Precioso como la seda

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El cabello siempre ha sido una esmerada parte del cuerpo, principalmente para el sexo femenino. Nosotras lo hemos tratado con devoción a lo largo de los siglos, como elemento de seducción. De todas las formas, longitudes y colores, es una expresión personal.

Presente a lo largo de la historia de la humanidad, el cabello aparece como fuente de fuerza, sentimiento, seducción: Sansón, María Magdalena, la Medusa, la pelirroja sultana Hürrem, entre muchos personajes, tuvieron cabelleras poderosas. Para los celtas, el cabello largo significaba fecundidad en la mujer. Los griegos explotaron los rizos como metáfora del disfrute de la vida y la belleza. En los siglos XX y XXI también se lo relacionó con la libertad (hippies), la oposición (punks), pero siempre con vitalidad y juventud.

En la medicina china se lo observa como reflejo del estado del riñón y la sangre. Si esta es rica, el cabello es abundante, brillante y mantiene su color; si es deficiente o escasa, este se marchita. Las principales causas de su caída prematura son: la dieta, la digestión, el estado emocional, el nivel de energía natural, los factores hereditarios y el ciclo menstrual. Así, no es solamente por coquetería que las mujeres prestan tanta atención a su cabello, sino por salud. Quizás por eso las peluquerías se han convertido en pulcros salones en los que la mujer busca sobreponerse de ciertas carencias físicas y afectivas. “Hoy quiero ser la más bonita de la fiesta”, “hoy tengo una reunión importante de trabajo, y necesito verme segura y elegante”, “quiero un cambio”, etcétera. Atrás van quedando los profesionales que no interpretan estas necesidades particulares y sociales. Incluso, sin acudir a la peluquería, salir del cuarto de baño de la casa con el cabello recién lavado nos revitaliza.

Ante un cabello descuidado, peinado o cortado no hay vestido, maquillaje ni accesorio que disipe la mala impresión. Este eleva o derrumba toda impresión, porque está estrechamente ligado a la autoestima. Las mujeres que lo llevan largo, por ejemplo, son asociadas con ideas conservadoras, rectitud y responsabilidad. Las que lo tienen rizado, con un carácter abierto y solidario. Las que lo usan muy corto, con frialdad y decisión. Las trenzas proyectan romanticismo y hondo contacto consigo mismas. El cabello bien recogido es de perfeccionistas. En fin. Sea cual sea la manera en la que lo mantengamos, emitimos una imagen, un mensaje.

En cuanto al color, podemos mencionar que este ocupa un lugar primordial no solo en lo individual, sino también en lo social. El erotismo y la belleza entre rubias y morochas apuesta por una competencia eterna y sin definición; sin embargo, ha abierto lugar para los tonos intermedios y la coloración de fantasía. Natural y artificial, el color nos define. El negro apunta a la inteligencia, energía y presencia impactante. El castaño no sobresale, pero traduce sencillez, equilibrio y elegancia. El pelirrojo es exótico y ardiente. El rubio proyecta pasión e ingenuidad. Hoy, se incorporó el ombré (degradación de color), además de una evolución de cortes que marcan actualidad y practicidad como características innatas de la mujer actual.

Oda al cabello

No han sido pocas las figuras que han exteriorizado sus impresiones respecto a la cabellera femenina. Así, y cada cual en su momento, rescatamos las siguientes:

“Me falta más tiempo para celebrar tus cabellos, uno por uno debo contarlos y alabarlos”. (Antonio Skármeta).

“Después de haber besado sus cabellos de trigo, nada importa la culpa, pues no importa el castigo”. (José Ángel Buesa).

“Desde las cenizas me levanto, con mi cabello rojo y devoro hombres como el aire”. (Sylvia Plath).

“Todos los días la gente se arregla el cabello, ¿por qué no el corazón?”. (Che Guevara).

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