Una de las razones que nos impulsan a conocer a Viviana Sánchez es su trayectoria de 15 años en el ámbito de las capacidades diferentes, tratando, a través de la música, a niños y adolescentes con autismo. Es maestra de música e instrumentista; ejecuta el piano y el órgano, y fue profesora de música de varias instituciones educativas. Trabaja en Aso Cedinane, una oenegé que asiste a niños y a adolescentes con autismo. Enseña hace 12 años, en la Universidad Católica, educación parvularia a las alumnas que serán maestras de educación inicial. En 2004 editó el libro titulado Canciones en silencio, una experiencia con niños autistas y la música, y en 2009 otra obra vio la luz: Estimulación sensomusical integrativa, experiencia con niños y adolescentes autistas. Este último material fue avalado por el Dr. Javier Giménez Marimón, y el libro será presentado en el Kennedy Krieger de Estados Unidos, en agosto próximo. Esta mujer elaboró discos con canciones infantiles para trabajar hábitos, estimulación sensorial, motora y varios otros aspectos dentro de la estimulación temprana. Y desde hace poco también realiza capacitaciones en el interior del país. Su vida familiar gira en torno a sus hijos, su caniche Peludo y, para mover el cuerpo, hace caminatas. Trabaja, lee y viaja incansablemente.
¿De qué manera estimula la música a un niño autista? Trabajamos en un espacio de relación, vemos la estimulación, lo sensorial, lo cognitivo con músicas infantiles, fichas, títeres de diferentes texturas, aceites con olores, libros de cuentos con imágenes grandes. Siempre hay algo que llama la atención de los niños. También cintas, argollas, pelotas, globos, elementos brillantes, y hasta con perritos.
¿Cómo se observa el avance? Uno se da cuenta cuando tienen conductas adaptadas, no es solamente hablar, es –además– transmitir emociones, sentimientos, señalar, mostrar, entrar en esa comunicación no solo con las personas, sino con el medioambiente. Si nosotros queremos que un niño tenga respuestas aceptables, tiene que lograr ciertas aptitudes. Eso no sucede de la noche a la mañana, ocurre después del diagnóstico de un siquiatra. Las mamás le traen al chico porque es “muy solitario”, tiene conductas que llaman la atención de sus padres, y lo traen sin diagnóstico. Hacerlo es muy difícil, pero una vez que sabemos que se trata de autismo se inicia la estimulación. El niño tiene que ser llevado junto a un pediatra, quien lo deriva a un especialista. Se recomienda que los niños vayan a estimulación temprana, no es solo jugar y cantar, es trabajar la parte visual, el tacto, oler, el gusto.
¿Cómo intercede la música? La música es un elemento que le conecta con el terapeuta. Tengo 370 canciones infantiles. Recurrimos al tacto, el oído, siempre hay un elemento como las cremas, los sonidos, miles de estímulos que conectan. Estuve becada en Israel, Cuba, Chile y Brasil por estudios. He ido a la Argentina, Estados Unidos, Zurich, Amsterdan, viajo más por estudio y trabajo que por placer. Me gusta lo que hago, es muy placentero.
¿Cuánto hace que te dedicás al autismo? Al autismo, a trabajar con los chicos y la música me dedico desde el 2001, hace 12 años, inicialmente trabajé con otras discapacidades, pero siempre en el área de la música.
¿De qué tratan tus libros? De cómo estimular a los chicos a través de la música y la estimulación sensorial, es un método que me dio mucho resultado, ya que es el elemento que crea el espacio de relación, la conexión con los chicos autistas. Luego está la experiencia a partir de juegos, comunicarnos realmente, disfrutar del espacio, del momento. La música es en el momento de la terapia la manera de comunicarnos, y luego incorporamos elementos sensoriales, juegos con crema, espuma, fichas brillosas, luces, olores, y también jugamos con el gusto. Realizamos movimientos, ejercitando el equilibrio, el espacio, la coordinación. El libro abarca los siete canales de estimulación, el vestibular, la estimulación motora, social, emocional, la comunicacional, la cognitiva, sensorial vista, tacto, oído, olfato, gusto, trabajando esto como un todo.
Vida hogareña
¿Quiénes te inspiran? Tengo dos hijos: un varón de 21 años, estudiante de Derecho, y la niña de 18 está en el primer curso de Medicina. José y Camila son mis fortalezas. También hay una mascota, es mi hijo también –se ríe– se llama Peludo, un caniche negro. Para mí, la música es mágica, realmente me inspira, escuchar música, inicialmente las creaba y utilizaba para trabajar con chicos que no tenían dificultades, y siempre pensaba en los pequeños para hacer las composiciones. Al iniciar mi trabajo en discapacidad era más emocionante, ya que el desafío es mayor, porque cada uno tiene sus gustos y tenía que inspirarme en ellos. Están los que solamente gustan de las propagandas, la publicidad. Imaginate crear una música solo con propaganda, pero que tenga significado para enseñar, y así me inspiran los chicos; y desde luego mis hijos. A Camila le hice una música cuando terminó el colegio.
¿Qué instrumentos ejecutás y cómo surgió este interés hacia este trastorno?
Ejecuto el piano y el teclado. El interés por el autismo surgió por dos motivos, cuando me inicié casi no se escuchaba hablar de este trastorno. El trabajo en Paraguay era difícil en cuanto al autismo, no como ahora. Mi única herramienta era la música, y vi en otros países que utilizaban la música para enseñar, para rehabilitar, comunicar, para todo. Fue así que comencé a crear composiciones infantiles a partir de las necesidades o de las manifestaciones de mis alumnos autistas.
Viviana destaca que logró utilizar la música como elemento de comunicación, así como los cuentos sonorizados, con los cuales los resultados fueron significativos. También asegura que halló que la música le dio la oportunidad de ayudar a que los chicos mejoren, con avances realmente importantes.
MÁS MÚSICA
Esta profesora de música no tiene ninguna experiencia cercana de autismo, pero tenía alumnos que solo respondían a las canciones, a partir de allí comenzó a estudiar, leer e interiorizarse sobre el autismo. Viviana hace materiales didácticos y realiza terapias musicales en Inclúyeme, una escuela en la que asisten 80 niños y adolescentes autistas; sobre todo trabaja con los profesores, también hace entrenamiento a padres que deseen utilizar el método. Entre sus pasatiempos está caminar en Ñu Guasu, tocar el órgano, leer, conversar con sus hijos. Disfruta al enseñar, jugar con los chicos y bailar con ellos.
Texto mirtha@abc.com.py
