Quién no conoce o recuerda el clásico de los 80 cuando Rod Stewart preguntaba: “¿Crees que soy sexy?”. Hoy, esta palabra ya no es extraña; decir sexy es usado casi por de más.
Todo lo es, desde una mirada, una prenda, una frase o una persona. En la mujer y el hombre, ser sexy se atribuye al que destila un atractivo que despierta el deseo sexual. También se suma la palabra hot en el lenguaje de revistas y programas de la farándula. Decir que alguien es sexy es un comodín para expresar un cúmulo de sensualidades o provocaciones sexuales y, aunque algunas mujeres defienden lo sexy como una actitud de vida cotidiana y serena, en los medios virtuales buscar imágenes con esta palabra acaba siempre en perturbadoras fotos de semidesnudez y desnudez.
En la definición castellana, sexy significa “que tiene gran atractivo físico y con carácter erótico”. Vamos entonces a desentrañar el erotismo. Los griegos utilizaban la palabra eros (también era un dios) para referirse al amor apasionado y al deseo sensual. En nuestro idioma, el término erotismo denota y connota sexualidad: acto carnal y sus proyecciones. Lo erótico es libido, es decir, proviene de la zona libídica que guarda relación con el sexo y el amor. Aunque el erotismo es considerado como lo sexual, mientras que el amor, como lo profundo del alma, ambos son complementarios. El amor, por más romántico y sentimental que sea, precisa del deseo carnal, la atracción física. En el arte también tiene una presencia fuerte lo erótico; lo vemos en el cine (Instinto básico), el arte pictórico (La Maja desnuda) o la escultura (El baño de Venus). Este tema en el arte es amplísimo, y se ha manifestado en las distintas culturas y etapas históricas. En literatura, uno de sus grandes exponentes fue El marqués de Sade (filósofo y escritor francés 1740-1814), quien fue perseguido y encarcelado más de dos décadas por su vida y pluma licencioso-eróticas (La filosofía en el tocador, entre otras obras). En nuestro tiempo, no olvidemos el talento volcado en Lolita, de Vladimir Nabokov, novela que, en aquellos días de 1955, fue catalogada directamente como pornográfica.
Respecto a lo sensual, dice el lexicógrafo Roque Barcia: “Es aquello que expresa la sensibilidad interior. No debemos confundirlo con sensitivo, puesto que lo sensitivo es sensación, mientras que lo sensual es sensación y sentimiento. Los animales son sensitivos, no sensuales; tienen la sensibilidad orgánica, pero no el sentimiento del espíritu ni el sentimiento de la razón. Lo sensitivo es facultad; lo sensual, deleite”. En otras definiciones hallamos que la sensualidad se aprende. Aunque mucho se asocia la sensualidad a la mujer y la sexualidad al hombre, lo cierto es que ambos tienen una parte de ellas, como tenemos una parte femenina y otra masculina. La sensualidad incorpora a los sentidos: gusto, oído, tacto, vista y olfato, para cumplir el fin de conectarnos con el mundo, pero si sabemos utilizarlos, se convierte en la manera de cautivar en el arte de las relaciones de amor. Así pues, hay miradas y miradas sensuales, hay voces y voces envolventes, hay maneras de saludar y maneras de hacerlo que estremecen. Generalmente, las personas que tienen un fuerte potencial sexual también son muy sensuales, aunque algunas no se dan cuenta de su magnetismo personal.
Por último, en este pantallazo sobre las palabras del amor, dice el doctor Pedro Barreda: “La sexualidad sin la sensualidad significaría muy poco o nada, si se toma en cuenta que en las relaciones amorosas más gratificantes suelen ponerse los cinco sentidos. Amarse es un intercambio de amor, emoción y placer”.
¿Qué es sensual?
Los expertos aseguran que adelgazar no es estrictamente necesario, lo sensual no tiene medidas físicas establecidas. No es necesario comprarse toneladas de ropa, sino utilizar la que mejor nos quede de acuerdo a la ocasión. Las prendas ajustadas o muy escotadas, así como el maquillaje recargado, matan la sensualidad. Para muchos estilistas, la gran inversión está en el corte y el color. Sonreír, mantener el cuidado de los dientes y el buen aliento. Ejercitar siempre la buena postura corporal. No temer acaparar miradas; ser sensual no es ser vulgar.
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