada en sus “Tres ensayos para una teoría sexual”, y son elementos de sus postulados sobre la sexualidad infantil, que es uno de los giros más grandes que existió dentro de la psicología, que es que la sexualidad no es una sexualidad genital ni adulta, sino que presenta ya una sexualidad infantil y tiene ya estos componentes.

Entonces, por eso me parece que placer por matar habría que encuadrar en una perversión, no en una psicopatía.

–¿La víctima es solo un objeto?

–La víctima es un objeto de goce, de satisfacción directa, de goce directo, o sea, no es una satisfacción mediatizada, sino de goce directo. No es un placer mediatizado. Por lo tanto, el criminal no puede soltarse de ese goce de satisfacción directo.

–¿Cómo se entiende eso?

–No puede separarse. No puede mediatizar.

–¿Por el contacto que existe entre víctima y victimario?

–Porque tiene un goce que no está articulado a significaciones de placer; tu goce, el mío, el del otro, están mediatizados con significaciones, con palabras, con metáforas. El goce está encadenado a las palabras, a las significaciones. Se habla, hay un cierto pudor en eso, pero la perversión algolagnia es un goce sin palabras. Es directo.

Es muy importante, porque se plantea que está suelto, no limitan las palabras; el crimen uno, puede haber un crimen dos, un crimen tres, un crimen, y cada crimen no tiene ninguna significación particular. No tiene ningún mensaje, no es el crimen perverso en el que va a matar travestis o prostitutas como un mensaje deliberante. Esto no tiene ningún mensaje, ninguna significación.

–¿Es totalmente arbitrario?

–Totalmente. Sin sentido. Justamente, no varía su significación un crimen de otro, ninguno tiene significado. Es goce directo.

Entonces, un crimen por placer es un pasaje al acto, va al acto, directo, que no varía de uno a otro crimen porque el vínculo social está roto. Está fuera de sentido, es como que cada crimen gira en redondo a otro y otro, lo que se llama crimen en serie, pero ninguno tiene significación alguna, porque es un goce directo. 

–¿Y ninguno está conectado a otro por un patrón?

–No, no, porque si estuviera conectado a un patrón, tendría un mensaje.

–¿Dónde está el placer?

–Está en que la excitación al goce directo desciende la excitación, se tranquiliza, está contento. El placer viene porque hay una reducción de esa excitación de goce directo.

–¿Esas ansias calman?

–Calman, hay homeostasis. Claro que eso dura dos horas y luego sube de nuevo. Entonces, no importa si era ese muchacho buscaba una descarga de aventura o un cerdo con plata.

–Porque en este caso el fin único es el goce...

–El goce directo, que es algolagnia, que es la alegría festiva que produce el hacer sufrir, dolor-placer, erotismo del dolor. El crimen por placer no lleva ningún mensaje, no tiene sentido, no significa nada más allá del placer; de ahí la tendencia a su reiteración, repetición. Una vez y otra vez, y otra vez. Eso es lo que produce la sensación de siniestro en la sociedad, porque no tiene sentido ni significación.

–Se debe a que el ser humano necesita encontrar sentido a algo, y al no tener encontrar...

–...queda suelto; al no encontrar sentido, queda suelto. En la sexualidad infantil. Esto no es hereditario, no es genético.

–¿Se adquiere?

–Es como que la sexualidad infantil tiene estos elementos, pero estos se van uniendo, se van desplazando, se van conectando; le van dando sentido; la educación le va diciendo que no, se sublima, se compensa, va teniendo un encadenamiento, una hoja de ruta. Eso es lo que somos, pero cuando, por razones externas, disfunciones familiares importantes, constantes, perversiones familiares, estos componentes no encuentran lugares de compensaciones, aparece la capacidad de espera; no es todo inmediato. Eso es lo que va ordenando una sexualidad, una forma, un esquema, y eso es lo que somos.

Cuando la palabra decae, declina, no sirve; cuando pierde la función natural, cuando la palabra se hace pedazos, lo único que queda son los objetos de goce directo, objetos tecnológicos de goce directo, el celular y otros; se aferra, y este aferrarse a objetos de goce directo son los signos de nuestra época hipertecnológica.

Así, la promoción del goce directo es también producto de la época.

–¿Esto puede marcar una tendencia?

–Puede señalar, indicar, que hay una mutación, una transformación fruto de la época en matrimonio con la dispersión de la sexualidad, señalada por Sigmund Freud.

–¿Casi como una obsesión?

–Sí, porque fija una necesidad, porque necesito ese objeto. Convierte el deseo en necesidad, porque un deseo siempre es un deseo que a futuro se realiza. Entonces, por la época, no cesa de buscar la satisfacción directa.

–Aquí se trae la conexión con lo que dijo la mujer de buscar un cerdo rico.

–Primero, rescatar los trabajos y esclarecerse más en la nueva ola de la psiquiatría que está olvidada, que es la perversión. Como no hay un ahondamiento, se piensa que no hay información sobre eso. En segundo lugar, se diagnostica erróneamente como psicopatía, porque presenta una característica de psicópata, porque no tiene culpa, pero en la perversión también hay ausencia.

–¿Esto es tratable o tiene rehabilitación?

–No es tratable ni tiene rehabilitación, por un punto: que al haber goce directo, no tiene ninguna necesidad, no tiene ningún tipo de interrogante de por qué esto o por qué aquello. No está interesado en revisar; entonces, no hay.

–¿Porque no tiene culpa?

–Claro. Está suelto. La hipótesis que yo creo es que, luego de la pena, eso puede tener un efecto, no seguro, pero puede tener.

–¿Cuál sería?

–En el que podría decir en qué estoy, como un shock. Pero me parece a mí, en esencia, diría que no. Incluso si hay una interrogación: no sería estrictamente una algolagnia.

–Porque en su perversión creen que son normales...

–Claro, porque no están en sus parámetros normales.

–Luego de su encierro, ¿podrían salir con mayor resentimiento por estar encerrados?

–A mí me parece que no, que no habría resentimiento ni nada de eso. Lo que creo es que el sistema penitenciario es un fracaso rotundo en cuestión de rehabilitación, ni para el robo.

Desde el hacinamiento hasta la corrupción interna, eso no es un sistema penitenciario de rehabilitación.

ariel.espinoza@abc.com.py

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