Las últimas incursiones efectuadas por los organismos de seguridad en los montes del Amambay y Canindeyú también confirmaron que los marihuaneros han colaborado en la depredación de extensos sectores de las pocas reservas de bosques con que cuentan estas dos regiones.
Aparentemente con la complicidad de autoridades locales y con ayuda de maquinaria pesada, los narcoproductores desmontaron grandes extensiones de estas reservas. En algunos sectores, los añejos árboles talados fueron amontonados y quemados, mientras que en otros puntos fueron vendidos a aserraderos clandestinos, según pudieron confirmar los efectivos policiales.
Luego, los rosados son convertidos en parcelas de cultivos de la “macoña”. Las plantas de marihuana están listas para ser cosechadas en una lapso de seis meses. Los cultivos son protegidos por grupos de campesinos, contratados para permanecer en los montes durante todo el tiempo que dure el proceso de producción.
Debido a que actualmente los organismos de seguridad cuentan con sistemas satelitales para detectar los campos de cultivos ya en etapa de cosecha, los narcoproductores también se vieron obligados a mejorar y acelerar el proceso de producción. Para ello implementaron nueva maquinaria para la cosecha y el secado de las hojas, lo que les obligó a introducir el uso de la energía eléctrica, que lograron con potentes generadores a diésel y un extenso cablerío en medio de los montes.
Mientras que el prensado de las hojas es efectuado con modernos elementos hidráulicos instalados en gigantescos rollos que fueron preparados con motosierras.
Finalmente el traslado de toneladas de la droga se realiza en vehículos de todo tipo hasta los centros de distribución.
