“Cuatro millones de mujeres, aproximadamente, padecen de atrofia vaginal y solo un 25 % de ellas consulta con su médico, según datos difundidos por la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM). Esto demuestra que todavía sienten una cierta vergüenza en explicar esta dificultad; incluso, muchas se sienten culpables en sus relaciones de pareja. Hay que romper con esta idea. La atrofia o resequedad vaginal puede ser solucionada”, explicó, el año pasado, la española máster en periodismo, Marta Roqueta durante una conferencia dirigida a la mujer, que tuvo lugar en España.
En nuestro país, desde la Sociedad Paraguaya de Climaterio y Menopausia (SPCYM) aseguran que el 60 % de las mujeres sobrelleva este problema, que se da con mayor fuerza –según sostienen– luego de que se presente el déficit hormonal de la menopausia. Además, afirman que es la causa de consulta ginecológica más usual relacionada con la actividad sexual.
Generalmente, se manifiesta con signos y síntomas urogenitales, como prurito (picazón), ardor, sequedad e irritación, los cuales, a su vez, traen consigo la dispareunia (dolor coital).
“La resequedad vaginal es un problema frecuente que sufren las mujeres durante varias etapas de su vida. Los motivos pueden ser varios, como los cambios hormonales, la carencia de un juego previo a la penetración o la ingesta de medicamentos que disminuye el deseo sexual”, explica el Dr. Marcelino Ortellado, ginecobstetra. El mismo señala, además, que desde el momento en el que se registra un descenso en los niveles del estrógeno –hormona encargada de la lubricación y humectación vaginal– se produce la resequedad.
La atrofia vaginal también sucede durante el embarazo, el parto y la lactancia, así como en situaciones de estrés y depresión. Los habituales síntomas son: inflamación, comezón, irritación, sensibilidad y dificultad para alcanzar el orgasmo. De acuerdo con el especialista, “la resequedad no perjudica las relaciones íntimas de pareja, pues está comprobado que la lubricación natural de la vagina posee un pH ligeramente ácido; lo que permite que la zona genital permanezca libre de infecciones. Sin esta lubrificación, la mujer está más expuesta a contraer los gérmenes patógenos”.
Erotismo y meditación. “La mujer que no se sienta del todo excitada no estará preparada físicamente para mantener una relación sexual, y la falta de engrase indica que requiere de una adecuada estimulación antes de efectuarse la acción. Pero si ambos están dominados por la pasión y no les queda tiempo para un juego previo, se recomienda la utilización de un lubricante vaginal para evitar los dolores durante el coito”, aclara Ortellado.
Asimismo, apunta que siempre es aconsejable una visita al especialista, ya que podría derivar en casos graves, en los que solamente con productos específicos se puede acabar con la dolencia.
Entre estos las cremas humectantes vaginales, los geles a base de liposomas (pequeñas microesferas revestidas con una capa lipídica, que acumulan agua en su interior para ser liberadas lentamente) El especialista enfatiza en llevar dietas ricas en soja, y en las que contienen las sustancias vegetales conocidas como insoflavonas, cuyas propiedades imitan a los estrógenos.
Aunque las víctimas más notables sean las mujeres que atraviesan el ciclo de la menopausia, esta condición puede afectar a aquellas de cualquier edad. En muchas ocasiones, incluso, los nervios desempeñan un papel inesperado y pueden volverse responsables de una mala experiencia.
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